Un poco de sosiego

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pronuncia la conferencia 'Reencuentro: un proyecto de futuro para toda España', en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona

6

De "indulto" a "insulto" solo hay la variación de una letra, pero la distancia de todo un mundo. La opinión libre es no solo expresable y respetable, sino necesaria, pero en la política española se han establecido unos malos modos, cuando sería necesario una elevada dosis de sosiego, pues este país en estos momentos históricos se juega mucho. La convivencia, o las convivencias, en su sociedad. Pero también no ya la recuperación de la pandemia sino la transformación de nuestro modelo productivo y de nuestra sociedad, gracias en buena parte a unos fondos europeos únicos que no es probable se vayan a repetir, y a unas reformas en profundidad. No se va a lograr con una política tan crispada y dividida. España, toda España, encara un futuro de reforma económica, social y política, pero esta resultará áspera y difícil de conseguir. De momento, más desasosiego.

El PP con Casado lleva toda la legislatura en tensión. Deben sufrir mucho. Primero pensaron que la pandemia se llevaría por delante al Gobierno (lo que aún no ha ocurrido, pero Madrid ha sido un aviso) y nunca apoyó el estado de alarma; luego que no saldrían los presupuestos. Y ahora que los indultos parciales y condicionales a los condenados se volverán contra Sánchez fuera de Cataluña. Sin embargo, hacia fuera, España está ganando en imagen internacional con estos indultos. Léase, por significativo, el reciente editorial del Financial Times, titulado "Los indultos catalanes ofrecen una oportunidad de reconciliación. Pedro Sánchez hace bien en buscar una salida a la parálisis política y a la división social". La futura reforma de una trasnochada definición de "sedición", como se propone impulsar la actual mayoría y como ha pedido la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, es otro ingrediente.

Los indultos pueden desactivar parte de la tensión en la sociedad catalana (pero no cabe esperar lo mismo en el conjunto de España), aunque en buena parte dependerá de los indultados y de sus partidos. De lo que hagan, más que lo que digan. Ahora bien, la medida de gracia no va a resolver la cuestión catalana. De hecho, cada vez coincido más con la idea de que no se puede resolver, tampoco conllevar, sino gestionar, lo que ya es mucho, si garantiza varias décadas más de progreso. No es una flecha dirigida en una sola dirección, como demuestra el caso de Quebec en Canadá. El independentismo puede ir a más o a menos. Depende. Y sobre todo pueden cambiar sus métodos para integrarse en los modos constitucionales. Pero hay que tener una brújula, una estrategia y saber a dónde se quiere y se puede llegar, o al menos el camino si no la posada, un plan bien planteado, que ya existe para la recuperación y transformación y falta para la política. La concordia debe empezar en Cataluña, pero para fructificar ha de extenderse al conjunto de España. Se puede atisbar lo que puede venir –con muy delicados equilibrios– pero que no se ha explicitado. Más tarde o más temprano (el PP perdió la ocasión cuando Rajoy tenía mayoría absoluta), va a requerir una reforma del Estado de las Autonomías (en un sentido más federalizante, que es lo que falta, pero que nunca quisieron los nacionalistas catalanes como Jordi Pujol), y de bastantes otros aspectos de la Constitución de 1978 que frenan el desarrollo político social y económico de este país. Hoy por hoy es imposible, mientras se sigue avanzando en el deterioro institucional.

El PP no solo no está suficientemente presente en Cataluña y el País Vasco, sino que, por ello mismo, utiliza el anticatalanismo, no solo el antiindependentismo en otros territorios, y muy especialmente Madrid. Ha demostrado que puede gobernar así, no sin consecuencias, como se ha visto. No nos creamos que solo el PP es el reticente. No por Vox, que aún más, sino que el propio PSOE –no solo el "viejo PSOE"– está dividido ante estos indultos, aunque las voces más críticas en su seno se van difuminando, especialmente después de la carta de Junqueras. La sociedad está expectante.

La polarización no es algo propiamente español. Está presente en muchos de los sistemas democráticos occidentales. Pero España se juega más que otros. Alemania no se tiene que transformar. Nosotros, sí. No se logrará un consenso, aunque sería necesario en muchas materias. Baste por ahora un poco de sosiego político. Un deseo y una necesidad. Lejos de la realidad.

Etiquetas

Descubre nuestras apps