Necesario pero insuficiente
Por fin parece que el Gobierno de España ha tomado conciencia práctica sobre el problema que representa el acceso indiscriminado a cualquier red social, independientemente de sus contenidos y de la edad biológica y psicológica de los que a ellas acceden. Las medidas anunciadas, como una declaración de principios que son, parecen correctas: Prohibir las redes sociales para menores de 16 años y pedir responsabilidades penales para los empresarios de esas redes que toleren o fomenten contenido pornográfico ilegal o de incitación al odio y la violencia son muy oportunas, a pesar de que requieren toda una reglamentación técnica que indique el cómo y el hasta dónde, algo que no es fácil poner en práctica, además, no deja de ser en el fondo una estrategia democrática a la defensiva, totalmente necesaria pero claramente insuficiente.
En ese sentido una vez más, surge con fuerza algo que la propia legislación europea en la Ley de Servicios Digitales contempla, como es la transparencia y control de los algoritmos, auténticas “cajas negras” que utilizan las plataformas digitales, enfocados fundamentalmente a sus modelos de negocio, en busca de la maximización de sus beneficios, una Ley que es sistemáticamente sorteada con la excusa de que precisamente ahí, es donde radican las ventajas estratégicas frente a sus competidores. A esto hay que sumar también, el sesgo ideológico reaccionario que incorporan con fines claramente antidemocráticos de control social, que degeneran en manipulaciones políticas y electorales cada vez más agresivas y preocupantes. Una vez más y por la política de hechos consumados, prevalecen los intereses empresariales de estas plataformas digitales frente a derechos democráticos y legales de la ciudadanía, algo totalmente rechazable en sociedades democráticas.
Finalmente este Gobierno progresista no puede perder de vista un tercer vector en el desarrollo de una política de servicios digitales, que ponga en primer lugar a las personas, mediante lo que a mi juicio es más importante pero al mismo tiempo más difícil y que necesita perseverancia política y social en el tiempo para atisbar sus resultados, me refiero concretamente a la alfabetización digital y mediática, que debe ser impartida y fomentada en diferentes planos de lugar y tiempo, principalmente en las escuelas, institutos y universidades, una intervención formativa que cuanto más temprana se inicie mejores resultados se obtiene. Asimismo, esta actuación es necesaria también para toda la ciudadanía. Para ello es fundamental la creación de talleres formativos en bibliotecas, mediatecas, centros juveniles, etc.
Una alfabetización digital y mediática, donde se contemple una actuación que permita utilizar esta tecnología de forma eficiente, segura, crítica y sostenible, además algo muy importante, tiene que formar en criterios y conceptos éticos tan básicos como el respeto a los demás y la responsabilidad que se contrae al tomar ciertas decisiones que afecten a terceros en las distintas redes sociales, así como saber distinguir fuentes fiables de las que no lo son a la hora de dar por buena cualquier información, o algo tan sencillo, aparentemente, como discernir lo que es una información de una opinión.
El presente o futuro más inmediato muestra un escenario inquietante, donde las tecnologías digitales están en el centro y preocupación del debate de la sociedad, hablándose ya directamente de “Guerras Cognitivas” (Daniel Iriarte. Editorial: Arpa). Una vez más, el humano ha desarrollado una tecnología que presenta una ambivalencia descaradamente asimétrica, donde la balanza se está inclinando peligrosamente, no del lado de la razón y el bien común, sino del servicio a una minoría poderosa, que pretende serlo aún más y donde la democracia no forma parte del “algoritmo estratégico” que ellos están diseñando para el futuro. Los ejemplos de personajes como Elon Musk o Pável Dúrov son muy elocuentes como representación de esa minoría.
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