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Pin, pam: "Toma trifachito"

Queremos tener potestad para decidir la educación que reciben nuestras hijas, a qué edad deben ir a la escuela, porque cada una de nuestras niñas tiene sus propios ritmos de aprendizaje y socialización

El Estado nos ha hecho naturalizar que una criatura debe estar ocho horas en una escuela educándose o aprendiendo cosas como estar sentadas o obedecer órdenes

Pin parental, ¿censura educativa o derecho de los padres?

Pin parental, ¿censura educativa o derecho de los padres? EFE

Sí, "pin, pam, pum" es la tonadilla de un conocido anuncio de golosinas que hemos tarareado tantas y tantas veces. Y me viene al moño (al moño de gitana) para titular este artículo. La propuesta de pin parental de los Voxeros se ha hecho viral y eso es lo que pretendían.

En resumidas cuentas, lo que piden, bajo la excusa de la moralidad y la protección de los menores, es eximir a las niñas y niños de cualquier tipo de contenido formativo que incluya educar y hacer reflexionar a las criaturas en cuestiones de diversidad de género y diversidad afectivosexual. Así como evitar que se les informe por parte de expertas en prevención de abusos.

Es un horror que se les haga tanto casito. Reflexionemos, mujeres, ¿por qué les estamos retuiteando y hablando públicamente de ello a cada rato? Es un verdadero horror que haya tanta gente que acuda como moscas a la miel defendiendo algo que hace aguas por doquier. Pues la educación tiene muchísimos problemas que debemos solucionar o, al menos, podemos ser parte de esa mejora. Y esto que tanto reclaman y vocean no es significativo para toda la problemática que tiene la escuela pública.

El debate en redes se ha ido de madre. Nunca mejor dicho, porque no he visto (al menos yo no he visto) a madres pidiendo el famoso, repetitivo y vomitivo pin parental. Haberlas la hay, pero no están en la esfera pública. Ya se sabe que en esa ideológica mandan los más machos.

Como decía, el debate se ha ido de madre. Este debate no va sobre quién manda o quién decide sobre sus hijos. Porque, queridas mías, llevo defendiendo esto desde que tengo hijas: no quiero que el Estado ni sus servicios sociales y educativos manden en mis hijas. No. El debate, la algarada más bien, va de a ver quién la tiene más larga, o sea, de ver quién es el más macho español. Y para eso hay que agitar la LGTBIfobia y el machismo, para demostrar lo machos que son. Si estos señores quisieran proteger a sus hijitos de los pederastas los sacarían de los colegios de curas que tanto les gustan.

Pim

Mientras estos machipayos se llevan a su terreno machista, patriarcal y fascista esta reclamación con su pin (me niego a decir parental otra vez), nosotras entramos en su juego y no defendemos lo que muchos grupos de mujeres, madres, llevamos años defendiendo: queremos tener potestad para decidir la educación que reciben nuestras hijas, a qué edad deben ir a la escuela, porque cada una de nuestras niñas tiene sus propios ritmos de aprendizaje y socialización; o poder decidir si van o no a la escuela, que para muchas niñas y niños el colegio es un territorio hostil.

Mucha gente se sorprende cuando me ven con mi hija de casi cuatro años por la calle en horario escolar. Me preguntan si está malita, porque no entra en su pensamiento la posibilidad de que no esté escolarizada. La educación es obligatoria a los seis años y no antes. A partir de los tres es voluntario y no obligatorio. Punto para el Estado que nos ha hecho naturalizar que una criatura debe estar ocho horas en una escuela educándose o aprendiendo cosas como estar sentadas o obedecer órdenes. Básicamente es eso lo que les enseñan, a claudicar.

La educación tiene muchos otros y verdaderos problemas. Por ejemplo, derogar la actual ley de educación, la LOMCE, que no incluye como materia curricular la educación sexoafectiva y que eliminó la asignatura de Educación para la ciudadanía, espacio destinado a difundir los valores de la igualdad, de la interculturalidad, antirracistas, no sexistas.

Mujeres, aportemos soluciones, luchemos por lo que creemos necesario y no vayamos detrás de las agendas o los discursos que propongan quienes mandan. Y menos aún contribuyendo a dar bombo a esta panda de garrulos.

Conste que escribo desde La Rioja, donde la sabiduría electoral ha impedido que especímenes del partido innombrable alcancen ninguna institución desde la que poder imponer su miserable ideario, pero donde sus fieles no sólo difunden y hacen virales las mentiras sino que han montado toda una estrategia de presión dirigida a las profesionales de la educación sexoafectiva.

Pam

En el medio de este panorama, mujeres transgresoras como Ruth Arriero y Bárbara Saenz, enfermera y sexóloga, respectivamente, son agredidas por los innombrables pero imputables hombres del dichoso partido. Mujeres que día a día se enfrentan directamente con el poder fascista y no son acompañadas en la sororidad global que se merecen.

Reclamo una unión inteligente del feminismo. Lo reclamo como feminista, gitana, madre y mil identidades subversivas más. O empezamos a ser más inteligentes que este sistema que nos oprime o caemos. Tú, yo, ella y la otra también. El sistema es capaz de oprimirte a ti, mujer paya; a mí, mujer gitana; a ella, mujer oprimida por el capacitismo; o a ella, mujer trans. Mientras nos quedamos discutiendo si las gitanas dividen la lucha, ellos no tienen ningún problema. Ellos saben cómo articular sus opresiones y darnos a cada una nuestro golpe.

Pum

Este es el momento, compañeras, de dejar internos nuestros debates, de manejar ese barco y navegar, que puede sonar muy poético, pero en realidad parafraseo a mi Andrea Momoitio explicando que quizás todas estamos en el mismo barco, pero unas van en turista, otras en primera, otras junto a las ratas y así.

Seamos prácticas compañeras, nos necesitamos las unas a las otras para acabar con estos discursos que acaparan el panorama público. Creemos y hablemos de nuestras agendas, de nuestros actos, de nuestros movimientos y dejarlos jallando ful, que dice mi suegro, en el más absoluto ostracismo.

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