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Pablo Casado queda atrapado en el País de las Maravillas de Villarejo

Las cloacas de Villarejo han acabado por salpicar a Casado y la dirección del PP.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Decían algunos diputados del PP que estaban preocupados por la hiperactividad de Pablo Casado y de sus intervenciones casi diarias en los medios de comunicación. De repente, ha aparecido la solución. El presidente del Partido Popular descubrió este miércoles las virtudes de la boca cerrada y las piernas veloces. Acabó su intervención en la sesión de control y salió a la carrera del Congreso y sin mirar atrás. Los periodistas le preguntaron por las relaciones de Cospedal y el comisario Villarejo y lo único que recibieron fue el reconocimiento de la fugacidad del tiempo. “No llego”, decía Casado, como el conejo loco de 'Alicia en el País de las Maravillas'. Y casi corría tanto como él.

En el mundo mágico de Villarejo hay sorpresas para todos. El PP ha utilizado con alegría las grabaciones realizadas por el comisario hoy encarcelado para castigar el hígado de la ministra de Justicia, autora de unos comentarios bastante deplorables al calor de una comida a la que nunca debió asistir. Ahora se le viene encima otra tanda de grabaciones con la que el policía registró una reunión de 2009 con la entonces secretaria general del PP en la sede del partido. Una cita a la que asistió Ignacio López del Hierro, en calidad de marido de Cospedal y persona interesada en contratar los servicios de Villarejo. Con precio de amigo, porque el comisario sólo pedía que le pagaran los gastos. Y Cospedal garantizaba “discreción”.

En esa reunión, el policía admitió alegremente que había intentado destruir el pendrive del contable de la Gürtel del que se incautó la Guardia Civil. Posible delito de destrucción de pruebas que obviamente no fue denunciado por Cospedal.

El PSOE estaba indignado con que el PP y Ciudadanos utilizaran el material difundido por Villarejo u otras personas para atacar a Dolores Delgado. “Yo soy una víctima de un chantaje al Estado”, llegó a decir en el Congreso la ministra de Justicia. Ahora que la peste de las cloacas del Ministerio de Interior ha alcanzado al PP, las grabaciones son un plato que el Gobierno no va a rechazar. Lo va a rebañar hasta el fondo.

“¿Qué favores debe usted a algún diputado o diputada de su partido para no luchar contra la corrupción?”, preguntó Pedro Sánchez a Pablo Casado, refiriéndose al apoyo que recibió de Cospedal para salir triunfante de las primarias del partido. La vicepresidenta Carmen Calvo paladeó con fruición las grabaciones en la sesión de control. “Mal día hoy para usted. Hoy usted y todo su partido deberían estar dando explicaciones de lo que hemos oído a la señora Cospedal”, le lanzó a Dolors Montserrat. Era el día de la sesión de control del primer partido de la oposición.

La diputada del PP Beatriz Escudero no pudo ver la veloz carrera de Casado para abandonar el Congreso sin pronunciar la palabra Cospedal. Tenía preparada una pregunta para la vicepresidenta Calvo sobre la ministra de Justicia y las grabaciones de Villarejo. Ya era tarde para retirarla.

Para desgracia de la nueva dirección del PP, Escudero se empeñó a fondo en la defensa de la exministra de Defensa: “¿Quiere decirme de qué es culpable María Dolores de Cospedal? ¿Es culpable de haberse reunido en 2009 con un comisario de policía que estaba a las órdenes del ministro socialista, señor Rubalcaba? ¿En este país porque una persona hable con otra es un delincuente?”.

No, pero si se habla de destrucción de pruebas del caso de corrupción que acabaría después con el Gobierno de Rajoy, sí que es un pequeño problema. Si en la reunión con Villarejo en la sede de Génova se encuentra el marido de Cospedal y no queda claro dónde acaban sus negocios privados y dónde empiezan los intereses del PP, la cosa va más allá de la defensa de las virtudes de la familia.

Está claro que Casado no va a empeñar su futuro para defender a Cospedal. Ya se habla de que quizá tenga que verse obligada a dimitir como diputada. A esta hora el PP estará lamentando haberse pasado semanas exprimiendo las grabaciones de Villarejo para provocar la dimisión de la ministra de Justicia.

Dos carreras más de Casado buscando la salida del Congreso y no le quedara otra que gritar: “Que le corten la cabeza”. Los líderes de los partidos no suelen tener misericordia con aquellos que les fueron muy valiosos, pero que luego se convierten en una pesada carga.

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