David Lucas y la escuela de la buena política
El último mensaje que David Lucas dejó en redes sociales fue un llamamiento a la confianza en la sanidad pública. El último mensaje que dejó en mi teléfono fue la propuesta de la enésima reunión con los grupos parlamentarios más escépticos con la limitación del precio del alquiler de viviendas.
Puede que estos dos mensajes resuman bien el propósito y el carácter del David político. El compromiso con las políticas públicas y el Estado de Bienestar que aseguran una vida digna a todas las personas, independientemente de sus circunstancias. Y la confianza en el diálogo y la pedagogía para llegar a acuerdos y resolver problemas.
La vida de David, demasiado corta, ha sido la vida de una vocación política formidable. Si hay un político todoterreno, ese es David. Fue concejal en tres municipios distintos, en Getafe, en Móstoles y en Madrid. No creo que haya muchos precedentes de esto. Fue dirigente de la Federación Madrileña de Municipos, de la Federación estatal y del Comité Director del Consejo de Municipios de Europa.
Ejerció de concejal, de alcalde, de senador y de Secretario de Estado. Gestionó áreas tan dispares como los deportes, la seguridad ciudadana, la hacienda y la vivienda. Fue cabeza de cartel, protagonista de escenario y portavoz en tribunas y ruedas de prensa. Pero también fue infantería de otros generales, escribiente para otros tribunos y partícipe esforzado y anónimo en innumerables equipos.
Hay un debe en la sociedad española para con David Lucas, y tiene que ver precisamente con el primero de sus problemas, el acceso a una vivienda digna y asequible para todos y todas. Junto a su ministra Isabel Rodríguez, fue capaz de llevar a término la primera ley de vivienda de nuestra democracia, y el Plan Estatal de Vivienda que más recursos ha aportado al objetivo de dar solución a aquello que angustia a muchas familias vulnerables y a muchos jóvenes en nuestro país.
Y lo hizo así, con la buena política del propósito legítimo y el camino de la negociación. Su escuela era la la escuela de la buena política, la que antepone el rigor al artificio, la argumentación a la imposición, la flexibilidad al inmovilismo, la solución a la teatralidad, el mal acuerdo a la buena pelea. Solo perdía la paciencia cuando alguien le instaba a “perder la votación para ganar el relato”. Los relatos no proporcionan vivienda a quien la necesita, contestaba.
El PSOE tienen que agradecerle también haber entendido que el trabajo orgánico es tan importante como el institucional, que sin una organización fuerte no se ganan los gobiernos que transforman la sociedad y solucionan problemas. Siempre estuvo dispuesto para echar una mano en su agrupación, en su federación, en su partido.
El David político era reflejo del David persona, desde luego. Sus éxitos en el campo de la política eran en buena medida consecuencia de sus firmes valores personales, como la honestidad, la lealtad y la coherencia. Quienes hemos tenido el privilegio de trabajar a su lado, somos fieles testigos de ello.
Otro rasgo definitorio y distintivo de David, con traslación evidente a su faceta pública, fue su querencia por la formación permanente. Se doctoró en derecho y finalizó máster en derecho público y en política territorial. Se diplomó en derecho tributario y en derecho europeo. Recibió y dio clases durante toda su vida. Tengo que saber más de esto, le escuchábamos con frecuencia.
Su esposa y sus hijos le han perdido demasiado pronto. Los demás también le echaremos de menos. Mucho.
Rafael Simancas, es secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes y Asuntos Constitucionales
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