Joan Herrera: “No intercambio el derecho a decidir por recortes”

El coordinador nacional de ICV, Joan Herrera / Foto: EFE

Joan Herrera, coordinador nacional de Iniciativa per Catalunya Verds, ha presentado esta semana el libro ¿Cuánta desigualdad puede soportar la democracia? en el que reflexiona sobre la necesidad de ampliar la participación ciudadana como única forma para mejorar las condiciones de vida de la gente. El diputado catalán es partidario de la celebración de la consulta planteada para el 9 de noviembre como única solución para Cataluña. Herrera alerta sobre el escenario de "urgencia" en el que se encuentra España y apela a la necesidad de confluencia con otras fuerzas y movimientos de izquierdas con la aspiración de ganar y cambiar las instituciones.

'Sí crítico' de la CUP a la confluencia con Guanyem Barcelona

'Sí crítico' de la CUP a la confluencia con Guanyem Barcelona

La izquierda habla de confluencia, ¿por qué ahora más que antes?

Por una razón electoral y otra objetiva. Todos sabemos que en un escenario de confluencia determinadas propuestas que no tenían un papel hegemónico en la sociedad hoy lo pueden tener en lo electoral. También las condiciones objetivas de la vida de la gente: esto no se puede continuar degradando porque, si se degrada más, va a haber condiciones de irreversibilidad.

Antes se hablaba de incluir a activistas y movimientos sociales, pero ahora también de confluir con los partidos de izquierdas.

Tenemos una experiencia histórica en 2011 de una movilización social sin precedentes, un cambio de conciencia también sin precedentes y una mayoría absoluta sin precedentes que nos los está quitando casi todo, degradación social, recortes, reforma laboral, degradación en derechos civiles... Hay una toma de conciencia de que hace falta una articulación en lo político, sabiendo que esa articulación no es una conquista del poder, pero sabiendo que podemos utilizar las instituciones como palancas de crear espacios de libertad, de mejora de las condiciones de vida y de empoderamiento. El paso del tiempo nos ha hecho aprender a todos, a los que estaban en las trincheras de los movimientos, a los que estamos en trincheras de los partidos y a todos como ciudadanos.

¿Ha tenido algo que ver la irrupción de Podemos en que se haya potenciado el debate sobre la confluencia?

Seguramente influye. La movilización cambia las conciencias, la irrupción cambia la agenda. Podemos suma 1,2 millones de votos, la Izquierda Plural (IU e ICV) suma otro millón y Equo-Compromís, miles. Todo eso es un 20%, y un 20% de la gente que ha ido a votar sin expectativas de ganar. La suma no siempre suma y es verdad, a no ser que crees un escenario ganador. Hay que ver cómo es el marco, porque no es necesario que vayamos juntos a todo, hay realidades muy distintas. Pero creo que lo local crea un marco interesante porque es un espacio desde el que puedes recuperar el sentido de la política.

¿Cómo se crea el marco ganador?

Tenemos que construirlo a partir de la confluencia, que significa mucho más que unidad, significa contaminarnos los unos a los otros: entender que poco a poco vamos a tener que ir a construir nuevas culturas políticas y a entender que esto es un proceso. La gente de Frente Amplio en Paraguay lo hizo y fue al cabo de años cuando consiguió un escenario ganador, Syriza también lo ha hecho y cada uno de los partidos ha renunciado a las siglas. Es una cuestión del paso del tiempo y un proceso que se tiene que construir pensando en las formas y en los contenidos.

¿Cómo se puede conseguir la confluencia sin hacer una "sopa de letras", que es lo que rechazan los movimientos ciudadanos? ¿Renunciarían las distintas fuerzas de la confluencia a sus siglas?

Esto es un proceso y no vamos a acabar como vamos a empezar si todo va bien y, por tanto, hay que construir ese espacio de confluencia, que es una suma de pluralidades. No se trata de que nadie deje de estar en su casa con una cultura política que le es parecida, pero sí se trata de que se contaminen. Esto es un proceso en el que cada uno vamos a tener que reconocer al otro, donde el nuevo aporta mucho y también aporta la experiencia acumulada. No es verdad que las siglas no aporten nada. ¿Lo aportan todo para ganar? Ni mucho menos. Se trata de audacia, generosidad y reconocimiento del valor del otro. Esos son los ingredientes para un espacio ganador.

¿Cuál es la postura de ICV en respecto a Guanyem Barcelona?

Llevamos mucho tiempo teorizando sobre que el marco para dar la batalla era el local y en Barcelona se podían conseguir unas sinergias de cambio porque se está reduciendo en materia de derechos a velocidad de vértigo respecto al Gobierno de izquierdas. Esa teorización también nuestra es uno de los factores que contribuyen a que Guanyem tire adelante. Ahora habrá que hacer el alioli y no digo que sea fácil, pero lo tenemos que conseguir. Nosotros lo vamos a intentar todo para que sea así.

El reto más importante no está de aquí al 25 de mayo que serán las municipales, sino está en cómo gobernamos. Esto tiene que servir no solo para aspirar a ganar, sino para aspirar a gobernar. La política tiene sentido si cambiamos las condiciones de vida de la gente. En la lucha vecinal y social en Barcelona estamos coincidiendo. Formamos parte de la realidad y eso es fundamental: estar en las luchas para conseguir que sean las instituciones las que te garanticen las respuestas a los problemas de la gente. En Nou Barris la gente que se queda sin piso va a la asociación de vecinos y hay veces que esa asociación da una patada en la puerta y le garantiza un piso. Esto yo quiero que lo garanticen las instituciones.

¿Tiene ICV alguna línea roja para quedarse fuera de Guanyem?

No puedes empezar nunca a construir algo a partir de líneas rojas. Hay una pero no es roja, es de sentido común: esto queremos hacerlo para cambiar las cosas, hacer política de otra manera y aspirar a gobernar. La otra línea es que esto lo hacemos para construir una nueva cultura política donde tengamos que aprender pero también podamos aportar.

La CUP ha puesto reticencias a la entrada de ICV en Guanyem. ¿Será posible la confluencia pese a esa negativa?reticencias a la entrada de ICV en Guanyem

La pregunta es: ¿estamos en un momento normal? Hay quien dice que hace falta resistir para construir un escenario de cambio y que de aquí a 20 años lo haremos. Nos lo están quitando todo. Y cuanto peor, peor. Cuando degradas los servicios públicos, la articulación de una alternativa es mucho más difícil. Creo que hay mucha gente del entorno de la CUP que entiende que el momento es de urgencia y que, más allá de los momentos de cada uno, hay que construir algunos escenarios para aspirar a ganar. Sin la cultura política que expresa ICV, que es relevante en la sociedad catalana, esto no va a ser posible.

Precisamente la CUP recrimina su etapa en el Gobierno. ¿Puede esto suponer que sea irreconciliable?

Eso se lo tiene que preguntar a las CUP. Nuestra etapa en el Gobierno era fruto de una correlación de fuerzas donde nosotros jugábamos un papel de subalternidad en el que destacamos positivamente algunas cosas, otras no lo suficiente y seguramente en algunas nos equivocamos. No es verdad que los servicios públicos fueran los mismos entonces que los que son hoy, y esto se puede decir bien alto. No es lo mismo.

¿Se arrepienten de algo que hicieron en el Gobierno?

El problema de fondo es -y no solo es un problema de ICV- que cuando los partidos entran en las instituciones en la Transición, entran pensando que las instituciones lo son todo sin entender que hacía falta una correlación de fuerzas también en la sociedad, que vigilase y ayudase también a hacer cambios. Esto se infravaloró. Hace falta aritmética de calle.

¿En qué ha cambiado Iniciativa desde que estuvo en el Gobierno?

Iniciativa no se arrepiente de haber estado en el Gobierno. Llevábamos en 23 años en Cataluña de gobiernos de Pujol y hay un informe de la Universidad de Barcelona que explica que la ley de barrios aumentó la esperanza de vida en los barrios populares. No me arrepiento de eso. Dicho esto, me hubiese gustado que una sociedad más politizada -hoy lo está, pero hubo una dejación de la política como si la tuviesen que gestionar otros- nos hubiera permitido a todos una articulación distinta. Me arrepiento de no haberlo conseguido.

¿Iniciativa volverá a la confluencia con Equo?

Le hemos dicho desde hace tiempo que hay que ir a un escenario de suma. Nos hubiera gustado que Equo junto a IU, Compromís y tantos otros lo construyéramos. Entiendo que en algunos lugares puedan sumar más separados, pero queremos ir a un escenario de suma. Pensamos que en Europa hay que construir una Internacional de la izquierda unitaria. Los frentes se construyen en escenarios de urgencia y yo creo que lo estamos.

En su libro apuesta por que la consulta por la independencia se celebre, ¿cree que se va a celebrar?

No hay solución en Cataluña que no pase por la consulta. Cuando hay un 70 o un 80% de la ciudadanía que quiere decidir las relaciones con el Estado en el marco de una consulta, es inevitable que se produzca. El PP no va a permitir que se produzca y va a poner todas las trabas posibles, pero tenemos que poner toda la carne en el asador para que se realice. Hay mucha gente que se quiere independizar de España, pero aún hay más gente que se quiere independizar de esta España, de la España del PP, de la misma manera que hay mucha gente de España que se quiere independizar de esta España. El PP niega los instrumentos democráticos por sistema: niega la consulta en Cataluña, en torno a república o monarquía y tiene una postura autoritaria en casi todo.

Es interesante el escenario que se ha abierto: si hace muy poco se decía que no hay partido, las europeas han dibujado el escenario de que sí lo hay. La crisis territorial es una expresión del fin del régimen, pero no la única. Hay fin de régimen cuando hay crisis democrática, social, territorial y en torno a la jefatura del Estado. Es lo que tenemos. Es importante que en Cataluña se entienda que es necesaria una correlación distinta de fuerzas en el resto del Estado a favor de la demanda democrática catalana. A la vez es importante que en España se entienda que la demanda catalana es una oportunidad de España para cambiar las cosas.

La consulta es exclusiva para Cataluña, es decir, no se plantean cambios para el resto de España.

Cataluña siempre ha tenido una voluntad reformista. El esquema que funciona en las autonomías es que Cataluña lidera y Andalucía universaliza. Eso se rompe con la sentencia del 2010, porque Cataluña vuelve a intentar federalizar España por la vía del acuerdo, una federalización de España que se da por la via de los estatutos, y la hostilidad del PP y la dejación del PSOE producen esa sentencia que vulnera lo que sale del Parlament, lo que el Parlament pacta con las Cortes y lo que la ciudadanía de Cataluña vuelve a votar. Eso cambió la actitud de Cataluña, que deja de tener una voluntad reformista. España tiene que asumir en este escenario que no hay solución que no pase por la asunción de Cataluña como sujeto político. Es en ese marco en el que la sociedad española tendrá que decidir si seduce o amenaza.

¿Cuál tiene que ser la mayoría para que Cataluña se pudiera independizar en caso de que se celebre la consulta?

Las mayorías en estos escenarios son cualificadas, pero tendría que formar parte del pacto entre la parte estatal y la parte catalana, pero no estamos ni ahí. Yo quiero la consulta por una convicción democrática y también política. Estoy convencido de que el conjunto del Estado no va a hacer una propuesta a Cataluña aceptable si no es mediante consulta. Va a proponer en el mejor de los casos un federalismo uniformador, que es la declaración de Granada y que para Cataluña no sirve hoy. Que nadie se piense que los tiempos son eternos porque hemos pasado de unos años del 13% a un independentismo que puede ser mayoritario, y quien ha construido eso es el PP. El PP es quien rompe España.

En el libro dice que la consulta sería el mejor medio para que pudiéramos cambiarlo todo. ¿A qué se refiere?

La consulta puede ayudar a abrir un escenario constituyente y hoy es mediante más democracia como podemos cambiar las cosas. La democracia no puede soportar más desigualdad y la desigualdad es fruto de decisiones no democráticas. Mediante más democracia, con referéndums consultivos, revocatorios de un Gobierno o de leyes, se gana la igualdad. Hace falta un nuevo marco y las consultas van a poner ante el espejo a un régimen que se está desmoronando.

¿En qué áreas más democracia significa menos desigualdad?

La lucha contra la desigualdad significa una política fiscal redistributiva en materia de ingresos. Lucha contra el fraude pero no solo contra la evasión sino también contra la elusión fiscal que viene precisamente a través de mecanismos en los que CiU normalmente es artífice. Hay que ir a un escenario de quita. Solo podemos pagar esta deuda con dos generaciones perdidas. No creo que debamos pagar esto porque la deuda no es solo cuestión de mala cabeza sino que la paridad peseta-euro estaba pensada para el fuerte endeudamiento. De la misma manera que Alemania tuvo quita en el 48, nosotros igual. El tercer elemento: democracia económica. Necesitamos que los grandes debates sean deliberativos, transparentes y en función del interés general. El sector financiero y el energético se lo están llevando crudo.

En el caso de que se produzca la consulta por la independencia, ¿qué votaría?

El primero sería un sí, porque un Estado que se pueda federar es inequívoco y, en el segundo, dependerá de lo que haya encima de la mesa: de si la propuesta es uniformadora o no. Nuestra organización lo decidirá cuando se vaya a producir la consulta. En Iniciativa habrá gente que vote sí-sí y habrá incluso quien vote no. La mayoría de la sociedad catalana votará en función de lo que haya encima de la mesa.

¿Qué va a pasar con Artur Mas si no se celebra la consulta?

A Artur Mas lo tenemos que echar por otros motivos. Quiero unas elecciones plebiscitarias sobre lo que está ocurriendo en la educación pública o en la sanidad. No intercambio el derecho a decidir por recortes. Hay una lógica, que es la de Esquerra, que a mí me parece perversa, en la que dice: "Yo me lo como todo por la independencia", pensando que seremos independientes, ataremos los perros con longanizas y que todo lo pintaremos de color de rosa. Esto no es verdad por una sencilla razón: es una cuestión de correlación de fuerzas. Cataluña es un país del sur de Europa, que nadie se olvide de eso. Y un país con tantas desigualdades como el resto de España y un país con tanta corrupción como el resto de España. Eso significa una correlación de fuerzas, seamos independientes, federales, seamos lo que seamos.

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Publicado el
5 de julio de 2014 - 19:58 h

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