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Sánchez busca en la política internacional retomar la iniciativa y retratar al PP

Sánchez y Feijóo, en su última reunión en marzo de 2025.

Irene Castro

7 de enero de 2026 22:14 h

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Pedro Sánchez se fue de vacaciones en verano al borde del abismo. La encarcelación del hasta entonces secretario de Organización, Santos Cerdán, y las denuncias por acoso contra su colaborador Paco Salazar provocaron una catarsis en el PSOE. Cinco meses después vivió un paralelismo. Quien fue su mano derecha, José Luis Ábalos, entró en prisión a la espera de la celebración de un juicio en el que se enfrenta a una pena de 24 años, y los socialistas bullían por la gestión de las denuncias contra Salazar al tiempo que se acumulaban nuevos casos contra otros dirigentes apoderándose del partido una sensación de fin de ciclo agudizada por la falta de apoyos, sobre todo tras la ruptura de Carles Puigdemont. De nuevo un parón vacacional, la situación geopolítica y los errores del PP han dado oxígeno a Sánchez.

Como ya hizo a la vuelta del verano, el presidente del Gobierno busca retomar la iniciativa en la política internacional, además de dar algunos golpes de efecto en la agenda social, en ambos casos para distinguirse y retratar al PP y activar en lo posible al electorado progresista. Sánchez decidió en septiembre imponer un embargo de armas a Israel ante el genocidio en Gaza y una serie de medidas que le situaron en la vanguardia de la respuesta mundial a Benjamin Netanyahu. El calendario le ayudó al celebrarse a finales de ese mes la Asamblea General de la ONU en la que una decena de países, entre ellos Reino Unido, Francia o Canadá, dieron un impulso al reconocimiento del Estado palestino que España había realizado un año antes, entre críticas del PP, que dijo después, sin embargo, que le parecía “muy bien” que lo hicieran otros países.

Ahora Sánchez, que siempre encuentra cobijo en la esfera internacional, pretende retomar el liderazgo en la política exterior. Su estrategia de resistir como 'faro' de la socialdemocracia en un mundo en el que la ultraderecha tiene cada vez más poder ha recibido un espaldarazo con la operación ilegal de Donald Trump en Venezuela. Sánchez vuelve a encarnar, al menos en Europa, la principal oposición al todopoderoso presidente estadounidense, como ocurrió en la cumbre de la OTAN en la que mantuvo el pulso negándose a disparar el gasto militar hasta el 5% del PIB.

Enfrentarse a Trump, como al ultraderechista israelí Benjamin Netanyahu, solo le da puntos en el electorado progresista, que es al que Moncloa necesita activar, consciente de que la derecha y la ultraderecha están hipermovilizadas. “No nos vamos a callar ante violaciones que se están produciendo en el derecho internacional y que, por desgracia, cada vez son más recurrentes. Y, por tanto, España no va a ser cómplice de tal atropello”, expresó en una comparecencia en París, tras reunirse con una treintena de líderes europeos. “Una ilegitimidad no puede ser respondida con una ilegalidad al derecho internacional”, expresó el presidente, que advirtió de que la operación en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro “por la sed del petróleo” sentaba un “peligroso precedente”. Sus palabras se produjeron después de marcar distancias con la tibieza de la UE y rubricar un comunicado más duro con Trump junto a los países latinoamericanos donde gobiernan los progresistas.

Una oferta de mediación sin respuesta por ahora

Sánchez se ofrece a liderar una mediación en Venezuela, donde pretende mantener contactos con Delcy Rodríguez y la oposición, que personifica en Edmundo González como candidato en las últimas elecciones. “Nosotros hablamos tanto con el Gobierno como con la oposición”, explicó el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, este miércoles: “Lo que España ha puesto a disposición son sus buenos oficios”. Sin embargo, más allá de los contactos con unos y otros, el Gobierno no esboza ningún plan concreto en una compleja situación que domina, al fin y al cabo, Trump. “Dado que somos un actor que habla con gobierno y con oposición, si las partes lo consideran útil, si consideran que puede aportar, si es necesario, España va a estar ahí”, ofreció Albares.

Más allá de que se pudiera llegar a ejecutar un rol de mediación, Sánchez tiene ganado el debate en su electorado y aprovecha la zozobra de un PP que se ha quedado descolocado al aplaudir una operación ilegal y ver después cómo el régimen se mantiene en la persona de Delcy Rodríguez. “Veo al Partido Popular, una vez más, muy desubicado en temas internacionales”, expresó el ministro de Exteriores, que reconoció que no solo se refería a Venezuela sino también a Ucrania.

Feijóo arremetió contra Sánchez por no acudir a la tradicional pascual militar del 6 de enero, algo que consideró un “desplante” al ejército y en buena medida también al rey. Al presidente le coincidía con una reunión de la coalición de voluntarios en un momento clave para Europa y Ucrania ante el escenario de negociación que se abre con la Rusia, aunque el propio Albares admitió que Vladímir Putin “no da ningún signo de querer” avanzar en el plan de paz.

Y Sánchez también ha decidido dar un paso al frente en “esbozo de ideas” de los principales países europeos. Aunque durante meses el presidente ha evitado pronunciarse sobre el posible envío de tropas a Ucrania bajo la premisa de que no había visos siquiera de un alto el fuego, ahora ha decidido hacerlo, a pesar de que los síntomas son similares a los que había hace unos meses. “Somos una democracia inscrita en la comunidad internacional y estamos dispuestos, como hemos hecho en otras muchas latitudes del planeta, a consolidar la paz con la presencia de las Fuerzas Armadas españolas”, afirmó en París después de haber anunciado una ronda de contacto con los grupos para explorar cuál debería ser la “contribución” de España.

“Hay que informar y escuchar”, señalan en Moncloa sobre esas reuniones que se producirán a partir del lunes y que comenzarán, protocolariamente, con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Ese encuentro será el primero en diez meses de desconexión total desde la anterior cita, que se produjo en el marco de los contactos de Sánchez con los grupos para abordar el gasto militar en vísperas de la cumbre de la OTAN. En este caso, el Gobierno necesitaría el apoyo de una mayoría parlamentaria para aprobar un despliegue de tropas en Ucrania para el que el PP sería imprescindible teniendo en cuenta que los aliados de izquierdas, como Podemos, lo rechazan de plano. Vox ni siquiera está invitado.

Pero el PP no quiere avanzar su apoyo. “La posición del PP no será muy importante cuando el Gobierno presume de su mayoría”, expresó el dirigente Juan Bravo, que también enmarcó su eventual respaldo a que el despliegue se produzca en consonancia con los socios europeos, que es el escenario que siempre se ha manejado. “El plan de paz que se diseñe para Ucrania va a ser también en buena medida el futuro esquema de seguridad europeo. Por lo tanto, el Partido Popular me sorprende con esa duda que tiene, pero le tranquilizo desde aquí: los europeos llevamos desde el primer día de la agresión rusa a Ucrania trabajando conjuntamente y, por supuesto, dentro del seno de la Unión Europea”, recordó Albares.

No obstante, hay aspectos de la política internacional que se le resisten al Gobierno, a pesar de su intento por retomar la iniciativa en lo que a Ucrania se refiere y de que el PP se retrata con sus propios errores o contradicciones. Este mismo miércoles Francia anunció su intención de presentar un plan para adoptar “represalias” contra Trump si actúa sobre Groenlandia del que dará cuenta, en primer lugar, a Alemania y Polonia. El triángulo de Weimar mantiene así su peso e influencia frente a los otros dos grandes países de la UE: Italia y España.

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