Yolanda Díaz, una incógnita en el horizonte de la izquierda
“Es el tiempo de las formaciones políticas”. La frase que pronunció la semana pasada Yolanda Díaz para anticipar que no acudiría el sábado al acto de la izquierda sonó extraña en su boca. La vicepresidenta segunda ha militado toda su vida en diferentes partidos, pero nunca ha mostrado mucho apego a las siglas. No lo hizo cuando impulsó Alternativa Galega de Esquerda (AGE), el embrión de las mareas, ni cuando rompió su carnet de Izquierda Unida tras un debate en su seno sobre la entrada al Gobierno. Tampoco cuando decidió montar Sumar con la ambición de superar a las formaciones como elemento aglutinador del electorado progresista. “No va de partidos ni de siglas”, dijo en la presentación en Madrid en 2022.
El acto del 21 de febrero, por contra, iba de partidos. Porque en estos dos años de legislatura, Sumar no ha llegado a funcionar como tal y son las organizaciones las que han tomado el testigo. También las que en esta época de repliegue de la izquierda se han demostrado más efectivas en algunos territorios concretos, como en Madrid, Galicia o Euskadi y también recientemente en Aragón.
‘Un paso al frente’, el acto del sábado, fue una reivindicación del trabajo de las formaciones y de la unidad pero en una relación de horizontalidad. Los discursos de los cuatro dirigentes no se eligieron en función de la jerarquía de cada uno de los partidos, y esa imagen coral fue en sí misma una noticia. Pero en un momento político de individualidades, la ausencia del que ha sido hasta ahora el liderazgo del espacio resultaba un tanto extraña: es la primera vez que un acto de la izquierda estatal no cuenta con un discurso de Yolanda Díaz. Tan extraña que incluso entre algunos periodistas llegó a correr el rumor de que la vicepresidenta aparecería finalmente por sorpresa.
No ocurrió y de hecho apenas hubo referencias a la vicepresidenta segunda entre los discursos. La hizo la ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, Mónica García, cuando habló de un “hilo histórico” de avances, desde los ayuntamientos del cambio, hasta el Gobierno de coalición pasando por el Botànic. “Estamos orgullosos de las luchas de la clase trabajadora de Yolanda Díaz, claro que sí. De Yolanda Díaz. Gracias a Yolanda por estar siempre del lado de la gente trabajadora”, defendió entre los aplausos del público.
La vicepresidenta escribió un post en Bluesky después del acto. “Así es como vamos a ganar las próximas elecciones: ilusionando, cooperando, avanzando. Dando pasos siempre adelante. Juntas. De la mano. Lo hicimos en el 23J y lo volveremos a hacer. Orgullo de compañeras”.
Díaz dejó así en un primer plano a los partidos después de varios meses en los que han trabajado en un acuerdo de manera discreta y por primera vez sin demasiadas tensiones. O, al menos, sin que esas tiranteces hayan trascendido y se hayan impuesto a la voluntad de tejer una nueva coalición. De hecho, en el espacio coinciden en que la decisión fue acertada de cara a habilitar una imagen de coralidad entre las cuatro fuerzas que habría quedado opacada por su asistencia.
Si la vicepresidenta hubiera intervenido, su discurso habría acaparado todos los titulares y habría desdibujado la imagen de cohesión que se vio el sábado. Si hubiera asistido sin hablar, quizás habría forzado —piensan algunas voces— menciones y saludos que no salieron de forma genuina en los discursos del sábado, ni siquiera de la representante de su propio partido, la coordinadora de Movimiento Sumar, Lara Hernández.
Nadie en el espacio lo entiende como algo negativo ni tampoco premonitorio sobre sus próximos pasos y varios dirigentes preguntados por elDiario.es han alabado en los últimos días el gesto de “generosidad” de la vicepresidenta al ceder por el momento el protagonismo a las formaciones políticas. De hecho, todas las voces consultadas por parte de los cuatro partidos señalan que este no es el momento de los liderazgos sino de construir un proyecto desde otro lado, pensando primero en lo político, en la construcción de complicidades entre fuerzas después de años de tensiones, y en pensar en la forma en la que la izquierda puede articular un discurso ganador en un momento de extrema dificultad, con la ultraderecha disparada en todas las encuestas.
El coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, celebró públicamente el acto “generoso” de la vicepresidenta al ausentarse del acto del sábado. Y este lunes alabó su legado como el de la mejor “ministra de Trabajo de la historia” de la democracia. El líder de IU ha sido crítico con Díaz en otros momentos y la semana pasada generaron revuelo sus palabras en las que habló sobre una “actualización” de los liderazgos, pero desde entonces ha reconocido a la ministra como un “activo”.
La reflexión es parecida en el resto de partidos, como los Comuns, que celebraron como una “buena noticia” que Yolanda Díaz haya apoyado públicamente todo este proceso. “Nos parece buena noticia que Yolanda apoye el proceso y respetamos su planteamiento. Hemos dicho desde el primer día que esta fase no va de caras, sino de una construcción colectiva más pausada”, trasladan fuentes de la formación catalana.
“Lo que empieza el 21F es una nueva fase en la construcción del espacio de las izquierdas transformadoras y plurinacionales del Estado que por primera vez en muchos años se articula de forma plural, no a partir de un liderazgo único o de una única organización. Queremos construir desde las organizaciones, con reglas compartidas y vocación de estabilidad. Es un cambio de fondo: queremos un proyecto más coral, más institucionalizado y más duradero”, sostienen.
En Más Madrid también entendieron el gesto como dentro de una “lógica esperable” por la naturaleza del acto, que de lo que trataba era de presentar una alianza de cuatro organizaciones que llevan tiempo trabajando“. Yolanda es la vicepresidenta del Gobierno, es la líder de nuestro espacio y tampoco hablamos de ella en pasado, su figura es, sigue siendo y será irrenunciable y un pilar fundamental del espacio”, afirman fuentes del partido, que entienden que si ella en su momento dio un paso al lado con su dimisión como líder orgánica del espacio tampoco estuviese el sábado en el lanzamiento de la coalición que nació precisamente a raíz de aquella renuncia.
Ninguna de las fuentes consultadas por este diario reconoce saber los planes de la vicepresidenta segunda en el futuro y tampoco nadie se atreve a hacer especulaciones sobre el significado de su ausencia en el acto del sábado en relación a sus próximos pasos. La vicepresidenta suele ser celosa con sus decisiones, especialmente las que tienen que ver con su figura política, y las traslada a un círculo reducido.
Su capital político ha perdido valor desde que asumiera el liderazgo de Unidas Podemos, en la legislatura pasada, en la que llegó a tener una puntuación del 5,36 en el sondeo del CIS, y fue durante tiempo la líder mejor valorada. Hoy está solo por debajo de Pedro Sánchez en un contexto en el que la ciudadanía penaliza mucho más a todos los representantes. Pero en su entorno y en su partido siguen defendiendo el valor político que representa Díaz, más aún en un momento en el que no hay figuras en la izquierda, salvo la de Gabriel Rufián, con un nivel de conocimiento como el que tiene la ministra. Y más allá de los objetivos políticos, en la reflexión de la vicepresidenta tendrán mucho peso seguramente los motivos personales después de seis años como ministra y cuatro al frente de la coalición que consiguió revalidar el Gobierno y frenar la llegada de la derecha y la extrema derecha al poder.
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