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Boticaria García: “Los diálogos de 'La maravillosa señora Maisel' son brillantes”

Piedad Sancristóval

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No todo iba a ser ruina y destrucción este año. También hemos conocido a algunos divulgadores que tratan de poner luz ante la otra pandemia, la de la mala información, la infodemia. Entre ellos se encuentra la farmacéutica Marián García, conocida en redes y en televisión como Boticaria García. Discrimina incansablemente, y siempre de buen humor, entre buenas y malas mascarillas, hábitos y medidas de protección ante el virus.

Boticaria recomienda una serie que trae alegría a la desolación, la comedia La maravillosa señora Maisel, que desde su primera temporada, en 2017, deslumbró a los espectadores y acaparó todos los premios, los principales Globos de Oro y Emmys incluidos. Ahora están disponibles en Amazon Prime sus tres temporadas con un total de 26 episodios. El rodaje de la cuarta, que ya está escrita, ha sido retrasado temporalmente y empieza en enero de 2021. La grabación va a sufrir, porque según su creadora, Amy Sherman-Palladino: “Señora Maisel es una serie grande y de exteriores. Necesita espacio y energía”.

“Me enganchó desde el capítulo uno”

Marián García llegó hasta esta comedia por recomendación de su marido, quien pensó en ella por la estética parecida a Mad men y la protagonista monologuista. “Me enganchó desde el capítulo uno”. Aunque es una mujer de muchas palabras y echada para adelante, como la estrella de la serie, Midge Maisel, García no se identifica con ella: “Ya me gustaría ser Mrs. Maisel en mil aspectos. Ni tengo un casoplón en el Upper East Side de Nueva York ni me tomo las medidas corporales día a día para ver si he engordado. Ni por supuesto me levanto dos horas antes para estar perfecta para mi maridito, por mucho que me quiera y me elija series que me gustan. Ni me interesa tanto la moda o el maquillaje como a Midge. En ese sentido soy un poco como su mánager, soy un poquito más Susie para eso”.

La señora Maisel, para quien no conozca la premisa, es una extraordinaria comedia que sigue a una perfecta ama de casa judía neoyorquina de clase alta de los años 50 que, al ser abandonada por su marido, se suelta la melena ante el micrófono de un club y descubre que puede ser una gran cómica. Se une entonces a una mánager lumpen, la mencionada Susie y juntas pelean por triunfar en el mundo del espectáculo.

“Me gusta la estética tan cuidada, especialmente el mobiliario y la arquitectura”

La ambientación de la serie es un caramelo visual. Esta espectacular puesta en escena es un elemento crucial para Boticaria García: “Me gusta la estética tan cuidada, personalmente me atrapa esa inversión brutal que hay detrás. El vestuario y el maquillaje me interesan menos, pero el mobiliario y la arquitectura me atraen mucho y la serie es como un catálogo perfecto. La parte en la que ella trabaja en unos grandes almacenes es una delicia, te metes de lleno en la época. Es de lujo”. El estilismo de la protagonista, interpretada por la fantástica actriz Rachel Brosnahan, es un auténtico alarde. Comparte un elemento con su creadora, la guionista y directora de series Amy Sherman-Palladino: su gusto por los sombreros. Aunque la actriz luce una cantidad fantasiosa de ellos, Sherman-Palladino no se queda atrás. Viste desde hace años modelos altos al estilo del sombrerero loco de Alicia en el país de las maravillas y, a pesar de vivir en Nueva York, donde el metro cuadrado es prohibitivo, tiene una habitación solo para este accesorio.

Sherman-Palladino es hija de un cómico judío, influencia que ha utilizado para este guion. La creadora de La maravillosa señora Maisel fue guionista en Roseanne y es conocida sobre todo por Las chicas Gilmore, serie que creó, escribió y dirigió con su marido y colaborador habitual, Daniel Palladino. El matrimonio es famoso por su estilo de escritura rápido, ingenioso y lleno de personajes locuaces. En esta ocasión también trabajan juntos.

“La imagen puede ser brutal, pero sin esos diálogos y personajes sería solo 'brilli-brilli'”

“Los diálogos son brillantes –señala Boticaria–, por lo visto a los actores no les dejan meter ni una coma y es que ni les sobra ni les falta. Claro, la imagen puede ser brutal pero sin esos diálogos y esas relaciones entre los personajes, la serie sería 'brilli-brilli', y tiene su chicha a pesar de la aparente frivolidad de la estética”. El equipo de guion se ha reforzado para escribir los monólogos, que son un género aparte, y se agradece mucho porque en algunas películas y series se alude a lo cómico que es un personaje y no se logra trasladar a sus líneas. En La señora Maisel sus intervenciones profesionales entran como la seda y hacen creíble el éxito de la protagonista.

Los episodios siguen a este personaje improbable, este clásico pez fuera del agua, una mujer mantenida, de belleza y economía perfectas, capaz de encontrar material cómico en teoría solo al alcance de canallas problemáticos con estilo de vida bohemio. Este entorno es uno de los puntos fuertes para Boticaria: “Personalmente me atrae el salseo que hay entre bambalinas de la stand-up comedy, esos antros neoyorkinos de la época, que en realidad, no ha cambiado tanto en muchos aspectos porque te enseñan lo dura que es la competencia, la miseria, la cara B, las envidias. Están los aplausos y el oropel y sonrisas 'profiden' entre ellos pero detrás hay una pelea previa y posterior por quién sale antes, quién sale después al escenario o cómo negocian las comisiones. Todo esto además siendo mujer, porque esta es la guinda del pastel. Hay machismo, lógicamente, imperante en la época. ¿¡A dónde iba a parar una mujer en los escenarios!? Pero a Midge no se le pone nada por delante. Aunque queda claro que ser mujer le supone una desventaja, ella ante eso se crece”.

“Me flipa el personaje de Sophie Lennon, la diva en decadencia que se siente amenazada”

A pesar de la chispa y la audacia de su protagonista, no se trata del personaje favorito de Boticaria: “A mí en el fondo Midge no me cae bien, no sé si le pasa a todo el mundo, a mí me cae cualquier otro personaje mejor antes que ella. Me parece caprichosa, egoísta, que antepone su vida a todo. A sus padres los tiene amargados, no sabe ni cómo se llaman sus hijos. Aun así, el personaje tiene mucho gancho. Ese humor, esa rapidez, lo mordaz… Es imposible no engancharse a esa mujer, aunque insisto en que no me cae muy bien”.

La farmacéutica más famosa de España repasa los personajes principales de la ficción. “A Joel, el marido, le ponen todo el paquete para que te caiga mal: pelele, infiel... pero en el fondo no es mala gente. Pero el amor no fluye. Los padres son el cliché judío hecho pareja, para mí demasiado, pero me parece divertido que Midge ponga patas arriba su relación. Estaban tan tranquilos y les revuelve”.

Su personaje favorito es el interpretado por Jane Lynch. Se trata de una cómica de vieja escuela, que actúa caracterizada como una marujona al estilo de la Omaita de Los Morancos: “A mí me flipa el personaje de Sophie Lennon, la diva en decadencia, la pura fachada. Cómo a Midge se le cae el mito cuando la conoce y cómo la diva se siente amenazada por la sangre fresca de Midge en los escenarios y se convierten en archienemigas. Eso de que Sophie intente incluso robarle a su mánager denota esa miseria humana a veces tan real en el mundo del espectáculo”.

“La protagonista y su mánager son como agua y aceite, pero se divierten”

Respecto a los lazos que se establecen en este universo de ficción, Boticaria tiene una relación favorita: “Quizás la más potente y la única correspondida es la de Midge con Susie, con su mánager. Susie es lo que en mi pueblo llaman tojo, es una planta espinosa, además con una vida caótica, complicada, tiene un puntito homeless incluso. Midge y ella son el agua y el aceite pero aun así tiene una conexión brutal, y lo más importante, se divierten”.

Esta relación positiva entre mujeres es uno de los sellos de los Palladino. En el caso de Las chicas Gilmore se trataba de la relación amistosa de una madre joven y su hija adolescente. Y en los proyectos que han desarrollado con menos éxito también buscaban la veta de explorar el trato de unas protagonistas femeninas con otras. Boticaria García también fue seguidora de Las chicas Gilmore: “Mi compañera de piso, muy amiga, era más fan que yo. Yo los veía por ella. Y luego la he visto mucho en aviones. Esa relación entre mujeres, aquí madre e hija, es bonita y especial”.

“La serie me apasiona y creo que todo el mundo debería verla”

Marián García encuentra muchos elementos para recomendar La maravillosa señora Maisel a quien no la haya visto aún: “Como cualidades de esta serie, la estética sin duda puntúa, pero además es el hecho de tocar temas que son de gran actualidad. Podemos llamarlo feminismo, o algo parecido, porque yo creo que a Midge no la considero feminista en el sentido estricto, pero sí enseña cómo sobreponerse a ese machismo de la época. También se habla del racismo, de las diferencias interculturales, de la homosexualidad… Son temas que están en el ambiente y verlos desde el punto de vista de los cincuenta es muy interesante e impactante a la vez. Esta serie me apasiona y creo que todo el mundo debería verla, especialmente quienes se dediquen al mundo de la comunicación, del espectáculo y de las tablas porque, aunque esté ambientada hace unos setenta años, creo que hay cosas que nos van a ser muy muy familiares y en las que se ha avanzado poquito”.

Ella aún tiene que ver la última temporada disponible: “Solo he visto el primer episodio de la tercera, que coincidió con la pandemia y con que yo no hiciera ya otra cosa más que trabajar y trabajar y hacer directos en Instagram sobre coronavirus. Pero esa visita que hace en el episodio Midge a las tropas, rollo Marilyn, me gustó mucho y estoy deseando hincarle el diente”.

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