Sobre este blog

No nos gusta la palabra "discapacitado". Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a "retroceder". La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Zara, perra de asistencia

Zara, recién llegada a casa

Algunos lectores recordarán un post titulado Miau. Allí contaba mi experiencia al adoptar un gato. Después de intentarlo a través de una asociación, logré una gata preciosa gracias al Ayuntamiento de Zaragoza. A las 3 horas, sin embargo, tuve que devolverla: descubrí que era alérgico a los gatos.

Al leerlo, varias personas me insistieron vía Twitter para que me animase y adoptase un perro. Entre ellas, varias integrantes del blog El caballo de Nietzsche, que recomiendo. Con el runrún en la cabeza, empecé a plantearme cómo podría tener un perro. Por mi discapacidad, es más sencillo un gato, al que no hay que sacar a pasear y sabe muy bien dónde hacer sus necesidades. Me recomendaron adoptar un perro retrón, que estuviese acostumbrado a no moverse. Pero bastante retrón hay ya en casa como para meter a otro.

Escribí a la editora de En busca de una segunda oportunidad, un blog sobre animales que también recomiendo. Le pregunté si era posible tener un perro pequeño al que no necesitara sacarlo y me certificó lo que suponía: que sería una tortura mental para el perro.

En un momento dado, pensé en la posibilidad de entrenar a un perro para que se adaptase a mis necesidades y que no estuviera encerrado todo el día en casa. Busqué y encontré un lugar en Zaragoza donde adiestran perros de asistencia. Los hay para discapacitados físicos, para sordos, para personas con diabetes... Cada uno entrenado específicamente para su dueño. Planteé al adiestrador mis necesidades y me dijo que era factible. Cuesta un dinero, pero cada uno elige cuándo y cómo gastárselo. Hay quien viaja o se compra un coche cada pocos años; yo he elegido invertirlo en Zara.

Aunque soy partidario de adoptar, en el caso de los perros de asistencia no es posible. Son animales entrenados para trabajar y, según me han explicado, no se les puede enseñar ciertos comportamientos y actitudes si ya son mayores o han pasado por varias familias o centros de adopción. El animal tenía que ser de raza, hembra y rondar los 2 meses y medio.

No fue difícil elegir la raza. Los mejores para estos casos son los labradores pero son demasiado grandes para mí. Entre el Jack Russell y el teckel (o perro salchicha), elegí el Russell de pelo corto. Buscamos en diferentes criadores y elegimos una cachorrita nacida hacía un mes escaso. La reservamos y hace una semana llegó a casa de mis padres.

Allí se quedará un tiempo, hasta que esté entrenada. Iremos cada semana al centro para que nos pongan deberes y poco a poco iremos acomodándonos. La idea es que se acostumbre a salir 2 veces al día, y no 3; que el tiempo que esté en casa sepa jugar sola y no tenga ansiedad; y que cuando la saque a pasear vaya al paso de la silla o sentada encima de mis piernas y haga sus necesidades cuando yo se lo diga (en alguna alcantarilla, por ejemplo; no puedo agacharme a recoger los residuos). También aprenderá a recoger cosas del suelo cuando se me caigan (ya puestos...).

Todo esto llevará su tiempo. Espero colgar aquí algún vídeo a medida que vaya aprendiendo.

Mientras, pregunto a los lectores: ¿alguien tiene un perro de asistencia? ¿Cómo es su experiencia?

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Publicado el
12 de junio de 2014 - 20:51 h

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