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¿Cuánto contamina un cadáver? Se buscan alternativas ecológicas a los entierros tradicionales

Prototipo de funeraria instalado en Seúl, diseñado por el arquitecto Igor Bragado, director de la oficina conceptual de arquitectura y diseño Common Accounts

Cristina Armunia Berges

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Sustituir las incineraciones y las inhumaciones por otros procesos más ecológicos. ¿Es posible? Por ahora no. Aunque el sector funerario lleva años trabajando en nuevas formas de cremación ecológica (sin combustión) que sustituyan a las incineraciones y a los entierros tradicionales, por el momento, se trata solo de ideas. En España la ley no contempla otras modalidades como la hidrólisis alcalina, la criogenización o procesos de deshidratación del cadáver antes de proceder a su enterramiento.

“El destino final de todo cadáver será: el enterramiento en un lugar autorizado, la incineración o la inmersión en alta mar”. Estas son las únicas tres opciones previstas por el Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria de 1974, que lleva casi 50 años sin actualizarse y que se queda muy corto, según apunta la Asociación Nacional de Servicios Funerarios PANASEF.

“Se necesita una nueva ley nacional de servicios funerarios”, explica el secretario general de PANASEF, Alfredo Gonsálvez. “La ley que tenemos es del año 1974 y llevamos un tiempo pidiéndole al Gobierno, a los ministerios de Sanidad, Economía y Presidencia, una nueva ley básica de servicios funerarios. Con tanto cambio de gobierno no ha sido fácil”, explica.

Todo lo relacionado con el ámbito de las cremaciones y los enterramientos se rige por la ley de 1974 y por las normas de límite de emisiones de cada comunidad. Además, desde 2018, existe una guía de consenso de sanidad mortuoria, que se elaboró para lograr un mínimo común a la hora de, por ejemplo, realizar el traslado de un fallecido de una comunidad a otra. “La ley está completamente obsoleta”, insiste Gonsálvez.

Las funerarias, y se pudo ver en la última muestra internacional de índole funeraria celebrada hace una semana en Valencia, están trabajando en multitud de diseños tecnológicos y más respetuosos con el medio ambiente. “Las empresas de servicios funerarios, por un lado, ya están incorporando las nuevas tecnologías y, por otro, están comprometidas con el cuidado del medio ambiente”.

Lo primero lo tienen fácil y ya lo tienen en marcha. Hoy en día se puede retransmitir un funeral en directo o existen aplicaciones para mandar pésames a las familias en forma digital. En cuanto a la reducción de emisiones de gases nocivos a la atmósfera, hay empresas que han eliminado los plásticos y los contaminantes de los féretros o que utilizan coches fúnebres eléctricos. Sin embargo, hay propuestas que quieren ir más allá, aunque por el momento no contarían con respaldo legal.

Marcharse sin contaminar

Es lo que defiende FUNECO (Funerarias Ecológicas de España), que ya ha diseñado un ataúd ecológico para incineraciones, hecho de madera reciclada y sin pinturas o herrajes. “El siguiente paso a dar es que los entierros tradicionales se hagan también con ataúdes ecológicos. Si estamos reduciendo la contaminación de las incineraciones, todavía es mucho más importante la contaminación del subsuelo, que va directamente a los acuíferos y entra en el proceso de contaminación de la cadena alimentaria”, defiende el director general de FUNECO, Félix García Pedroche. En FUNECO también han diseñado un proyecto para lograr que los entierros se hagan con el cadáver deshidratado. “A través de un sistema con nitrógeno, se desaloja el fluido del cadáver que representa un 70% y evita que se forme luego lo que se denomina la mancha verde cadavérica, que es la huella ecológica que el cadáver deja en el fondo de la sepultura tras el proceso de descomposición”, explica García Pedroche.

Otra de las propuestas se basa en la criogenización, donde el cuerpo fallecido es expuesto al nitrógeno líquido ( -196ºC) y posteriormente a una corta vibración mecánica, que lo convierte en un polvo de pocos milímetros de tamaño. A continuación, este polvo es secado y los metales son separados. A este polvo lo llaman “promains” y, según explican, es materia orgánica al 100%. “Los promains serán enterrados (dentro de un ataúd biodegradable) en el subsuelo y al cabo de unos meses se convertirá en compost. Es decir podemos plantar un árbol, lo que nos permite ser un método climáticamente inteligente por un lado y el único en el mundo que no genera desechos, sino que nos permite volver al ciclo de la vida, al ciclo del Carbono. Mire por donde se mire, todo son ventajas”, explica Olga Bolart desde Promessa.

Todos coinciden en que, sin una actualización de la ley, nada de esto será posible. “Solo contempla el entierro o la incineración tradicional, por mucho que yo tuviera el equipo técnico del promator disponible, no podría ser utilizado en el territorio español”, comenta Olga Bolart.

“La hidrólisis alcalina tiene muchos nombres comerciales como la resumación, la acuamación o la cremación líquida. En el proceso no hay combustión, por lo que sería incorrecto llamarlo cremación. Se trata de una estrategia comercial para hacer el proceso un poco más cercano a una técnica que ya es conocida y aceptada”, indica Igor Bragado, director de la oficina conceptual de arquitectura y diseño Common Accounts, que en 2017 construyó en Seúl un prototipo de nueva casa funeraria que usaba un aparato de hidrólisis alcalina que se situaba en el patio de una casa particular. Bragado imaginó una ciudad en la que cada barrio tuviera tres o cuatro de estas infraestructuras funerarias, que podrían ser una opción más aparte del enterramiento y la cremación.

La hidrólisis alcalina utiliza una solución de agua, con un alcalino en un tanque a presión de acero inoxidable. El tanque tiene que ser de dos metros de largo por sesenta centímetros de ancho. La solución que se introduce es 95% agua a unos 150 o 160º centígrados y un 5% de alcalino, como puede ser hidróxido de potasio. “El proceso descompone los tejidos orgánicos del cuerpo en tres o cinco horas”, calcula el arquitecto. El producto: 300 litros de un fluido “que se puede tirar por el desagüe” y una matriz de fosfato cálcico, “que son los huesos”. Tras esto, habría que secar los huesos y triturarlos para entregarlos a las familias, indica Bragado.

“Lo que tiene de particular este proceso, a diferencia de la cremación, es que no hay emisiones de CO2 y la energía que se emplea es muchísimo menor. Por otro lado, las infraestructuras que se usan son relativamente pequeñas. Como arquitecto esto es lo que más me interesa. La posibilidad de imaginar ciudades en el futuro que tengan centros para los ritos y para memoria funeraria de un tamaño doméstico en el centro de la ciudad”, relata.

En el caso de Seúl, explica, interesaba plantear esta alternativa puesto que carece de suelo suficiente por el gran crecimiento urbano. “Las infraestructuras de cremación son de una escala descomunal. Casi como aeropuertos”, sostiene Bragado.



Por el momento, siguen aumentando las incineraciones

Las incineraciones están más cerca de superar a las inhumaciones, según los últimos datos distribuidos esta semana por PANASEF. En 2020, las incineraciones han alcanzado el 45,54% frente al 54,46% de entierros. En las capitales de provincia, las incineraciones suponen ya el 60% y la cifra baja en zonas rurales, con un 39,8%. Según las proyecciones del sector, en 2025 en el 60% de los casos se optará por la incineración.

Pero ¿cuánto contamina una incineración? Según el CSIC, un cuerpo humano emite unos 27 kilos de dióxido de carbono cuando es quemado. “Un proceso de cremación tiene la misma contaminación de un atasco en un semáforo de cinco minutos. La sociedad puede tener algo de temor a las cremaciones, pero realmente, las emisiones son muy pequeñas”, asegura Gonsálvez.

El presidente de la muestra Funermostra, José Vicente Aparicio, defiende que el sector está invirtiendo mucho en filtros para reducir al máximo las emisiones. “Hay una legislación cada vez más dura con el fin de que en los hornos crematorios existan filtros mucho más potentes para que lo que salga sea menos contaminante. Que no es que sea mucho. Por otro lado, se trabaja también en todo lo que se introduce, porque lo que sale es fruto de lo que entra. Se han desarrollado féretros sin pigmentación o sin barnices sintéticos”, explica.

Los conocedores del sector siguen atentos los avances que puedan llegar para sustituir a los entierros tradicionales. “Son dos sistemas [hidrólisis y criogenización] que no están todavía en España. Alguno está en EEUU o en países asiáticos. Pero aquí todavía se está analizando. Hay dudas sobre si esto supone una ventaja o una desventaja con respecto a los actuales sistemas de incineración”, comenta Aparicio. “Serán los técnicos medioambientales los que, una vez analizado, digan si son factibles o no”.

Después habrá que ver si la gente está preparada para elegir alguna de estas opciones. Aunque, tal y como recuerda Aparicio, hace no mucho, quizá unos 40 años, cuando se hablaba de las incineraciones “la gente se hacía cruces”.

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