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La inconfundible muralla de esta villa de Castellón que rodea una montaña y protege un castillo en su cumbre

Castillo de Morella.

Edu Molina

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Morella, en la provincia de Castellón, conserva uno de los enclaves más emblemáticos del patrimonio español, con más de 2.000 metros de muralla edificados alrededor de una montaña coronada por su castillo medieval. Sobre este relieve, la conservación de elementos históricos muestran la evolución de la localidad a lo largo de los siglos. La villa mantiene un trazado adaptado al terreno, con calles ascendentes, plazas y murallas que delimitan el núcleo urbano, y un conjunto de edificaciones que reflejan distintas épocas de ocupación.

El asentamiento incluye estructuras civiles, religiosas y militares que destacan por su función estratégica y su integración con el entorno. La posición elevada ofrece control visual del territorio circundante y condiciona la ubicación de edificios y defensas. La conservación de murallas, torres, puertas y construcciones históricas permite recorrer el núcleo urbano y comprender cómo se organizaron los espacios dentro de la villa, evidenciando la relación entre la fortificación, la residencia y las vías de comunicación que conectaban Morella con otras localidades de la comarca.

El castillo de Morella

El castillo de Morella se ubica en la cima de la elevación conocida como “la Mola”, una montaña que ha sido ocupada desde tiempos antiguos. La fortificación aprovecha la roca natural como base, lo que le proporciona una posición estratégica para controlar los accesos desde el interior hasta la costa. Su construcción original se remonta a la época romana, con posteriores intervenciones visigodas, árabes y cristianas, consolidando un conjunto que combina arquitectura islámica con modificaciones medievales.

Castillo de Morella

El recinto amurallado que rodea la fortaleza se desarrolló principalmente entre los siglos XIII y XIV, sobre las murallas árabes preexistentes. La muralla tiene una longitud de aproximadamente 2.500 metros y alcanza hasta nueve metros de altura en algunos tramos. Está reforzada por 14 torres y seis puertas principales que regulaban el acceso a la villa, configurando un sistema defensivo completo y conectado con el casco urbano.

El castillo ha recibido protección oficial como Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico desde 1931, lo que garantiza su conservación. Su estructura interna combina espacios abiertos para maniobras defensivas y zonas de almacenamiento. Los recorridos por la fortaleza permiten observar la relación entre la muralla y la villa, así como la adaptación de la construcción a las condiciones del terreno, ofreciendo una visión de cómo la fortificación respondía a necesidades estratégicas a lo largo de los siglos.

Monumentos y espacios históricos en Morella

Morella conserva un entramado urbano de origen medieval, caracterizado por calles estrechas, escaleras empinadas y murallas que rodean gran parte de la villa. El recorrido por estas vías permite identificar la distribución histórica del núcleo urbano y la relación entre la defensa y la vida cotidiana. La planificación de la villa muestra cómo la geografía condicionó la organización de calles y edificios, manteniendo el trazado original en la mayoría de sus sectores.

Entre los edificios de relevancia se encuentra la Basílica Arciprestal Santa María la Mayor, un templo construido entre los siglos XIII y XV tras la designación de Morella como villa real por Jaime I. La iglesia presenta planta basilical con tres naves, siguiendo tradiciones arquitectónicas previas, y destaca por sus dos puertas de acceso principales. En su interior, se pueden observar elementos como la escalera del coro, el trascoro con escenas de la iconografía cristiana y un órgano monumental con miles de tubos.

Basílica Arciprestal Santa María la Mayor.

La villa cuenta además con múltiples torres de vigilancia distribuidas por el perímetro urbano, incluyendo las Torres de Sant Miquel, que datan del siglo XV. Otras torres y puertas, como el Portal dels Estudis y la Porta de Sant Mateu, completan la red de fortificaciones que protegía el asentamiento. La presencia de 14 torres de este tipo ofrece control visual sobre el entorno y permite recorrer distintos puntos de observación, mientras que el acceso por el oeste conduce a la placita del Pla d’Estudi, rodeada de casas tradicionales con balconadas.

La calle Blasco de Alagón constituye uno de los ejes más significativos del casco urbano, conservando pórticos medievales y edificios históricos como el Ayuntamiento, instalado en un palacio de estilo gótico. Esta vía, junto con barrios como la Judería, permite identificar la relación entre espacios residenciales y defensivos. Otro edificio relevante es el convento de Sant Francesc, fundado poco después de la conquista de la villa en el siglo XIII y construido en estilo gótico.

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