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El doble filo del ibuprofeno y otros antiinflamatorios

Que los medicamentos de la familia de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) podían entorpecer la recuperación frente a infecciones era algo que se sospechaba desde hace más de medio siglo y que se sabe con certeza desde hace varios años

También sabemos, por múltiples estudios en ratones y otros animales de laboratorio, que la ingesta de AINE favorece el desarrollo de ciertas infecciones (como Clostridium difficile) o su empeoramiento

Foto: ConsumoClaro

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Hace unos días, la agencia francesa del medicamento (ANSM) lanzó una advertencia a médicos y pacientes debido a los riesgos que han detectado por el uso de ibuprofeno y ketoprofeno. Concretamente, constataron que estos antiinflamatorios pueden agravar ciertas infecciones como otitis, amigdalitis, rinofaringitis, infecciones pulmonares y de la piel, así como también la varicela. La ANSM ha solicitado, además, una investigación europea sobre estos medicamentos para aclarar sus efectos y aconseja que se priorice la toma de paracetamol frente al ibuprofeno en casos de fiebre o dolor (excepto el de espalda).

La alerta de la agencia francesa no está basada en algo inesperado ni desconocido, sino que se basa en un estudio que comenzó en el año 2000 y que ha permitido conocer con mayor profundidad la aparición de complicaciones infecciosas causadas por el ibuprofeno y el ketoprofeno. En realidad, que los medicamentos de la familia de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) podían entorpecer la recuperación frente a ciertas infecciones era algo que se sospechaba desde hace más de medio siglo y que se sabe con certeza desde hace varios años (aunque aún desconocemos la magnitud de este fenómeno).

Ya existían estudios desde 1966 que avisaban sobre una asociación entre la administración de AINE y complicaciones en la piel y los tejidos blandos de niños que sufrían varicela. Por otro lado, en 2013, un ensayo clínico británico publicado en la revista médica the British Medical Journal detectó que los pacientes con ciertas infecciones respiratorias tenían un peor pronóstico, con peores síntomas o síntomas nuevos, cuando se les recetaba ibuprofeno (20% de los pacientes) o ibuprofeno con paracetamol (17%) en comparación con los pacientes que solo tomaban paracetamol (12%). Además, era más probable que los pacientes que tomaban solo ibuprofeno o ibuprofeno combinado con paracetamol tuvieran que volver a la consulta del médico. También sabemos, por múltiples estudios en ratones y otros animales de laboratorio, que la ingesta de AINE favorece el desarrollo de ciertas infecciones (como Clostridium difficile) o su empeoramiento.

¿Qué nueva información aporta el estudio al que se refiere la ANSM? El estudio del British Medical Journal se realizó sobre 889 pacientes con infecciones respiratorias y la absoluta mayoría de complicaciones de infecciones que se detectaron fueron leves, salvo un reducido número de casos de neumonía, meningitis y amigdalitis. El estudio reciente del ANSM se ha realizado sobre una población mucho mayor, lo que ha permitido detectar 337 empeoramientos de infecciones en personas bajo tratamiento con ibuprofeno y 49 con ketoprofeno. Estas complicaciones se trataban principalmente de infecciones graves de la piel y los tejidos blandos, pulmonares y neurológicas que llevaron a hospitalizaciones, secuelas e incluso la muerte. Las bacterias que causaban estas complicaciones eran, en la mayoría de los casos, estreptococos y neumococos.

¿A qué se debe este efecto indeseado de los AINE para el tratamiento de las infecciones? Aunque no sabemos con detalle los mecanismos por los que se produce, sí existe una hipótesis que cobra fuerza con el paso del tiempo: los AINE interfieren, hasta cierto punto, con el sistema inmunitario. Se trata de una hipótesis lógica, conociendo cómo actúan los AINE. Estos medicamentos se caracterizan por tres efectos típicos: acción antiinflamatoria, analgésica y antipirética (contra la fiebre).

Durante mucho tiempo se ha considerado a la fiebre y a la inflamación como enemigos a combatir a toda costa, pues desencadenan como efectos indeseados malestar general y dolores. Sin embargo, nunca deberíamos perder de vista que son mecanismos de defensa naturales frente a las infecciones por infinidad de microorganismos. Sabemos, por ejemplo, a través de múltiples estudios, que la fiebre dificulta la proliferación de virus y bacterias y que mejora la respuesta del sistema inmunitario de múltiples maneras. Así, al administrar AINE para combatir la inflamación y la fiebre, se corre también el riesgo de dificultar nuestra respuesta inmunitaria frente a las infecciones, favoreciendo la aparición de complicaciones.

De hecho, diversos estudios experimentales han mostrado que el uso de antitérmicos eleva el riesgo de muerte en animales que sufrían gripe o neumonías. En humanos no conocemos tan bien como en animales las consecuencias, pero sí que existen varios estudios clínicos que nos indican que empeñarnos en rebajar la fiebre y la inflamación podría no ser tan buena idea. En este sentido, un metanálisis publicado en 2017 que analizaba los resultados de 16 estudios sobre pacientes con sepsis (una respuesta inmunitaria desproporcionada a una infección grave generalizada) respaldaba esa idea: la fiebre no solo no incrementaba el riesgo de efectos adversos, sino que el control de la fiebre no reducía el riesgo de que aparecieran estos efectos ni tampoco mejoraba la supervivencia. Resultados similares se han encontrado en otros estudios, como uno enfocado en el tratamiento de infecciones cutáneas con ibuprofeno, sin evidencias de mejoría por este tratamiento.

¿Por qué la agencia de medicamentos francesa ha aconsejado priorizar el paracetamol frente al ibuprofeno o al ketoprofeno? Porque el paracetamol no es un AINE y, a diferencia de éstos, posee un efecto antiinflamatorio muy débil, prácticamente inexistente. Es esta razón la que podría explicar por qué se observan menos complicaciones por infecciones en pacientes que toman paracetamol en lugar de AINE.

En medicina, cualquier tratamiento con efecto terapéutico tiene también posibles efectos adversos. De esta manera, la balanza de beneficios frente a riesgos siempre está presente. El quid de la cuestión está en conocer y valorar adecuadamente cuál es la mejor estrategia terapéutica basada en la evidencia científica actual para incrementar los beneficios terapéuticos y disminuir los efectos negativos lo máximo posible.

Los AINE están entre los fármacos más seguros en el mercado, pero también poseen efectos adversos (irritación y sangrado del tracto gastrointestinal, hipertensión, complicaciones de infecciones...). Gracias a los estudios clínicos y al avance de la medicina, podemos tener una visión más amplia y correcta de lo que está ocurriendo de verdad en la balanza de estos y otros muchos medicamentos. Si los últimos datos nos hacen ser más conscientes del precio que se paga por aliviar la inflamación y el dolor por el uso de AINE, lo lógico es priorizar el paracetamol o limitar el consumo de AINE a ciertos casos. En cualquier caso, en los próximos años sabremos con más certeza hasta qué punto el consumo de AINE podría complicar las infecciones en pacientes. Como en otros muchos ámbitos de la vida, hay que evolucionar para mejorar.

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