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La fiebre del ébola

Javier Gallego

Ni a Berlanga se le hubiera ocurrido este esperpento cruel y bochornoso en el que se ha convertido esta semana la España del PP. Primero nos traen el ébola a Europa y el dudoso honor del tener el primer contagio fuera de África. Después la ministra ofrece una rueda de prensa que da vergüenza ajena y si te he visto no me acuerdo. Entonces envían de mamporrero al consejero de Sanidad de Madrid que llama torpes a los enfermeros y mentirosa a una enfermera que lucha a duras penas por sobrevivir. Y finalmente le cargan a ella el mochuelo y se cargan a su perro como si muerto el perro se acabara el ébola. Es todo tan demencial que parece que nos hubiera dado a todos el virus y estuviéramos delirando. Lo peor es que no es fiebre: está sucediendo.

Está sucediendo también que unos jueces inhabilitan casi de por vida con una sentencia express al juez que encarceló a Miguel Blesa como principal culpable del expolio de Cajamadrid. Sucede al mismo tiempo que los correos de Blesa desvelan que repartió tarjetas en negro entre miembros de los principales partidos, empresarios y sindicatos que se gastaron cientos de miles de euros en gastos personales sin declarar. Y a todo esto, quien cae es el juez que investiga, mientras sigue en libertad el amiguete de Aznar que utilizó su tarjeta black para vivir a cuerpo de rey y matar animales africanos como nuestro antiguo rey. Pero sin pedir perdón siquiera. Al revés, según el tribunal, la víctima ha sido él. Menos mal que el juez Andreu le ha imputado junto a Rato y a Barcoj por las tarjetas jetas. Al juez le caerán 10 años, a Rato le ha caído un puesto como asesor en España del fondo de inversiones tejano TPG para que lo compagine con sus cargos en Telefónica y Banco Santander. No es fiebre, todo esto está sucediendo.

Y mientras sucede, el gobierno ni está ni se le espera. Ni el presidente, ni la vice, ni la ministra, ni dios comparece para dar una explicación sobre mayor alarma sanitaria de su mandato, mucho menos para hablar de las tarjetas B. Huyen de la prensa como si fuera el ébola. Lo menos que podría, que tendría que hacer el presidente del gobierno es acercarse al hospital para mostrar su preocupación con la enferma, los ocho hospitalizados y los equipos médicos que les atienden arriesgando sus vidas. Si todo está bajo control como dice la ministra, qué miedo tienen a pasarse por allí. Si Fraga se bañó en Palomares para tranquilizar al pueblo ante la alerta nuclear, Mariano debería ponerse el traje para demostrar que lo están haciendo muy bien, como dijo ayer. O al menos que mande un plasma. Pero Rajoy ya no comparece ni en plasma.

Este gobierno las lía pardas y luego huye a esconderse como un niño. No solo es cobarde, además no siente empatía. Es claro que le preocupa más su propia seguridad que la nuestra, lo que es inadmisible en el gobierno de una nación. Pero así es. Rajoy se comporta como el médico que experimenta con ratas de laboratorio. Nos suelta el ébola y observa cómo reaccionamos desde la distancia. Agazapado con su fusil de mira telescópica como un francotirador. Si ve que alguien se le acerca dispara o manda a sus secuaces a hacer el trabajo sucio. El PP ha cogido su escopeta nacional y ha empezado de nuevo su pim pam pum para quitarse el muerto de encima.

Es lo que hace siempre que tiene que asumir responsabilidades. Echarle la culpa a otro. En el Prestige, al capitán. En el accidente del tren de Santiago y del metro de Valencia, al maquinista. En el Madrid Arena, a todos menos a Ana Botella. En la Gürtel, a todos amigos del PP que les traicionaron. Del paro y los recortes, la culpa fue de la herencia recibida de Zapatero. De la financiación ilegal, fue Bárcenas que engañó a todo el partido. Y ahora con la inestimable ayuda de algunos medios afines, acusan de contagiar el ébola en España a la propia enferma. La culpa es de Teresa no de las chapuceras medidas de seguridad, ni de los trajes de protección inadecuados, ni de la merma de recursos del hospital debidos a los recortes del PP, ni de la falta de preparación del personal provocada por la improvisación del traslado de los misioneros, ni de la innecesaria y peligrosa idea del gobierno de traerlos a España con el virus.

Del expolio de Cajamadrid bajo la dirección de cargos de su partido, nadie tiene la culpa. Rato y Blesa como si no existieran. De ese ébola no hablan, pero el francotirador va eliminando uno a uno a los jueces que lo persiguen. Este país tiene un virus devastador extendido por todo su organismo y el responsable de atendernos solo se preocupa de salvarse a sí mismo. Aunque tenga que exterminar para salvarse. Aunque haya una mujer al borde la muerte, no les importa dispararle a ella las culpas. Este gobierno muere matando. No es fiebre, está sucediendo.

Javier Gallego es director de Carne Cruda. Escucha aquí el último programaEscucha aquí el último programa

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