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La patria de Albert Rivera

El plumero populista exhibido por Ciudadanos y las lágrimas por España de Marta Sánchez más que emocionar provocan sonrojos de vergüenza ajena

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Albert Rivera, en el acto España Ciudadana. Imagen: Ciudadanos

Albert Rivera, en el acto España Ciudadana. Imagen: Ciudadanos

Albert Rivera admira a Lincoln, Luther King o Kennedy y le gustaría convertirse en el Macron español. Sueña con que su plataforma 'España Ciudadana' le lleve a la Moncloa como 'En Marche!' convirtió al joven político en el presidente de la República francesa.

Macron, como Rivera, se presentó como el único candidato capaz de superar las diferencias entre derecha e izquierda. Un año después se ha demostrado que tenía razón la BBC cuando definió al mandatario francés como un "populista de centro". Repasando sus primeras medidas podría añadirse que de un centro cada vez más a la derecha.

Más semejanzas: el líder de 'En Marche!' era el preferido de las élites francesas como Rivera lo es de las altas esferas españolas, incluso de aquellas a las que su discurso del pasado del domingo les pareció excesivo. El plumero populista se exhibió hasta el punto de incomodar a algunos asistentes y las lágrimas por España de Marta Sánchez más que emocionar provocaron sonrojos de vergüenza ajena.

Hace un tiempo el líder de Ciudadanos presumía de que su partido no tiene "medios de comunicación ni intereses económicos de cabecera". Un rápido repaso a la hemeroteca y a las tertulias televisivas permite desmontar esa afirmación. Aunque su triunfo también se explica por una capacidad de oratoria envidiable, por la errática estrategia de Pedro Sánchez y por los autogoles del PP y de Podemos. Todo le ha ayudado a ser el político con más y mejores padrinos de España.

Ahora bien, la misma hemeroteca es la que empieza a situar a Ciudadanos frente al espejo, ese que acaba de colocar a Pablo Iglesias ante sus propias contradicciones. 

Rivera es quien aseguró que si un partido tenía imputados ni se molestase en levantar el teléfono. Pero Ciudadanos no solo coge las llamadas sino que ha permitido que el PP de la Gürtel y la Púnica, por citar los dos principales casos, siga gobernando la Comunidad de Madrid.

Como buen orador, el líder de Ciudadanos es autor de frases lapidarias. "No vamos a criminalizar ni a hacer un cordón sanitario a ningún partido", prometió Rivera. Claro que ha dicho eso y lo contrario: "Todo lo que sea dejar fuera a los partidos nacionalistas de los pactos de Estado nos parece bien".

Otra de las virtudes de Rivera es la capacidad de adaptar su discurso y estrategia según convenga. Puede desdeñar la huelga del 8-M por ser "anticapitalista" y a la vez  apuntarse el éxito de la manifestación feminista. Es más, incluso es capaz de echarle en cara a Rajoy que haya "minimizado los problemas de las mujeres".

Rivera promete una España en la que las naciones que conviven o malviven en ella renunciarán a serlo solo porque él lo diga. En una de sus reflexiones más aplaudidas, Macron afirmó que las democracias europeas deben escuchar la cólera del pueblo para evitar que caigan en brazos de los populismos autoritarios. Escuchar la cólera no es alimentarla. Y eso es lo que está haciendo Ciudadanos.

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