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El Salado: Catorce años después de la masacre

Entre el 16 y el 21 de febrero de 2000, el pueblo de El Salado vivió uno de los peores asesinatos masivos de los más de 50 años de conflicto armado en Colombia

Catorce años después de la masacre, invitamos a seis periodistas de reputados medios colombianos a conocer y contar la realidad de su infancia

El resultado es el libro “Las veredas de El Salado vuelven a reír”, cuyas crónicas difundimos en un especial en colaboración con eldiario.es 

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Portada del libro "Las veredas de El Salado vuelven a reír".

Portada libro "Las veredas de El Salado vuelven a reír"

Entre el 16 y 21 de febrero de 2000, los paramilitares del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, con la complicidad de las Fuerzas Armadas, torturaron y mataron a decenas de campesinos inocentes en un asesinato masivo que se conoce como la Masacre de El Salado. Las atrocidades perpetradas en esos seis días de horror incluyen la violación de mujeres, el desmembramiento de personas con motosierras, el apaleamiento de ancianos y mujeres embarazadas o la utilización de cabezas de decapitados en partidos de fútbol. Se destrozaron casas y comercios, provocando el desplazamiento de al menos 280 personas.  

 “El Salado es una zona que, para los colombianos, refleja una realidad que envuelve toda la atrocidad del conflicto armado, el horror y la violencia extrema. Cuando he visitado este territorio me pregunto, ¿dónde estábamos los colombianos en febrero del año 2000? ¿Por qué no nos levantamos? Como dice en la crónica “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas”, de Alberto Salcedo Ramos: <<sucede que los asesinos nos enseñan a punta de plomo el país que no conocemos ni en los libros de texto ni en los catálogos de turismo>>. Sin embargo, El Salado ha permitido visibilizar a una de tantas comunidades que han sido víctimas del conflicto armado que azota el país desde hace más de 50 años”. Así habla Mª Isabel Cerón, directora de Ayuda en Acción Colombia, del terrible episodio ocurrido en El Salado.

Las crónicas. Retrato de la infancia de El Salado

Actualmente, catorce años después, los habitantes de El Salado tienen serias dificultades para tener acceso al agua, a la educación, a la salud y otros servicios básicos. Hay niños de 10 años que nunca han pisado la escuela, menores de 8 que cubren largos trayectos para recoger el agua turbia que beben también los animales, familias azotadas diariamente por el hambre. Allí, trabajamos junto a la Fundación Semana en las veredas (zonas rurales) de Santa Clara, Villa Amalia, Emperatriz, Espiritano, El Bálsamo y Danubio.

Fruto de esta colaboración y trabajo en El Salado, invitamos a seis periodistas y cuatro fotógrafos de reputados medios colombianos a conocer y contar la historia y lección de vida de niños de cada una de sus veredas. El resultado son seis crónicas que ahora compartimos aquí, en seis entregas que darán comienzo mañana 5 de febrero y que culminarán el 12 de marzo.

Los escritos de Héctor Abad Faciolince (Columnista de El Espectador y periodista de Blu Radio), Daniel Samper Ospina (Director de la revista SoHo, columnista de las revistas Semana y Fútbol Total),  Ricardo Silva Romero (Escritor y columnista del periódico El Tiempo), Salud Hernández-Mora (Columnista de El Tiempo, corresponsal del periódico El Mundo), Jorge Enrique Rojas (Editor de la Unidad de Crónicas de El País de Cali) y Andrés Wiesner (Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar) y las imágenes de Daniela Abad, Alejandra Quintero, Claudia Rubio Gámez y Jorge Oswaldo Páez Fonseca nos acercan a la realidad de seis niños y niñas que viven las amenazas a la infancia contra las que luchamos a través de nuestra campaña Dile al Hambre

Muchos de los asesinatos de la Masacre de El Salado fueron perpetrados en su cancha de fútbol. Foto: AeA Colombia

Muchos de los asesinatos de la Masacre de El Salado fueron perpetrados en su cancha de fútbol. Foto: AeA Colombia


Edwin Navarro: la voz de las víctimas

“Mi nombre es Edwin Navarro, pero no es tan importante mi nombre sino la gente a la que represento. Represento al área rural de El Salado, a las veredas, seis veredas que viven en condiciones que me gustaría que todos ustedes conocieran. Porque una cosa es lo que yo pudiera decir con mis palabras y otra cosa las imágenes que ustedes pudieran captar con sus propios ojos; creo que una imagen vale más que todas las palabras.

Quisiera contarles una nueva versión de David y Goliat, siendo David el pueblo de El Salado y sus veredas. Pero esta nueva versión no enfrenta a un solo gigante, sino que a este David le toca enfrentar todos los días de su amanecer a gigantes. Gigantes que lo han querido callar, gigantes que lo han querido desaparecer, dificultades que, como les dije, con palabras no se pueden expresar. Tal vez, si empezara a hablar de cada una de ellas, como la falta de electrificación o la falta de agua potable, la carencia de un puesto de salud, la carencia de educación, de pronto la carencia de herramientas y tecnologías para hacer producir mejor el campo, tal vez ustedes me dirían, ¿entonces, por qué retornaron?

Porque los saladeños, los saladeros, los habitantes de El Salado y de sus veredas, cuando nos vimos forzados a dejar las tierras donde crecimos, donde soñamos vivir siempre, nos fuimos de pronto a ciudades donde sí teníamos luz, agua, mejores condiciones… pero no era nuestra tierra, allí nunca soñamos vivir. Allí llegamos por la acción de personas que se creyeron que tenían el derecho de destruir a un pueblo, que creyeron que tenían el derecho a callar con el sonido de las balas la acción y representación de toda una comunidad de aproximadamente 7.000 habitantes. Pero regresamos, porque esas son nuestras tierras, allí nacimos, allí vivimos aun con todas esas necesidades”.

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