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La arqueología también sufre el sesgo político

Yacimientos que están en localidades del Partido Popular reciben financiación y ayudas, mientras que en localidades gobernadas por el PSOE están abandonados.

El estado del yacimiento toledano de la Vega Baja, ejemplo de abandono a pesar del valor incalculable de sus restos.

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Yacimiento de la Vega Baja, Toledo

Yacimiento de la Vega Baja, Toledo

También el patrimonio de Castilla-La Mancha está expuesto al sesgo político de quien gobierna en las competencias que concierne a los, afortunadamente, muchos restos arqueológicos y yacimientos que existen en la región. En una comunidad que es de las que más restos arqueológicos aportan a museos nacionales (también por su gran extensión), algunos restos mantienen a trabajadores en los mismos e investigadores mientras que otros se encuentran en una situación de abandono, según intereses políticos y no culturales o científicos.

Dos ejemplos se pueden encontrar a escasos 20 kilómetros de distancia entre sí. El yacimiento de la finca de Guarrazar, en la localidad toledana de Guadamur, donde se ha celebrado el pasado fin de semana las octavas jornadas visigodas, es uno de los más importantes de la región. Y no deja de dar nueva información, como es el caso de hace unas semanas cuando se descubrió la planta de una basílica y monasterio que los propios investigadores señalaban puede ser "de proporciones inmensas". Habría sido la segunda casa de la corte de los reyes visigodos de Toledo. Además, en esta localidad, se halló el tesoro de Guarrazar, unas joyas visigodas expuestas en museos parte de ellas mientras que otras fueron robadas y nunca se recuperaron. Aún hoy se siguen recuperando joyas (un zafiro, recientemente) y hallando nuevos vestigios de la cultura visigoda en este yacimiento, que lleva en activo décadas.

Las primeras joyas de este yacimiento se encontraron a mediados del siglo XIX y ya con el franquismo la excavación fue fija. Sin embargo, el Ayuntamiento de Guadamur (PP) ha dado el título de 'caballero visigodo' al consejero de Cultura, Marcial Marín, "por permitir las excavaciones de Guarrazar", a pesar de que llevan décadas existiendo.

La capital toledana es famosa por los restos de todas las culturas que tiene. Sin embargo el yacimiento de la Vega Baja, encontrado cuando se excavaba para edificar esa zona, lleva años abandonado. En esa zona se encontró la urbs regis, la capital de los visigodos en España, es decir, que hablamos del palacio donde el reino visigodo de toda la península era gobernado. Desde la Real Fundación de Toledo pidieron, en vista al gran patrimonio que a día de hoy está expuesto, simplemente vallado pero no tapado, que se tape para proteger todo el yacimiento ahora al aire libre. Eso como mínimo en vista de que no está planeado que se investigue y se trabaje sobre él para descubrir su estado.

El museo arqueológico que se iba a hacer en esa zona también es un proyecto que ha quedado abandonado. Para no perder este patrimonio, aparte de su protección, es necesario un Plan de Ordenación Municipal (POM) que lo incluya como terreno a proteger y lo elimine que en su zona se puedan construir nuevas viviendas, y hacer el terreno no edificable por interés cultural. Desde la Real Fundación de Toledo pidieron que estos terrenos se hagan zonas verdes (siempre con distancia a los restos patrimoniales) ya que ahora no se usan. Así se dotaría Toledo de una zona verde que podrían aprovechar los vecinos mientras ese proyecto está parado. Actualmente la desprotección de la zona ha hecho que sea poco más que un solar con rastrojos y malas hierbas sobre él.

Partidos políticos también llevan en su programa relanzar el yacimiento de la Vega Baja. El que más interés lleva poniendo en el tema desde hace años ya es Ganemos-Izquierda Unida, con visitas habituales a los terrenos de su número uno, Javier Mateo. Esta formación pide la creación del proyecto original así como trabajar en descubrir los restos de un yacimiento cuya mayor parte está aún bajo tierra.

Por su cercanía al campus, es un asunto que también competería a la Universidad de Castilla-La Mancha. Por un lado porque se podría ampliar el campus de la fabrica de armas con estos terrenos incluyéndolos en el mismo y por otro porque es una fuente de investigación que puede atraer arqueólogos de toda España, relacionándolos con la institución académica.

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