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Cultura & tecnología

Plagio y despido: seis historias desconocidas detrás de grandes éxitos de Pixar

Llega a nuestras librerías el ensayo ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, del escritor y periodista Doc Pastor

A la espera de Coco, próximo film de la factoría, es un buen momento para recordar esas pequeña historias que se esconden detrás de sus películas

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Woody y Buzz Lightyear, protagonistas de Toy Story y míticos iconos de Pixar

Woody y Buzz Lightyear, protagonistas de Toy Story y míticos iconos de Pixar

Es curioso pensar en Pixar y en cómo ha cambiado la industria de la animación desde que irrumpieran como una locomotora en un cementerio con Toy Story en un no tan lejano 1995. La película de los juguetes que cobraban vida cuando tú no los mirabas fue la piedra de toque de un imperio que Disney compró el 26 de enero de 2006 por la nada desdeñable cantidad de 7.400 millones de dólares.

A día de hoy, el estudio del flexo ha estrenado un total de 18 largometrajes, muchos de ellos entre los títulos más influyentes de animación del siglo XXI. Pero no es difícil ver que el estudio de Up y Wall-E ha perdido fuelle  enfrascado en secuelas y precuelas de resultado dispar, mientras sus títulos realmente originales no terminan de alzar el vuelo, ya sea con la correcta Brave, el relativo fracaso de taquilla que supuso El viaje de Arlo o a pesar de haber ofrecido una obra maestra llamada Inside out hace apenas dos años.

Los altibajos del estudio han puesto las cosas más difíciles a sus fans. Tras el recibimiento poco entusiasta de Cars 3, todos los ojos están puestos en Coco. Y la esperanza no es en vano, pues la primera película del estudio en la era Trump será una carta de amor a México y su cultura.

Entre tanta expectación llega a nuestras librerías un pequeño regalo para fans.  Dolmen Editorial acaba de publicar ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, un ensayo del periodista Doc Pastor, que se revela como una carta de amor al estudio del flexo. Pero también, una oportunidad para descubrir la otra cara de las películas que tanto amamos.

Toy Story y el viernes negro

Cuando en las oficinas de Pixar se menciona el Black Friday, nadie piensa en esa celebración del consumismo depredador que supone el inicio de las compras navideñas en muchos países de Occidente.

En el estudio, el viernes negro es el recuerdo de la primera proyección de Toy Story que Pixar hizo para los ejecutivos de Disney. Un desastre memorable que hizo que Jeffrey Katzenberg, por entonces presidente de la división animada del gigante del ratón, entrase en pánico y estuviese a punto de suspender el proyecto.

Curiosamente, aquel pase no funcionó porque los creadores de Pixar habían accedido a muchos cambios de la casa de Mickey Mouse con respecto a su idea original. Toy Story estuvo a un paso de ser un musical lleno de canciones ñoñas y un vaquero siniestro pero incomprendido como protagonista.

Por suerte, Steve Jobs, entonces máximo accionista de la compañía, salvó los muebles pagando las horas extras de dos semanas maratonianas en las que los talentos de John Lasseter, Andrew Stanton y Joss Whedon -el director de Los Vengadores-, devolvieron el proyecto a sus orígenes de buddy movie añadiendo muchos de los personajes que hoy conocemos.

A principios de los noventa, Disney y Pixar eran aún empresas independientes, pero su alianza en cuanto a producción se refiere era vital para que el primer largometraje de la compañía viese la luz.

El pulso por Toy Story fue esencial para marcar las distancias entre ambos. No es un secreto que Katzenberg quería comprar Pixar para hacerse con su tecnología y desmantelar la empresa. Por suerte no fue así y Toy Story cambió la historia del cine para siempre.

Bichos: el huevo y la gallina

Después de haber dado mil y un quebraderos de cabeza, Jeffrey Katzenberg dio un portazo a Disney, harto de enfrentamientos con magnates como Michael Eisner, para crear su propia compañía. Con amigos como David Geffen y Steven Spielberg le fue fácil construir un estudio llamado DreamWorks, hoy máxima competencia de Pixar en el mercado animado norteamericano.

El destino quiso que la tensión entre Katzenberg y los directivos de Disney no terminase con su marcha, pues en 1998 se estrenaron prácticamente al unísono Bichos: una aventura en miniatura, de Pixar, y Antz (Hormigaz), primer largometraje de DreamWorks. Dos películas con formícidos como protagonistas que compitieron en taquilla e hicieron saltar las chispas ya casi olvidadas entre sus cabecillas.

El director de Bichos, John Lasseter, no se cortó en decir que la competencia se había apropiado de ideas que no le pertenecían. Katzenberg se defendió asegurando que Antz (Hormigaz) se basaba en una idea original de Tim Johnson que nada tenía que ver con Pixar, pues databa de 1991.

Lo cierto es que, diez años antes de esta polémica, Disney canceló un proyecto llamado Army Ants, la historia de una hormiga pacifista que vivía en una colonia militarizada y se rebelaba ante las normas impuestas por sus superiores. ¿Fue este el origen de ambas películas? ¿Se llevó Katzenberg la idea de Disney? El misterio seguirá siendo irresoluble.

Monstruos S.A. y los cíclopes casuales

Los aficionados al rock norteamericano de los sesenta y setenta conocerán al afamado ilustrador  Stanley Mouse por haber pintado célebres portadas psicodélicas para bandas como Journey o Grateful Dead. De hecho, el ilustrador se hizo célebre en aquellos años gracias a sus formas exageradas y su utilización absolutamente genial del color.

Años después, Mouse tuvo entre manos un proyecto cinematográfico genial llamado Excuse My Dust... que no tenía quien lo financiase. Tras un tiempo llamando a las puertas de los estudios de animación, se dio por vencido. Su película nunca vería la luz.

Al menos hasta 2001, cuando el ilustrador fue al cine a ver Monstruos S.A., cuarta película de Pixar, y se encontró con que los diseños de algunos de los monstruos del largometraje que nadie le quiso comprar estaban vivitos y coleando en los cines de medio mundo. Entonces demandó al gigante del ratón pero se las vio con su equipo de abogados, que consiguieron probar que Monstruos S.A. se había desarrollado de forma independiente y que cualquier parecido con la obra del afamado autor era pura casualidad.

Verdad o no, las influencias  se ven si uno compara los diseños de memorables personajes como el simpático cíclope Mike Wazowski o su compañera Celia Mae con algunos dibujos de Excuse My Dust. Pero cualquiera se enfrenta a Disney para demostrarlo y las casualidades, queramos o no, existen.

Cars: el plagiador plagiado

La primera entrega de Cars se estrenó en 2006 y resultó ser un éxito abrumador no por sí misma, sino por la cantidad ingente de millones que generó en merchandising. Marea de productos de todo tipo basados en una idea tan simple como ponerle ojos a los coches y también empujón más que necesario para el estudio que, sin embargo, no impidió la inevitable absorción de Pixar por parte de Disney ese mismo año.

A pesar de todo, el estudio había conseguido crear su primera gran máquina de hacer dinero con una película de escasa originalidad, el valor que había sido la característica de la compañía.

La cantidad de influencias que Cars destilaba, tanto argumental como visualmente, la pusieron en el punto de mira de muchos que veían en ella las finas costuras que unen la inspiración con el simple plagio. Por lo que fuera, jamás recibieron una demanda por este motivo.

El caso es que en 1952 se estrenaron dos cortometrajes íntimamente ligados a Cars: One Cab's Family y Susie the little Blue Coupe. El primero cuenta la historia de un taxi que quiere ser coche de carreras, aunque su familia oponga. Tras un accidente tendrá que decidir si se dedica a su pasión o a su impuesto destino.

El segundo narra la historia de Susie, una coche que es adquirida por un joven rico que la explota y la abandona tras haberse quedado anticuada... en un desguace en el que encontrará una segunda oportunidad.

Por si fuera poco, el autor de Pixar a través de sus películas  señala otra "influencia" más evidente: Doc Hollywood. En la película su protagonista, Michael J. Fox, es un joven arrogante y de éxito que por accidente llega a un pequeño pueblo rural en el que aprenderá el valor de la humildad, la amistad y el amor. De hecho, caerá rendido ante una mujer que estudia para ser abogada, profesión que comparte con el interés romántico del protagonista de Cars.

El destino quiso que aquel que no reconoció nunca las ideas prestadas terminase por vivir en sus carnes el problema. El primer susto llegó en 2006 desde Brasil con la venta doméstica de un film llamado Os Carrinhos que copiaba casi hasta límites preocupantes todos y cada uno de los personajes de Cars. Y el segundo llegó de China con una cinta llamada Qi che ren zong dong yuan, otro fotocopia a todo color de la cinta de Pixar.

El talento en la sombra de Ratatouille

Para el rodillo de la memoria cinematográfica reciente, el mérito de Ratatouille parece haber recaído en los hombros de Brad Bird, director que repetía en la factoría tras hacer un grandísimo trabajo con Los Increíbles. Sin embargo, siempre hay nombres propios que quedan olvidados por una razón u otra.

Ratatouille olvidó el nombre de Jan Pinkava, animador que trabajaba en Pixar desde 1993 y que a mediados de esta misma década, presentó una idea para el estudio sobre una rata que quería ser chef y se servía de un humano para conseguir cumplir su sueño.

El proyecto avanzó, se diseñaron todos los personajes y escenarios y Pinkava dirigió durante un tiempo un equipo que creó un Ratatouille muy cercano al que vimos en cines. Sin embargo, avanzado el desarrollo, Pixar apartó a Pinkava del proyecto y puso al mando a Bird, que dio más peso a la trama romántica humana que a la del roedor y sacrificó personajes como el chef Gusteau, un muerto, literalmente, en la película que llegó a los cines.

Pinkava, que fichó por el estudio LAIKA después de aquello, sigue reconociendo Ratatouille como su primer film y, de hecho, consiguió que en los títulos de crédito figurase como codirector, aunque pocos recuerdan hoy su nombre. No deja de ser curioso que se trate de una cinta en la que un cocinero gana méritos gracias al talento de alguien cuya autoría más vale no reconocer.

Brave: la cinta feminista que despidió a su directora

A mediados de los 2000, Brenda Chapman creó una historia llamada The Bear and the Bow, un cuento de hadas que unía la complicada relación que tenía con su hija con su herencia cultural escocesa, idea que desarrolló en Pixar. El objetivo: estrenar una película que narrase la historia de "una princesa Disney" distinta, que no dependiese de ningún hombre y que persiguiese sus sueños a costa de quien fuese.

A Disney no le gustaba la concepción de la princesa ni narrativa ni visualmente. Así que apartó a su creadora un año antes del estreno, poniendo al veterano Mark Andrews, animador de Las Supernenas, Samurai Jack o El gigante de hierro, al mando del equipo. La compañía aseguró que se trataba simplemente de que la historia se había estancado y no se estaban cumpliendo los plazos acordados para estrenar la película, pero la polémica no se hizo esperar.

Champan acudió a los medios para denunciar que  Disney había sexualizado a la princesa que ella había concebido y que eso la hacía mucho más estereotipada de lo que pretendía. Ante la polémica, hay quien cree que que Pixar intercedió para defender la concepción de Chapman. Ella misma dijo entonces: "La historia que creé fue algo muy personal, como mujer y como madre. Que me lo quitaran y se lo dieran a otro, y a un hombre, además, fue agobiante a muchos niveles. Pero al final mi visión salió adelante".

Y así fue: su idea original se mantuvo en la película de la misma forma que Mérida, la princesa protagonista, conseguía hacer valer su opinión y su poder en una sociedad patriarcal. Aunque en la vida real, Champan terminase fuera de Pixar haciendo aun más visible el dato de que la factoría no cuenta, a día de hoy, con un solo título dirigido por una mujer.

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