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Cultura & tecnología

¿Y regalar tebeos? Aquí un puñado de sugerencias recién salidas de imprenta

Desde cómics experimentales hasta otros que pasean entre el amor y la muerte: un recorrido entre obras perfectas como regalo (o autoregalo) de Reyes 

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Viñeta de 'Fellini en Roma'

Viñeta de 'Fellini en Roma'

Sadbøy, de Berliac. Editorial Sapristi.

Sadboy

¿Qué distancia hay entre la delincuencia y el arte contemporáneo? En Sadbøy (Sapristi), Berliac traza la línea recta que va de la marginación más cruda hasta las luces del gran espectáculo, dos lugares que comparten conceptos de ida y vuelta como la sordidez o el vasallaje.

Berliac es un argentino afecto a los modales narrativos del manga, que se distingue del cómic occidental en el ritmo, en que sume al lector en un trance físico de estar pasando una página mientras todavía está leyendo la anterior. A esa velocidad de crucero, apropiándose de las herramientas del gekiga, el manga interesado en temas adultos, propone un thriller sobre, precisamente, la apropiación, la identidad y las circunstancias individuales.

Sadbøy acaba siendo un canto a la disidencia y la rebeldía como respuestas a un sistema sin dignidad, que genera e instrumentaliza situaciones colectivas como la de los refugiados, tema de fondo sobre el que transcurre este tebeo dedicado a la memoria de Jean Genet, de cuya novela El niño criminal toma las enseñanzas antisociales y la aspiración a que la obra sea tan verdadera, absoluta y definitiva como un crimen.

Voyeurs, de Gabrielle Bell. Ediciones La Cúpula.

Voyeurs

Menos airado y más epidérmico es el trabajo de Gabrielle Bell, todavía una desconocida en nuestro país pese a que títulos suyos como Afortunada o Cecil y Jordan en Nueva York cuentan con traducción al castellano desde hace tiempo. A ellos se suma ahora Voyeurs (Ediciones La Cúpula), una serie de historias autobiográficas, más próximas al diarismo que a la escritura de la memoria, donde la autora británica pone en escena pasajes de su vida interior y estados de ánimo a los que da forma de suceso o de vivencia para ayudarse a expresarlos.

La vida cotidiana de Gabrielle Bell es tan anodina y tan envidiable como la de cualquiera que se dedique a la contemplación y la supervivencia artística: dibuja, ramonea, acude a convenciones donde hay personas adultas vestidas de superhéroes, se encuentra con colegas de profesión, baja a tomar algo, imparte charlas en escuelas de arte, fantasea, se obsesiona, se tumba a la bartola, vuela en avión, viaja en tren, conoce otros países y siempre vuelve al punto de partida, que es ella misma tal vez dispuesta a un ataque de ansiedad.

La frustración y una melancolía de base, maneras con muy mala prensa pero muy lícitas de estar en el mundo, son el combustible que alienta estas crónicas existenciales algo crispantes en su desahogo, pero muy por encima de la empatía viral o de la pornografía sentimental que hoy motoriza casi toda la literatura del yo.

Vidas cruzadas

Fellini en Roma, de Tyto Alba. Editorial Astiberri

Fellini en Roma

Se habla poco de que la primera vocación de Fellini fue dibujar historietas, algo que practicó en las páginas de revistas satíricas como Marc’Aurelio. En Fellini en Roma (Astiberri), Tyto Alba propone un retrato biográfico del cineasta a partir de esos márgenes de su figura, y el primer recurso del que se sirve es uno aprendido del italiano: tomar los sueños no como residuo sino como vida plena.

Los sueños de Fellini, muy bien documentados por él mismo ya que durante treinta años estuvo dibujándolos por prescripción médica, se reproducen en esas acuarelas mansas características de Alba y se entreveran en pasajes de la biografía del artista, que anciano e insomne recorre la ciudad localizando entre las piedras recuerdos de su llegada. Rossellini, Bergman, Pasolini, Mastroianni y otros colegas, además de Giulietta, Anita o el mismísimo Mastorna, hacen acto de presencia en esta aproximación somera y parcial pero cariñosa y muy alejada del habitual fárrago que rodea al cineasta.

La encrucijada, de Paco Roca. Editorial Astiberri.

La encrucijada

La encrucijada (Astiberri) es la crónica que hace Paco Roca de su amistad con José Manuel Casañ, líder de Seguridad Social que aporta a la edición un disco de la banda con temas de distintos palos, canciones que se irán desgranando en el cómic y que Roca aprovechará para soltarse el pelo y referenciar a maestros y estilos.

La encrucijada recuerda las maneras divulgativas de Los ignorantes, aquel libro en que el dibujante francés Étienne Davodeau intercambiaba experiencia y conocimiento profesional con un viticultor. La diferencia es que aquí Roca peca de humildad y descarga su lado de la balanza, intercala apenas algunas anécdotas propias y busca equivalencias con su oficio, pero en realidad entrega al músico un espacio a todas luces excesivo que el autor de Arrugas, en cualquier caso, sabe hacer atractivo con su narración siempre tan grata y asequible.

El talento natural de Paco Roca es extraer humanidad, y en esa labor es infalible aunque sea deambulando en torno a los modelos industriales o la identidad geográfica del sonido. El relato que se narra, finalmente, está lejos de ser un ensayo sobre la creación artística pero a la vez es el del propio proyecto, su gestación y su desarrollo. Así, asistimos a las primeras reuniones entre Roca y Casañ, donde le buscan la naturaleza a su colaboración, escuchamos sus dudas y vivimos el ambiente en el estudio de grabación donde se confecciona el disco que acompañará a este libro sin duda valioso para los seguidores de Seguridad Social.

Marginales y experimentales

Fast Food, de Josep Maria Vallés i Torner. Editorial Edicions de l’Eixample.

Fast Food es un libro de bolsillo que viene con el sello de Edicions de l’Eixample y la firma de Vallès, el que fuera dibujante en Por favor, Hermano Lobo, El Víbora y un sinfín de revistas fundamentales para nuestra construcción. Tras su descacharrante álbum Mira que eres perro, el autor recopila ahora un puñado de estampitas en las que una serie de figuras humanas van haciendo, digamos que viven su vida a razón de una viñeta por página.

'Fast food', de Vallés

'Fast food', de Vallés

A modo de ejemplo: "El cabrón de tu padre me ha tirado el cocido encima", dice una madre hecha una calamidad. "¡Pues vámonos a ARCO!", propone el hijo entusiasmado. Otro: "A las tres me voy a Barcelona". "Pues sobre todo mucho cuidado con las bicicletas".

Se suele dar por hecho que la tarea del humor gráfico es presentar la realidad deformada, pero en tiempos grotescos basta con destorcerla. El humor de Vallès opera en esa dirección, y como viene a decir Javier Pérez Andújar en el prólogo al librito, su aportación es la normalidad, lo cotidiano, la sensatez y la tranquilidad de que alguien esté viendo las cosas en su verdadera apariencia.

Fast Food es un rosario de pildorazos dibujados en línea chunga que se leen y se releen y recargan el encéfalo del sentido común. La edición es minúscula y se mueve al margen de librerías, pero tal vez pueda conseguirse acudiendo al autor, que como civil atiende, por si hubiera que rastrearlo en redes para entregarle nuestro dinero y pedirle un ejemplar dedicado para hacer un regalo con clase, por Josep Maria Vallés i Torner.

Conociendo a Jari, de José Ja Ja Ja. Editorial Fulgencio Pimentel.

Conociendo a Jari

Conociendo a Jari, de José Ja Ja Ja, es el monólogo de un finlandés de cincuenta y tantos que vive y trabaja en la España central. Llegó al país llevado de un impulso, por ver jugar a Larry Bird en un partido amistoso, pero esa misma tarde, mientras los Boston Celtics iban anotando, él perdía el rumbo, se dejaba llevar y sentaba campamento. En la actualidad, Jari escucha sus deseos y los lleva a cabo pese a las circunstancias adversas: se dedica a fabricar barcas estrafalarias que abandona en la meseta manchega.

Conociendo a Jari no es un tebeo para todo el mundo, pero cuando se encuentra con su lector se ve transfigurado en fiesta, se pone en pie y baila desorejado. La propuesta de José Ja Ja Ja no puede asignarse a corrientes conocidas y viene blindada por el descaro de quien no contempla a los maestros y elige caminar el alambre de la intuición, asumiendo los temores, el riesgo y las rebabas de ridículo como expresión. El resultado es una lectura excéntrica, sin adulterantes, muy sugestiva para los sectores duros de la afición y quizás un descubrimiento para aquellos que se sientan atraídos por las ensenadas del pensamiento, descampados mentales donde el paisano Jari, entre la austeridad y la carnavalada, tantea las alegrías de un lenguaje nuevo y radiante.

Paseo por el amor y la muerte

Night Business, de Benjamin Marra. Editorial Autsaider Cómics.

Night Business

Night Business (Autsaider Cómics) es un tebeo de Benjamin Marra, un autor que en su obra propone precariedad técnica y genuino regocijo infantil. A primera vista, el tío estaría como una campana: sus tebeos son machistas, sexistas, misóginos y fascistoides. Para un progre estarían promoviendo conductas censurables y en general contienen tal cantidad de violencia gratuita que es imposible leerlos sin ponerse perdido de sangre, de culpa y de cachondeo. En realidad, lo que hace Marra es desplegar un magnífico afán de vida combinando pulsiones primarias y sirviéndose de los ingredientes fulgurantes: el sexo y la violencia.

Por lo demás, unas bailarinas están siendo acuchilladas, y esto a Johnny, que es representante de bailarinas, no le está gustando un pelo. Así empieza una aventura en la ciudad que se desarrollará en clubes nocturnos, naves industriales y áticos de un ambiente, y que irá convocando a motoristas, tíos con crestas, ramalazos sentimentales, sectas, fármacos de última generación, lanzallamas, hombreras y todo lo necesario entre el cine de acción macarra y el terror de asesinos enmascarados.

Toda esta mitología descerebrada procede de los años 80, cuando la codicia se tradujo en ansiedad física, fiebre armamentística y culto al cuerpo, dando lugar a la serie de monstruos hipertrofiados que hoy componen la normalidad. Night Business, pura lujuria ciclada, recoge esas patologías con una precisión abrumadora. En el fondo es lo mismo que hacen los tebeos de superhéroes, pero Marra es mucho más divertido porque lo suyo es un sacerdocio de la serie zeta. Si se hiciera una película, tendría que dirigirla Albert Pyun.

Crónica Negra, de Miguel Ángel Martín. Editorial Reino de Cordelia. 

Crónica negra

Crónica Negra (Reino de Cordelia) no es tanto un cómic como un libro ilustrado por uno de nuestros más notables autores de historieta. En sus páginas se recupera el trabajo de Miguel Ángel Martín para el periódico La Crónica de León, en cuya redacción se sentó a mediados de los años 80 para poner en imágenes sucesos macabros tanto de la actualidad como de la historia reciente. Noticias abundantes en pasiones, disputas por naipes, tierras o calderilla que se saldaban a puñaladas o garrotazos.

La crónica negra, ese género que devuelve a la muerte sus derechos cotidianos, es uno de los tesoros folclóricos de este país envidioso y carnal, de luz tenebrosa y sangre caliente. Martín lo supo siempre, y con el estilo todavía párvulo ya se deleitaba en nuestra realidad más sangrienta con dibujos que venían a celebrar titulares irresistibles: "El asesinato de la hilandera", "La venganza del pastor asesino", "Crimen por celos en una pensión" o "Ahoga a su suegro en el pozo de una noria".

El libro tiene una entidad relativa como tal, pero resulta una pieza indispensable en la bibliografía de su autor, un maestro de lo implacable que según las pacatas leyes actuales incurriría en la ilegalidad cada tres páginas. Suerte que tebeos no lee nadie.

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