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EXTREMADURA

El son de los asombros

Monago, cada día más perdido

"Ya no tiene otra opción que la de irse, para no hacerse más daño, para no perjudicar más a Extremadura y para no arruinar a su partido"

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Monago frente a quienes le acusan: "hay que limpiar de mierda este patio"

El autodenominado “verso suelto o barón rojo del PP” va de mal en peor. Como  pollo sin cabeza, cada día más perdido y alejado de un sentido común básico que lo empecina en cuadrar un círculo, en el que está cayendo como si fuera una fosa sin fondo. Por el bien de todos debería pararse, deberían pararlo. Esta semana he mantenido varias conversaciones con un amigo que suele estar en la pomada de lo que ocurre, de los qué y de los porqués y ninguno de los dos entendíamos que tanta torpeza encadenada no estuviera programada, no persiguiera un fin concreto, que se nos escapaba.

¿A qué se debe este harakiri mediático de Monago, saltando del coro al caño, con una verborrea tan rematadamente estúpida? ¿Tan iluso es como para creer que puede hacernos ver que su aparatosa desnudez la cubre con manto de armiño? Incluso su lenguaje corporal proclama a gritos que es un “trolas”, pero sigue empecinado en considerar que todo el mundo es idiota y que él es el faro que ilumina el universo, (Yo, yo, yo, el señor Monago, este presidente que les habla, yo, yo…) cayendo incluso en el concepto fascista de creer que el que lo ofende nos ofende: “Cuando me atacan, también lo están haciendo al pueblo de Extremadura”. ¡Qué desnorte, qué empanada mental, qué pena que alguien así esté donde él está!

Es tan torpe lo que está haciendo que cuesta aceptar que no está programada tanta idiotez y, por ser generosos, algunos incluso pensamos que guarda un conejo en la chistera, porque es imposible hacerlo tan rematadamente mal sin un propósito definido. Todos, tal vez menos Monago, hemos visto su deriva hacia una grandilocuencia grotesca de rico nuevo, sus subrayados ridículos en discursos que lo mismo podían leerse de principio a fin que de fin a principio y muchos hemos señalado con el dedo al rasputín que maneja sus bridas como un rejoneador las de su caballo. ¿Sigue el consejero de Ocurrencias siendo el artífice de una estrategia tan carente de sensatez? Si es así se ha convertido en un peligro, no ya para Monago sino para toda Extremadura. El que ataca a Monago no ataca a Extremadura, pero es evidente que los ridículos de Monago los esparce como el  hipopótamo sus excrementos y nos afectan, porque todos quedamos en ridículo, no con él, pero sí por él.

Lo que en principio fue un problema menor, no ilegal, de moral o ética personal -conceptos ambos con excesivas interpretaciones-, Monago lo ha convertido con sus estrafalarias puestas en escena, en un problema de credibilidad que lo está dejando desasistido en Extremadura, en España y si sigue así traspasará fronteras para acabar en el DRAE: “Monagada: empecinamiento, pertinaz testarudez para intentar cambiar la realidad con soflamas de autocomplacencia”. Pudo reconocer lo evidente y aceptar humildemente el error, cerrando en horas este interminable suicidio político, pero su soberbia y egolatría lo han llevado a una espiral en la que ya lo que menos importa son los vuelos para sus asuntos personales.

Si por ellos podía seguir,  -un poco renqueante, claro- ya no tiene otra opción que la de irse, para no hacerse más daño, para no perjudicar más a Extremadura y para no arruinar a su partido. En el PP, me consta, hay mucha gente sensata y, con excepción de los que están en la mamandurria, para todos sería un alivio cerrar este capítulo que saben los está cercenando electoralmente. Los cierre de filas, los aplausos y los apoyos incondicionales son como flores para los muertos, que sí, que qué pena, pero que nadie quiere en casa. Nadie, excepto Juana la Loca, quiere a un muerto en su mesa.

En su obnubilación, Monago no es consciente de que se ha convertido en un “hombre-risa” y que su verborrea de mercadillo el auditorio la enmarca en el “club de la comedia”. Ha comenzado a hacer gracia y ya es un capítulo de la chistografía nacional. ¿Puede seguir así los seis meses que restan de legislatura? Está tan aferrado al cargo que creo que él sí puede, pero ¿puede Extremadura? PSOE, IU (que por fin, ya veremos, se ha caído del caballo), y los regionalistas de Crex-Prex, están obligados a entenderse para buscar fórmulas que abrevien esta agonía. Mantener ahí  a Monago es hoy un lujo que no pueden permitirse y que Extremadura no se merece. Que no se quejen mañana si el electorado les dice “pudisteis y no lo hicisteis, ahora nosotros Podemos”.

Este y otros artículos de Tomás Martín Tamayo los puede leer también en su blog 'Cuentos del día a día'

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