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¿Burbuja de series? El exceso de canales lleva a audiencias y taquillas mediocres

Ahora que Netflix, HBO y Amazon Prime Video están en España, los usuarios más seriéfilos se enfrentan a un reto cada vez más complicado: sacar tiempo (y dinero) para disfrutar del sinfín de creaciones que ahora están a su alcance. Parece que estamos alcanzando un "pico televisivo" que hace peligrar la calidad de las propias producciones, la economía de sus responsables e incluso la supervivencia de algunas plataformas de 'streaming'.

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No separarse de la pantalla: esa es la única manera de ver (casi) todas las series de moda

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Ni los maratones son ya suficientes. El ‘binge watching’ se queda corto para ver la infinidad de episodios de las muchas temporadas de las innumerables series que están de moda. No en vano, a lo largo del pasado 2016 la industria audiovisual norteamericana  dio a luz a 455 nuevas producciones televisivas, un 8 % más que en 2015. En España, verlo todo tampoco es fácil: a las producciones patrias  hay que sumar las más de 300 presentes en el catálogo de Netflix, el centenar de la recién aterrizada HBO y las que oferta, por su parte, Amazon Prime Video.

Además, la vida útil de las no tan novedosas se ha alargado, y disfrutar de las diez temporadas de 'Friends' es tan fácil como hacer lo propio con los veinte capítulos de 'Narcos', aunque el estreno de una y otra serie esté separado en el tiempo por más de dos décadas.

Por si fuera poco, buena parte de los estrenos ya se producen de forma simultánea en todo el mundo, de forma que la serie de éxito en Estados Unidos puede ocupar al mismo tiempo el trono europeo. Mientras tanto, y aunque su modelo de negocio siga siendo el de siempre (la publicidad), las cadenas de televisión tradicionales también producen series que ya no solo se ven a través de la pequeña pantalla.

Las dos temporadas de 'Narcos' son tan accesibles como las diez de una serie histórica como 'Friends'

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“Si lo entendemos con una definición clásica, como una especie de desequilibrio entre la oferta y la demanda, parece que sí está empezando a producirse una burbuja de series”, explica  Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid y autora de numerosos libros sobre el medio televisivo, a HojaDeRouter.com.

De hecho, el presidente y director ejecutivo del canal norteamericano FX, John Landgraf,  ya predijo la llegada de esta burbuja (a la que él denominó “pico televisivo”) en el verano de 2015: “Eso es, simplemente, demasiada televisión”, sentenciaba el productor entonces.

Ni audiencia ni ruido

Precisamente, su cadena fue protagonista hace solo unos meses de lo que el propio Landgraf auguró, que también es lo que Cascajosa espera: tras un aluvión de series, la escasa audiencia de algunas y su fracaso a la hora de generar expectación propiciarán una suerte de selección natural que hará que solo las más aptas sobrevivan. En el caso de FX, la desgracia llamó a la puerta de ‘Tyrant’, una serie sobre la familia de un tirano de Oriente Medio, que  ha sido cancelada después de tres temporadas. Con ello,  tres millones de dólares por episodio se han ido, prácticamente, a la basura.

“Era una serie bastante estimable, con un resultado de audiencia no muy bueno pero aceptable, y realmente se podría haber podido renovar”, resume la profesora. “Cuando se canceló, uno de sus productores ejecutivos dijo que el problema era que tenían la audiencia justa pero no había tenido ruido”, explica Cascajosa.

'Tyrant' es una de las primeras víctimas de la aparente burbuja de series

'Tyrant' es una de las primeras víctimas de la aparente burbuja de series

El objetivo cuantificable de la audiencia no es el único factor que importa a día de hoy. El ruido social que logre generar una serie puede ser su cohete hacia el éxito o el camino directo hacia su tumba. Así, esa selección natural de series en plena burbuja podría venir determinada por algo tan lejano a los artistas como el 'marketing'.  “Si una serie no genera ruido y no contribuye a la marca, cuando su función era hacerlo, significa que sí se está produciendo una burbuja”, señala Cascajosa.

“Genera cierta distorsión el hecho de que ciertas cadenas o plataformas generen muy bien el ruido como HBO o Netflix, y al final puede pasar que series que no son tan buenas tengan éxito por la maquinaria promocional que ponen en marcha”, añade la profesora. Mientras tanto, otras series de calidad pueden pasar desapercibidas por no contar con la misma difusión. “Hay muchas series que son interesantes y que no construyen ese prestigio critico porque hay demasiadas”, sentencia. “Muchas series no van a llegar al público porque las horas del espectador son limitadas”.

El origen del ¿problema?

“Antes las productoras tenían casi una situación de cártel a la hora de distribuir sus contenidos”, rememora Oriol Solé, cofundador de Tviso. En esa coyuntura, Netflix y compañía se embarcaron en la producción de contenido propio para no depender de terceros. “Eso les quita un cierto riesgo de que, de golpe, Disney o Universal retiren sus contenidos de su plataforma y terminen ofreciendo un servicio que no sea bueno”, explica.

Sin embargo, el padre de la ya desaparecida Series.ly no está tan convencido de que haya una burbuja de series. “A día de hoy no está claro aún si esto es así, porque venimos de un contexto en el que había muy pocos proveedores de contenido, muy pocos productores y muy pocos canales”, afirma Solé.

De alquilar DVD a crear su contenido propio: así ha evolucionado Netflix

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No obstante, en caso de que llegue a producirse el estallido de esa hipotética burbuja, para él, sus síntomas están claros: más allá de la muerte prematura de series que ya se está produciendo a día de hoy, “ habría un descenso súbito de la oferta de plataformas”. No obstante, la situación actual parece encontrarse en las antípodas. “Parece que empieza a haber una oferta más que razonable, con muchos ‘players’ compitiendo”, afirma el cofundador de Tviso.

Lo que se pregunta Solé es si el modelo de negocio actual es el más adecuado para el aluvión de series que se vive en la industria audiovisual. Más allá de si se podrá seguir creando contenido de calidad a pesar de las escasas audiencias, “la pregunta es si todos ellos compitiendo con una fórmula de suscripción podrán ser viable”, comenta.

De hecho, él mismo propone un adiós a las suscripciones individuales que un usuario debe pagar en diversas plataformas para poder tener acceso a todo el contenido que le gusta. “Al final, un modelo de suscripción cerrado puede que no sea la mejor de las alternativas”, afirma Solé. “Muchos usuarios dicen que les gustaría pagar tanto dinero pero tener acceso a todo, o a una cantidad muy razonable de series, algo que a día de hoy es posible pero con cuatro o cino suscripciones”. Así, una suerte de paquete a la carta, compuesto por series procedentes de diferentes plataformas, podría ser la solución. 

Sin embargo, Cascajosa cree que el cambio de modelo de negocio es, a día de hoy, poco menos que impensable y que, de hecho, perjudicaría a la propia industria creativa. “Hay gente que lleva proponiendo desde hace años que se puedan contratar los canales de cable uno a uno y no por paquetes”, recuerda la profesora, quien además explica que el modelo actual de creación de series se iría a pique: “Estas empresas necesitan tener unos ingresos garantizados anuales y ese tipo de fórmulas fuera de la tarifa plana no te los garantizan. Sin estimación de lo que vas a ingresar de tus usuarios, tu política de inversión tendría que cambiar”.

Lo que sí contempla la profesora como salida a esta hipotética burbuja de series es la especialización de las propias plataformas. “En los últimos tiempos, Netflix está invirtiendo en cine en cosas bastante reguleras”, afirma. “Tendrán que especializarse aún más: Netflix está apostando mucho por los documentales, mientras HBO (aunque en España no es algo muy conocido) tiene espectáculos de humor”, explica Cascajosa.

Mientras el sector decide para qué se hacen series (“si es para que circulen y tengan repercusión y luego no la tienen, como negocio está dejando de ser rentable”, subraya la profesora), los usuarios se enfrentan a todo un reto: decidirse por el catálogo que más les guste, pagarlo y luego tratar de sacar tiempo para ver todo lo posible. 

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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Wikimedia Commons, Netflix, FX y Marit & Toomas Hinnosaar

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