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Acoso en los bares: "A todos les parecía muy divertida mi cara de agobio"

Un grupo de chicos rodeó a Irene en una bar: le quitaron la cerveza, le tiraron del pelo y le tocaron un pecho

En un pub, un hombre desconocido tocó el culo a Ana y después se dirigió a su amigo: "Perdona, la había confundido con mi novia"

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Hace unos años, volvía con cervezas en la mano de la barra de un bar atestado de gente. Iba a reunirme de nuevo con mis amigos cuando un grupo de seis chicos me impidieron el paso. Al principio me lanzaron ataques verbales pero, transcurridos unos segundos, hicieron un corro en torno a mí y uno de ellos me tiró del pelo. A continuación, otro me tocó un pecho y el siguiente me quitó una de las cervezas que llevaba en la mano.

A todos les parecía muy divertida mi cara de agobio y se reían a coro de cada insulto. Yo intentaba salir de allí y buscaba a mis amigos con la mirada, pero el círculo se cerraba a mi alrededor. Quiero pensar que el bar estaba tan lleno que nadie se dio cuenta y por eso no vinieron a socorrerme. Cuando conseguí zafarme me fui a toda prisa fuera del bar, con una angustia difícil de explicar y lágrimas en los ojos.

Han pasado ya bastantes años, pero creo que no olvidaré aquella experiencia en la que me vi atacada y vejada por el hecho de ser una mujer y cruzar por delante de un grupo de machistas que no tenían otra cosa que hacer que acosar a alguien que pasaba por allí. También pienso en cuántas veces habrían actuado de manera similar con otras chicas creando recuerdos difíciles de superar.

Irene López.

Mis amigos y yo estábamos en un pub bastante conocido de Salamanca. Habíamos dejado los abrigos colgados en los percheros que hay debajo de la barra y, por la acumulación de gente, nos habíamos ido moviendo hacia otra zona. Cuando quisimos irnos, yo me ofrecí a ir a buscarlos. Al lado de donde estaban había un grupo de chicos.

Cuando empecé a recogerlos, noté que uno de esos chicos me tocaba el culo. Me giré inmediatamente y él apartó la mano. Le pregunté qué estaba haciendo. En ese momento llegó un amigo, que me preguntó qué me pasaba. No me dio tiempo a decir ni una palabra porque el desconocido se dirigió hacia mi amigo: "Ah, perdona tío, la había confundido con mi novia". Se me quedó cara de imbécil.

De todo este asunto aún no sé qué me molesta más: que un desconocido me sobase como si tuviese ese derecho sobre mí o que mi amigo no se diese cuenta de que él no tenía que haber aceptado jamás unas disculpas que no iban dirigidas a mí y además me humillaban aún más. Tengo claro que su falsa disculpa no fue por tratarme como si fuera una objeto, sino que se dirigió a mi amigo por confundirme con algo de su propiedad.

Ana Sánchez.

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