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Las estatuas tienen rostro de hombre

Un recorrido por las calles de las tres capitales vascas confirma el déficit de reconocimiento a las mujeres: brillan por su ausencia las estatuas o bustos que reconozcan la labor desarrollada por alguna mientras abundan la de los hombres.

En Vitoria no hay ninguna escultura dedicada a mujeres excepto las erigidas a vírgenes y santas.

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Un grupo de hombres por la igualdad hace una 'parada' ante una estatua masculina./eldiarionorte.es

Un grupo de hombres por la igualdad hace una 'parada' ante una estatua masculina./eldiarionorte.es

Con motivo del 25 de noviembre, el día internacional de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres, un grupo de hombres de Vitoria que trabaja por la igualdad realizó una acción de calle. La idea era hacer un recorrido por diferentes estatuas para concluir en una de mujer y depositar en ella un pequeño texto contra la violencia de género a modo de homenaje. La sorpresa llegó cuando tras un ingente repaso por el callejero y el inventario de estatuas de la ciudad comprobaron que no había ninguna dedicada a una mujer, salvo una imagen de la Virgen Blanca, la patrona de la ciudad. La escena se repite en Bilbao y San Sebastián, aunque en el caso de la capital vizcaína en menor medida. Esta desoladora estadística confirma el histórico déficit de reconocimiento social que sufren las mujeres, salvo que se traten de vírgenes, religiosas o reinas.

Ez:Berdin Zentroa, un centro para la igualdad entre mujeres y hombres, que lo gestiona la Asociación para la Igualdad On:Giz, fue el que ideó la acción de calle. Eduardo Portilla, uno de sus representantes, lamenta el hecho de que “hay muchos hombres que merecen una estatua o un busto, pero ninguna mujer. ¿Cómo es posible? Aunque sabíamos que la presencia de hombres iba a ser mayoritaria, fue una sorpresa desagradable no encontrar ninguna estatua de mujer”. El acto promovido por On:Giz consistió en poner un lazo blanco en las estatuas masculinas (el símbolo de los hombres contra la violencia machista) y al mismo tiempo un cartel junto a ellas. Si eran escritores, intentaron entresacar de sus obras un pequeño texto que hiciera referencia a la violencia contra las mujeres. “Si bien no es una violencia expresa que uno pueda percibir, la ausencia de este reconocimiento a las mujeres, la mitad de la población, resulta de una violencia impresionante. Objetivamente,cualquiera que pasee por Vitoria verá que el reconocimiento social se ha hecho exclusivamente a los hombres”.

Y si no hay estatuas, las mujeres que han dado nombre a alguna calle en la capital alavesa también es una relación muy pobre. De aproximadamente 1.100 calles que componen Vitoria, únicamente un 5% está dedicada a las mujeres. Y 14 de esas calles están dedicadas a santas, monjas, vírgenes y reinas. Definitivamente, la ocupación del espacio público en Vitoria tiene nombre y rostro de hombre.

¿Qué está pasando para que esto sea posible? El servicio de Igualdad del Ayuntamiento de Donostia también es muy consciente de esta realidad en su ciudad. “Este déficit solo se puede corregir recuperando la historia que no se ha contado. Visibilizando los nombres de las mujeres que merecen esos reconocimientos”.

En el caso de San Sebastián, de momento esos reconocimientos solo lo han obtenido  casos como el de Catalina de Erauso, conocida como la monja Alférez, una religiosa que a la vez era militar; y Dora Salázar, dedicada a la mujer en general. Y poco más. “Las cosas tienen que cambiar y estamos dando pasos para ello, aunque parezca que solo son pasitos”, apuntan desde el Ayuntamiento.

Grandes escritoras, científicas….  
Según Eduardo Portilla, sería urgente que se interpretara como violencia esa invisibilización del trabajo de las mujeres. “Todos sabemos que hay muchas grandes arquitectas, escritoras, científicas en los siglos pasados, pero que no han podido dar la cara por el hecho de ser mujeres y tuvieron que tomar el nombre de sus parejas. ¿Cómo lo interpretarían eso los hombres al revés, que su trabajo no fuera reconocido?”, se pregunta.
Mientras, la situación mejora algo en Bilbao y en algunas localidades de Bizkaia. De las 150 obras artísticas (desde estatuas a bustos pasando por monolitos y murales) instaladas en espacios públicos y privados tan solo 19 están dedicadas a alguna mujer en concreto o utilizan la “imagen de la mujer” como expresión artística. En este listado no figuran imágenes de carácter religioso.  De estas 150, unas 100 son de titularidad municipal y están ubicadas en espacios públicos de la ciudad.

Una de las pocas mujeres reconocidas en Euskadi con una estatuta es Dolores Ibarruri, La Pasionaria./eldiarionorte.es

Una de las pocas mujeres reconocidas en Euskadi con una estatuta es Dolores Ibarruri, La Pasionaria./eldiarionorte.es

Según el Ayuntamiento de Bilbao, desde los años 80 la tendencia figurativa en la escultura va perdiendo fuerza y los artistas comienzan a trabajar con formas más abstractas. “Tradicionalmente”, explica un portavoz del Consistorio, “la escultura ha estado ligada a la arquitectura o ha tenido un carácter conmemorativo, por lo que es lógico que las obras dedicadas a mujeres no tengan excesiva presencia. Es previsible que esta tendencia vaya cambiando en el futuro por la mayor participación activa de la mujer en la sociedad y porque cada vez hay más mujeres artistas”. Un panorama desolador que se compensa mínimamente con el reconocimiento a la Pasionaria en Ortuella o a las mujeres dedicadas a la mar con una estatua que representa a una sardinera en Santurtzi.

Maite Berrocal, secretaria de Igualdad de la ejecutiva del PSE, solo encuentra una explicación a esta ausencia de reconocimiento a las mujeres. “Parece que la mujer no forma parte de la historia que se ha contado”. Para Berrocal se impone rescatar a aquellas mujeres que han contribuido a cambiar y mejorar la historia de la humanidad. “A los que se encargan de las selecciones nunca se les ocurre un nombre de muere y cuando piensan en alguna, al final parece que no están a la altura”.

“Los prejuicios”, añade, “impiden ver la realidad con ecuanimidad. Es preciso que los hombres realicen un esfuerzo de manera consciente para reconocer que esos prejuicios les impiden ver la relevancia que tienen las mujeres. Lo que hay que plantearse es cómo transcienden las mujeres a la historia”.

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