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¡Claro que sí, guapi!

La investigación sobre los aspectos no cognitivos de la desigualdad social es un campo en expansión

Este artículo identifica notables diferencias en la valoración del atractivo físico propio entre individuos de distinta clase social

Este tipo de desigualdad tiene raíces muy profundas que dejan poco margen de maniobra para la intervención

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Una gran parte de la sociología se ha dedicado a explicar, con mayor o menor éxito, los procesos por los que se produce la desigualdad social. Este campo de investigación se conoce como ‘estratificación social’.

Aunque sea simplificador, podríamos decir que hay dos grandes corrientes en el estudio de los procesos que generan desigualdad social. La perspectiva más tradicional, y también la más restrictiva, considera que estas desigualdades tienen bases estrictamente materiales que emergen, sobre todo, de la renta, la riqueza y la ocupación. Sobre este mínimo compartido se han identificado otros recursos socialmente relevantes como la educación formal y el capital cultural, un concepto difuso aunque extraordinariamente importante en el estudio de la desigualdad, que hace referencia al patrón de consumo cultural que se corresponde con el estándar más elevado.

En los últimos 15 años el foco de atención se ha puesto en otros aspectos menos conocidos, y más difíciles de tratar empíricamente, que de forma muy general se denominan “no cognitivos”. Por ser sintético, se podría decir que se trata de todas aquellas características individuales que determinan la posición social y que no se encuentran relacionadas de forma directa con lo citado anteriormente, las competencias, habilidades, conocimientos o aptitudes de los individuos. Este campo de investigación, que aún cuenta con una escasa tradición en España, ha demostrado que existen diferencias relevantes entre individuos de distinto origen social en aspectos tales como la perseverancia, la capacidad de organización, la impulsividad, la disciplina, la creatividad, la sociabilidad o la constancia, entre muchos otros. En este artículo exploraremos una de estas características: la confianza en uno mismo.

Al ser este un blog de divulgación en el análisis de datos, muchos lectores podrán pensar que la confianza en uno mismo es muy difícilmente medible en encuestas como las que solemos utilizar aquí. El estudio 2975 del CIS pidió a una muestra representativa de españoles que valoraran su atractivo físico utilizando una escala de 0 a 10, en la que 0 era “nada guapo/a, atractivo/a” y 10 el extremo opuesto. Una vez terminada la entrevista, se pidió al encuestador que valorara al encuestado utilizando la misma escala. Aunque el atractivo sea subjetivo, la diferencia media entre estas dos variables nos permite situar por un lado a aquellas personas cuya valoración de sí mismos coincidió con la del entrevistador, frente a los que se vieron por encima. A este último grupo de personas, que el gráfico califica como ‘irresistibles’, les podríamos atribuir una mayor confianza en sí mismos, o al menos en el potencial de su atractivo. Pues bien, el primer gráfico resume la distribución de las diferencias en la valoración de encuestados y encuestadores. Como se puede ver más de uno de cada cuatro encuestados coincide en la estimación del atractivo propio con la del encuestador, y los ‘irresistibles’ son menos que los ‘inseguros’.

Gráfico 1. Diferencia entre la valoración del atractivo personal y la que hace el encuestador.

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Fuente: elaboración propia a partir de CIS 2795.

Pero lo importante para nuestro fin aquí: ¿quiénes se consideran irresistibles?

El segundo gráfico muestra cuál es la probabilidad de situarse en el grupo de los ‘irresistibles’, es decir, en el de los encuestados que sobrevaloran su atractivo en comparación con la valoración que les daba el entrevistador, en función de su posición subjetiva de clase social y su edad. El 20% de los españoles que se sitúan en la clase más alta demuestra tener una mayor confianza en su atractivo físico de lo que parece razonable de acuerdo con la opinión del entrevistador. En concreto, a los 40 años, justo antes de que la edad comience a hacer estragos, disfrutar de una posición social más elevada, eleva la probabilidad de caer entre los ‘irresistibles’ un 35%, diez puntos más de lo que se podría decir para el resto de los encuestados. Resulta, además, interesante que el patrón para las clases medias y bajas sea idéntico.

Gráfico 2. Probabilidad de situarse entre los ‘irresistibles’ por clase social y edad del encuestado

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Fuente: elaboración propia a partir de CIS 2795. Probabilidades estimadas a partir de una regresión logística binaria. La clase social es una recodificación de la escala 0-10 (7/10=alta). El modelo controla por educación y sexo del encuestado.

Aunque esto pueda parecer anecdótico y una nota ligera en pleno verano, estas diferencias demuestran que la desigualdad tiene raíces muy profundas en la forma en que los individuos se ven a sí mismos. Algunas de estas diferencias son invisibles y sutiles, pero no por ello menos trascendentes. Y lo que es peor, resultan prácticamente inaccesibles a casi cualquier intervención razonable que pretenda equiparar oportunidades.

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