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José Antonio Monago, verso libre de la contabilidad

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Floriano pide a todo el PP lealtad y unidad, ahora "más que nunca"

Monago, con dos guardaespaldas de circunstancias, Floriano y Arenas.

El bombero José Antonio Monago Terraza (Quintana de la Serena, Badajoz, 1966) ha llegado lejos. Quién le iba a decir a aquel muchacho ambicioso que alcanzaría la presidencia de la Junta de Extremadura e iría por ahí dándoselas de verso suelto cuando lo que tenía suelta era la contabilidad. No está claro cómo logró el salto de una profesión tan admirable a la política, pero las malas lenguas, que estos días son muchas y afiladas, afirman que fue en pago a su actuación en una huelga, no como huelguista, se entiende, sino como esquirol. Otros, menos maldicientes, sostienen que con aquella actuación se dio a conocer, y fueron los ojeadores populares los que se acercaron al joven talento para incorporarlo a su cantera.

Empezó desde abajo, en una organización juvenil llamada Nuevas Generaciones en la que aprendes que Franco fue un hombre providencial y te enseñan a conducir. El ascenso fue meteórico: cuatro años después de hacerse bombero se convirtió en  concejal del Ayuntamiento de Badajoz a la sombra de su padrino, Miguel Celdrán, célebre por sus frases homófobas, como la de “aquí no tenemos palomos cojos, y si los hubiera, los echaríamos fuera”. En esos pechos tan machotes se amamantó el bombero Monago.

Pese a estar poco tiempo en el Cuerpo, en su biografía aparecen hechos heroicos, como su intervención en el incendio de los Almacenes Arias de Madrid, ocurrido el 5 de septiembre de 1987, en el que perdieron la vida 10 bomberos de la capital, acciones de las que no se tienen más noticias que sus palabras. Como concejal raso, penó años de banquillo hasta que Celdrán le fue asentando en el partido y en la alcaldía en espera de mayores retos políticos.

Sus problemas para distinguir lo público de lo privado vienen de lejos. Cuando en 2008 le robaron una Suzuki 400 de color amarillo era teniente de alcalde, responsable de la policía municipal, y alcalde en funciones por la ausencia de Celdrán. Se lanzó en plan macho alfa en busca de su moto, eso sí, acompañado por cinco unidades de la policía, entre la suya y la nacional, que le llevaron a adentrarse en Los Colorines, una barriada poco afecta a la autoridad, debido a los negocios en tráfico de drogas y armas de algunos vecinos.

La incursión en territorio comanche se saldó con cuatro agentes heridos leves, dos detenidos, un prófugo y sin noticias de la moto, que apareció poco después quemada en el Cerro de Reyes. La oposición socialista le acusó de abuso de poder y actuación temeraria al poner en riesgo a los agentes.

Nuestro tipo inquietante de la semana es un hombre echado hacia delante, de los que no se amainan. Sus viajes a Tenerife a presuntos actos políticos con senadores del PP, que los mismos senadores locales del PP no recuerdan, eran conocidos en Extremadura desde hace tiempo. La amante, ya despechada, se había encargado de dar cuenta de sus amoríos a los periodistas de la región a los que aportaba correos y fotos íntimas con Monago. Estos informadores actuaron con celo profesional al separar la privacidad de la política.

Entonces no sabía que el antiguo bombero acudía dos veces por mes a retozar a cargo de los presupuestos del Senado, también muy presuntamente, que como bien debe saber salen de sus impuestos y de los míos. La chica, llamada Olga María Henao Cárdenas, según declara ella misma en las entrevistas que concede encantada del revuelo, se la conocía en Extremadura como “la venezolana”, un error mínimo pues es de origen colombiano.

Al ser vocal del Partido Popular de Santa Cruz de Tenerife es posible que Monago confundiera, en sus primeras excusas ante la prensa, un acto con senadores del PP con un acto con una vocal del PP, algo comprensible por los nervios que generan estas comparecencias ante los medios de comunicación.

La palmada en el trasero

Aunque Monago dijo estar separado de su esposa unas semanas antes, no tuvo reparos en exhibir buen rollo con ella, como si nada hubiese pasado, en su toma de posesión como presidente de la Junta, que se celebró en el Museo de Arte Romano ante la imposibilidad climática de hacerlo al aire libre en el teatro romano de Mérida, como él quería. Una temeridad como la de la Suzuki, ya que el mes de julio extremeño suele caer caluroso y con solana. Estábamos con el buen rollo; después de hacerse coronar como un emperador fuera de la sede parlamentaria, que era lo habitual hasta entonces, no se le ocurrió otra cosa que darle un azotito en las partes traseras a su mujer, como un Yeltsin cualquiera. El exbombero es un hombre dado a la teatralidad y a la egolatría.

Pese a estas ínfulas de starlet, Monago no es nadie sin la presencia omnipresente del llamado octavo consejero: Iván Redondo, experto en campañas electorales con experiencia en EEUU, donde estudió esas artes. Redondo es el típico genio detrás del típico lelo, inventor del barón rojo y el verso suelto, dos toques publicitarios con los que logró engatusar a los votantes, primero, y a IU en Extremadura, después, más empeñada en ajustar cuentas con el PSOE que en escuchar a sus seguidores. En la última encuesta publicada por el periódico Hoy, IU quedaría fuera del Parlamento en beneficio de Podemos, que vuela alto en los sondeos.

Redondo le diseñó una campaña moderna, mandó quitar los atriles y transformó los aburridos mítines de siempre en una especie de asambleas con los ciudadanos; le llevó de pueblo en pueblo a encuentros en los que el exbombero prometía planes de austeridad para los políticos. Queda ahora un tanto ridícula la primera de aquellas promesas: eliminación de los privilegios de los altos cargos.

Tras ganar las elecciones como partido más votado, y gracias al apoyo de IU en una abstención estratégica, se convirtió en presidente de la Junta, y Redondo retornó a su trabajo de asesor universal. Los 100 primeros días de Monago fueron un fiasco, un desastre comunicacional. Tan grave era el descalabro que refichó al gurú de las ideas redondas, y perdón por el chiste, esta vez a cargo de los presupuestos de la Junta, y no del PP. Otra vez traspapelando principios éticos. De esos tiempos de tumulto le viene la inquina a Hoy, al que trata de estrangular económicamente.

Iván Redondo se hizo con el control, desplazó a unos y aupó a otros para mayor gloria del exbombero. Estos tejemanejes dejaron numerosos heridos en el seno del PP y varias inquinas, como la de Carlos Floriano, que de perdedor de elecciones en Extremadura pasó a altísimo cargo en la Rúe del Percebe, 13 (Génova). Además del gurú, Monago cuenta con el apoyo inquebrantable de Alejandro Nogales, uno de los tres diputados de IU y quien sostiene por sí solo toda la inquina del mundo contra el PSOE. Nadie entiende la fortaleza del pacto, dados los escasos réditos. Monago aceptó la renta básica que pedía IU (pero la de Podemos es mala) aunque luego se apañó para colocar tales barreras burocráticas que de los 18.000 solicitantes solo se aprobaron 1.500. La realidad es que solo beneficia a 300 familias, tal vez menos.

Un receso para ir al baño

Cuando en mayo de 2014 Guillermo Fernández Vara, el líder del PSOE extremeño, presentó su moción de censura, a Monago se le atragantó el Estado de la Región, que en eso estaba, en venderse como líder con planes hasta 2020, como si no hubiera elecciones a la vista en mayo de 2015. Fue una sorpresa. Lo que iba a ser un debate controlado para mayor loa del presidente se transformó en miedo a perder el poder. Otra vez pendiente de IU, de los pactos. Monago se calentó tanto que se le olvidó el guión de estadista y empezó a decir sandeces. De bombero había pasado a pirómano. Hasta él mismo se dio cuenta del desvarío y pido un receso de la sesión para orinar. Fue una meada de Guinness porque duró 25 minutos, los que tardó Iván Redondo en sacarle el pánico del cuerpo y en meterle dos ideas en la cabeza. Cuando regresó orinado y sedado volvía a ser el autómata valiente.

El repetirse tanto lo de ir de verso suelto ante el espejo de casa, o en los servicios del aeropuerto antes de volar a Tenerife, le ha empujado al desastre. Si uno tiene el armario lleno de condones, por un decir, debe extremar el cuidado y saber en qué ojo mete el dedo. Siempre es bueno saber dónde se meten las cosas.

Cuando María Dolores de Cospedal, secretaria general de su partido, dijo que ya no podían hacer más contra la corrupción, él salió a la palestra para enmendarle la plana y erigirse en campeonísimo de la decencia. En estos momento de zozobra en el PP, los versos sueltos son más bien patadas en las partes centrales delanteras. No es una casualidad que el affaire de Tenerife, pagado con dinero de todos, saliera a la luz justo antes de la conferencia del buen gobierno en Cáceres. La venganza es un plato que se sirve frío, casi como un gazpacho.

La rueda de prensa fue esperpéntica. No respondió a las dos cuestiones centrales: ¿viajó a Tenerife 32 veces a cargo del Senado para asuntos particulares? ¿Cuáles fueron las actividades políticas relacionadas con su senaduría que le llevaron a la isla? Amenazó con querellas, acusó veladamente a su partido de la filtración, y dijo que nadie le iba a “romper las piernas”. Es la misma metáfora empleada antes de la gran meada en el debate sobre el estado de la región, cuando perdió los papeles. Es posible que lo de las piernas sea una fijación infantil del gurú particular.

El acto del PP de Cáceres sobre el buen gobierno y la regeneración ha servido para que los dirigentes peperos hicieran un ejercicio suicida de masturbación colectiva que les ha dejado muy satisfechos… hasta el siguiente CIS, claro. Después de negar los viajes a Canarias a cargo del Senado, Monago se ofreció entre vítores a pagarlos de su bolsillo. ¿No es un reconocimiento de malversación de fondos públicos?

Convertida la cita en un acto de ilusionismo en apoyo del bombero follador, se pudo ver la sonrisa de éxtasis de Pedro Acedo, alcalde de Mérida, un viejo experto en escándalos sexuales y rival de Monago en sus aspiraciones en la Junta. Otro que debe estar pasándolo bomba es Floriano, íntimo enemigo de presidente viajero, y encargado de darle palmaditas en la espalda cuando a nuestro tipo inquietante de la semana le dio por llorar, seguramente aconsejado por Iván Redondo.

Canal Extremadura, la televisión que solo obedece a Monago, no emitió la rueda de prensa del escándalo tinerfeño. Así eran las órdenes. Sí lo hizo la radio autonómica, que se despidió a media rueda de prensa, cuando el discurso preparado por el gurú Redondo para consumo interno había terminado. A partir de ese momento, el líder Monago pudo quitar el piloto automático de salvador de la patria. La ironía, tal vez casual, es que en el instante en que trataba de defender su honorabilidad como gobernante, que no como amante, su televisión emitía la telenovela Pasión Morena, lo que ya es recochineo. España y Extremadura son así.

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