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Feminicemos Europa

Si sabemos que la igualdad entre mujeres y hombres es un principio fundamental de la Unión Europea consagrado en los Tratados deberíamos conseguir que se no se quede simplemente en papel mojado

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Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. EFE

¿Cómo es posible que en 2017 una reivindicación para feminizar las instituciones a nivel europeo siga siendo tan inquietantemente necesaria? Recientemente, hemos asistido con horror a la promulgación de la ley rusa que despenaliza la violencia contra las mujeres o la defensa del eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke de que las mujeres cobren menos por ser "más débiles y menos inteligentes".

Estos aberrantes hechos nos ponen de frente con la poco alentadora realidad europea: el mandato del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, solo cuenta con 9 mujeres al frente de alguna cartera en el gobierno comunitario. 9 de un abrumador total de 28. ¿Cuál es la justificación de semejante diferencia? ¿La valía? ¿La escasez de mujeres con capacidad? No, por supuesto que no.

La realidad es que en una sociedad de estándares como la nuestra, con un estado del bienestar más que menos asegurado, aún hoy la mujer percibe un salario inferior al hombre en un 16% por cada hora trabajada, según datos difundidos por la Comisión Europea.

Pero ahí no acaba el drama. El continente que presume de altas cotas de igualdad y de tener la mayor sensibilidad hacia el papel de la mujer en la sociedad destina nada menos que unas pensiones un 40% más bajas a sus mujeres que a sus hombres. Por no mencionar el triste ejemplo de España, donde según la Oficina del Parlamento Europeo la brecha era del 36,1% en el año 2014.

La vulnerabilidad y la dependencia económica que sufren tantas mujeres en el mundo, y también en la Unión Europea, es una cuestión de primer orden que nos vemos obligados a recordar cada día 8 de este mes.

Según el índice de Igualdad de Género de la UE, una herramienta útil para la supervisión de las políticas públicas de igualdad en el tiempo, las áreas más problemáticas para la mujer se enmarcan en la dimensión del acceso a los puestos de poder y en la conciliación. La igualdad de género es todavía una realidad lejana en los 28 estados miembros.

Es cierto que esta cuestión está en la agenda política global, pero las buenas intenciones no bastan si no sirven para cambiar la realidad. En este sentido, todavía está por evaluar el efecto de la Cumbre de las Naciones Unidas de septiembre de 2015 que aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Esta señala el reto de "lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas".

Pero, sin duda, el drama prioritario en el que Europa y los Estados miembros tienen que focalizar su máximo esfuerzo es en la lucha contra la violencia machista. El  informe de la Agencia de derechos fundamentales de la UE de 2015 destacó que 64 millones de mujeres han sido víctimas de violencia de género. Sí, 64 millones, más que la población de un país como España.

La Unión Europea debe ponerse en pie antes estos datos y liderar en el mundo esta lacra, al igual que ha hecho con políticas como las de la lucha contra el cambio climático. Si sabemos que la igualdad entre mujeres y hombres es un principio fundamental de la Unión Europea consagrado en los Tratados deberíamos conseguir que se no se quede simplemente en papel mojado.

Por ello, los retos que la Unión Europea tiene que abordar en materia de igualdad género deberían poner el esfuerzo en el incremento de la participación de la mujer en el mercado laboral, la reducción de la desigualdad de salarios y pensiones por razón de género; la lucha contra la lacra de la violencia de género y la protección y el apoyo a las víctimas. Pero las políticas que debe diseñar Bruselas no solo deben centrarse en lo grande, también en lo pequeño: el objetivo tiene que ser que llegue el día en que el camarero no sirva el refresco a la mujer y la cerveza al hombre sin preguntar.

"Mejor Europa" es pasar de las intenciones que se quedan en el buenismo a las políticas concretas. Necesitamos aplicar a las instituciones lo que en su día proclamó el Dalai Lama, "me llamo a mí mismo hombre feminista". Necesitamos unas instituciones feministas. Feminicemos Europa.  

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