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De la preverdad a la posverdad: sin política no hay solución

No hay socialistas de derechas, de la misma forma que nadie en el PSOE quiere que haya un Gobierno del PP, aunque en tiempos de posverdad, algunos parecen empeñados en difundir estos mantras

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Es cierto que las primarias no siempre tienen buena prensa. Como denunciaba recientemente Emmanuel Macron, en su negativa a participar en las del Partido Socialista Francés, existe la tentación de convertirlas en un ajuste de cuentas. Pero a pesar de todos sus problemas, las primarias se pueden convertir en una oportunidad. Entre las diferentes potencialidades, una de ellas es la posibilidad de contrastar ideas y argumentos. Pero no es solo una cuestión intelectual y de mejora de la calidad de nuestra democracia, sino que, además, el PSOE solo se recuperará si acertamos en el diagnóstico.

Por ello me ha resultado de gran interés el artículo que han publicado en este diario mis colegas Eloisa del Pino y Pau Marí-Klose sobre la situación del Partido Socialista. En este análisis cometían dos equívocos que vengo observando en muchas de las reflexiones que se hacen en los últimos meses. Por un lado, parece ser que todo el problema de credibilidad del Partido Socialista comenzó el 1 de octubre del año pasado. Aunque se citan de forma arbitraria algunos episodios de los últimos años, todo ello solo se hace con el objetivo de reforzar el argumento que se quiere sostener: el PSOE ha dejado de ser alternativa. Por otro lado, muchos de estos análisis son una mezcla de razonamientos, ideas y anécdotas, pero sin un hilo conductor claro. Está más próximo a un  totum revolutum que a un diagnóstico certero de nuestra situación. 

El punto de partida debería ser, parafraseando a Vargas Llosa, "¿en qué momento se había jodido el Perú?". Es difícil situar una fecha exacta. Para algunos será el anterior Congreso Federal. Otros lo situarán en el Congreso de Sevilla de 2012. Y muchos seguirán mirando por el retrovisor y llegarán a mayo de 2010 o a 2008, en el retraso del reconocimiento de la crisis. Lo cierto es que comienza a ser irrelevante la fecha exacta. La única certeza es que el 1 de octubre, siendo un momento que a todos nos abochorna, no es el punto de inflexión que ha llevado al PSOE a estar como está. Los problemas vienen de atrás y focalizar todo el diagnóstico en esa fecha es un tremendo error.

En lo que sí podemos tener algo más de certidumbre es en las causas. Se ha producido una clara desconexión entre las preferencias de la ciudadanía y algunas de las decisiones del Partido Socialista. Varios son los episodios en los que el PSOE parecía alejado de lo que pedía la gente, aunque algunos de estos episodios están sobredimensionados. Por ejemplo, según los datos de Metroscopia de septiembre de 2011, el 62,3% de los españoles apoyaba la reforma constitucional del artículo 135 (un 60,1% entre el electorado socialista).

Pero sería una simplificación acabar aquí la argumentación. ¿Cómo abordar esta desconexión? La política (el liderazgo) no consiste en desplegar las velas y llevar las posiciones ideológicas hacia donde nos lleve el viento. La política no consiste en ser lectores de encuestas y reproducir de forma exacta las preferencias de la ciudadanía. La acción política consiste en tener un proyecto de país y defenderlo ante la sociedad. En muchas ocasiones, nuestras posiciones serán compartidas por los votantes. Pero cuando exista una clara discrepancia entre las preferencias ciudadanas y las decisiones de los partidos, es donde entra la política (y el liderazgo).

En estos años hemos carecido de una defensa mucho más enérgica de quiénes somos los socialistas y de las decisiones que hemos tomado en los últimos años. Hemos asumido el reproche de nuestros adversarios de forma acrítica sin explicar detallada y rigurosamente los razonamientos que hay detrás de nuestras decisiones y de nuestra historia. Así, por ejemplo, no vivimos en un "Régimen", el equilibrio presupuestario no es una traición a la socialdemocracia o la imposibilidad de formar una alternativa de gobierno no es asumir los postulados de la derecha.

Nuestra falta de reacción ha permitido que se haya abierto un gran espacio a la simplificación de la realidad, presentando muchos episodios de nuestro pasado más reciente de forma caricaturesca. Y es en este escenario donde ha emergido el tremendo enfado que hay en gran parte del electorado progresista.

Lo que no aportará luz y claridad a la situación del Partido Socialista es cabalgar sobre la indignación ciudadana para dividir la organización en múltiples fracturas. Será de mayor utilidad comprender este enfado e intentar canalizarlo en la búsqueda de soluciones. Hay razones para el cabreo, desde luego, aunque cada uno lo exprese por motivos distintos: unos por los episodios sucedidos en los últimos meses en el PSOE y otros por las dolorosas derrotas electorales de 2015 y 2016. Pero utilizar el enfado como arma arrojadiza descalificando a los compañeros será un tremendo error.

Finalmente, para poder realizar toda esta tarea que tenemos por delante, necesitamos una cierta estabilidad en nuestra labor de oposición. Lo que no ayudará a la ciudadanía, y menos al Partido Socialista, es entrar en un nuevo ciclo electoral. Por ello, algunos venimos defendiendo un cierto recorrido a esta legislatura. Tenemos un Partido Popular en una situación de tremenda debilidad parlamentaria. Cualquier decisión legislativa deben dialogarla con el resto de grupos. Además, la tarea de control es mucho más exigente puesto que tienen a más del 60% de los diputados fiscalizando cada decisión de este Gobierno.

En definitiva, el reto que tenemos en estas primarias es que sean útiles para el Partido Socialista. El debate que estamos teniendo será de gran ayuda si permite construir un diagnóstico certero de nuestra situación, ofreciendo soluciones a nuestros desafíos. Pero será un error no asumir el legado de nuestra historia, fracturando la organización en heridas profundas. Todos formamos parte de un mismo trayecto: el camino hacia una sociedad más justa.

No hay socialistas de derechas, de la misma forma que nadie en el PSOE quiere que haya un Gobierno del PP. Aunque en tiempos de posverdad, algunos parecen empeñados en difundir estos mantras. En cambio, si hay algo cierto es que construir una alternativa de gobierno exige de algo más que un eslogan o la buena voluntad: necesitas más escaños a favor que en contra en la sesión de investidura. Esa posibilidad no ha existido en los últimos tiempos.

Ignacio Urquizu es diputado del PSOE en el Congreso por Teruel y profesor de Sociología (en excedencia) de la Universidad Complutense de Madrid.

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