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Nacido el 18 de septiembre

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Noveno mes de este embarazo con muchas complicaciones que se llama 2012. En un quirófano público con escasez de enfermeros, médicos y medios, una democracia primeriza e inexperta de casi 34 años que responde al nombre de España, da a luz a dos hijos: un niño y un periódico digital. Veamos cómo es el país en el que han nacido estas dos criaturas.

La madre del bebé, maestra en un colegio público, se pone de parto un día antes de lo previsto. La noticia de la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid le provoca las primeras contracciones. Es lógico. La "lideresa" popular es conocida por poner a parir a los profesores de la pública. Las lágrimas de Aguirre cuando anuncia su retiro hacen que hasta el niño se revuelva en el seno materno pensando en las lágrimas de su padre, profesor interino, y de tantos otros empleados públicos que se han quedado sin trabajo o sin parte de su sueldo por culpa de los recortes decretados por la ex presidenta, por el Gobierno de su partido y por otros Gobiernos autonómicos.

La madre del bebé indignado sale como una exhalación hacia el hospital pero se encuentra con Madrid y Barcelona colapsadas por una huelga de transportes públicos y ferroviarios en protesta por la liberalización del sector, la subida de las tarifas y la bajada de sueldos. Para conseguir llegar a tiempo, la embarazada saca una pancarta de protesta contra los recortes y rápidamente es detenida por unos antidisturbios que se ven obligados a llevarla a un hospital antes que al calabozo. En el trayecto le piden que se identifique pero la parturienta ha olvidado su documentación con las prisas. Creyendo que es ilegal y extranjera están a punto de llevarla de vuelta a casa porque la Sanidad Pública no atiende a los inmigrantes sin papeles desde principios de mes. Aún en el útero, el niño berrea "yo soy español, español, español" y zanja la cuestión. Además, la embarazada les explica a los policías que ella es funcionaria como ellos y que ambos se han visto afectados en su empleo y sueldo por los recortes. Los agentes acaban sacando la pancarta de la madre por la ventana como si fuera un pañuelo blanco mientras la llevan a la maternidad más rápido que Rajoy huyendo de unos periodistas.

El niño nace en la mañana del 18 de septiembre. Viene con un tupper ware debajo del brazo. Si viniera con un pan no tendría suficiente para tanto chorizo como anda suelto. Cuando vaya al colegio llevará en esa tartera la comida que le preparen en casa porque sus padres no puede afrontar el pago del comedor por culpa de su situación laboral. Son 2 de los 2.000 maestros que perdieron el trabajo en el curso anterior. Su familia es una de las muchas que se ha visto afectada por la reducción a la mitad de las ayudas de comedor y de libros y por la subida de tasas en escuelas y universidades decretada por el nuevo ministro de Educación, José Ignacio Wert, un político que afirma que estos ajustes no son “recortes”, son “medidas que buscan la eficacia”. Como medidas para acabar con la Enseñanza Pública son de una eficacia a prueba de bombas. Aunque ya puestos, éstas serían más baratas y rápidas para acabar con la Educación de un plumazo. 

Si aún queda alguna escuela en pie cuando ese niño tenga edad de ir al colegio, es posible que no lleve un  tupper sino una “cartilla de racionamiento” que no es una cartilla de razonamientos lógicos, no, es una cartilla para los que tienen tanta hambre que no pueden ni pararse a pensar en los ilógicos gobernantes que les han dejado en esa situación de indefensión y que han reducido miles de millones en Educación, Sanidad, Investigación y Fomento del Empleo para dárselos a la banca. Cuando este niño nace, muchos profesores han decidido iniciar una huelga indefinida, jugándose su puesto y perdiendo días de sueldo, para protestar por este ataque frontal a la Enseñanza Pública. Pero con sus lágrimas, Esperanza Aguirre ha conseguido borrarlos de los titulares una vez más. La presidenta es como Atila: por donde pasa no crece la marea verde. Es como para cabrearse. A lo mejor ese niño no viene con un tupper debajo del brazo, a lo mejor viene con un cóctel Molotov. Y si nace policía, vendrá con un rifle de pelotas de goma para calentar a los manifestantes que tengan frío porque en los colegios no hay calefacción, en las minas no se saca el carbón y vivir en la calle te deja aterido.

También es posible que venga con un extintor porque nace en un país abrasado en el que los presidentes en lugar de apagar fuegos, los encienden. Es un país de ciudadanos más quemados que CR7 y es un país arrasado por llamas más altas que el IVA y por los incendios del verano que los recortes del invierno en prevención y extinción han potenciado. Los padres del chaval se encargarán de arreglar el desaguisado por ser parados y porque así lo ha decidido el Gobierno: los desempleados serán obligados a recuperar los bosques y los que se nieguen serán multados. Que se jodan, que diría una afamada y adinerada diputada del Congreso. Y así es todo en el país en el que nace este muchacho: los parados y los desahuciados y los no adinerados se joden, o sea, les hacen un griego y les obligan a restaurar los desperfectos de un Ecce Homo que ellos no han destrozado mientras el Gobierno les hace una reforma laboral que les deja sus derechos más irreconocibles que una restauración de Borja.

La única Esperanza que le queda a ese niño se llama Eurovegas. En eso se está convirtiendo el país en el que ha nacido: en un casino gigante construido gracias a la especulación urbanística y la venta a precio de saldo de lo público en el que la clase política es el crupier que reparte las fichas y la banca se juega la vida de los ciudadanos a la ruleta. La ruleta rusa, concretamente. O la alemana, a la que llaman "rescate". En ambos casos, ese crío lo lleva crudo.

El mismo día que el niño, nace este periódico digital con una idea debajo del brazo. Es necesario contar historias como la de ese chaval para que no ocurran con tanta impunidad ni tan a menudo. Nos deseo y auguro más suerte que a ese recién nacido. De nosotros depende que sea nuestro lector en el futuro. Confío en ello. ¡Larga vida a eldiario.es! Mucho ánimo, compañeros. 


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