Los matones de la Policía y el Ejército
En una reciente reunión familiar alguien propuso que jugáramos a uno de esos juegos que incluyen pruebas de mímica, a veces con alguna pista. Le tocó a una de nuestras sobrinas, con la pista “profesión”. Enseguida blandió una porra imaginaria y fingió atizarnos a todos. “¡Policía!”, adivinamos al unísono. Esa anécdota, de apariencia intrascendente, me llevó a pensar en la manera en la que, sobre todo en los últimos años, hemos naturalizado la violencia como la característica más representativa de la policía.
Cada semana vemos agresiones brutales que miembros de la policía, y ahora también del ejército, propinan sin ningún tipo de justificación a cualquiera que participe en alguna protesta (a no ser que se convoque contra el gobierno central): apaleamientos a profesores en huelga de Madrid que en todo momento han mostrado una actitud absolutamente pacífica, porrazos a manifestantes y disparos a la cara con pelotas de goma a quienes se oponen, de forma cívica, a los actos de la extrema derecha en Coruña. Palizas en Vitoria o en Avilés, donde además hemos visto magreos sexuales de un agente a una joven inmovilizada (les ahorro el vídeo, porque no lo encuentro con el rostro pixelado de la víctima). Este mismo diario lleva tiempo sacando a la luz imágenes espeluznantes de militares en Ceuta de “cacería” de migrantes, por no hablar de los audios en los que se recomiendan unos a otros cómo meter mejores “hostias”.
Esos mismos militares se hacen vídeo selfies con el inefable Vito Quiles al cántico de “A por los rojos”, y los airean, por si queda duda de la impunidad con la que se sienten. No es para menos. En ocho años del gobierno más progresista de la historia no han recibido apenas verdaderas sanciones. Es más, los representantes de los sindicatos con mayor visibilidad de la policía se pasean últimamente de tertulia en tertulia sacando pecho de sus actuaciones y sus posiciones de ultra derecha.
No pasa nada, ni siquiera cuando con cámara delante decides magrearle el pecho a una joven manifestante y que lo vea todo el país
Insisto, no pasa nada, ni siquiera cuando con cámara delante decides magrearle el pecho a una joven manifestante y que lo vea todo el país. Ya sabemos, si una delegada de gobierno tiene la ocurrencia de abrir alguna pesquisa, enseguida, con tono cuartelario, la avisan desde esos sindicatos: “Tú no vas a investigar nada”. No es de extrañar que semanas atrás se haya hecho viral un tuit del antiguo agente Javier Moreno, en el que daba cuenta de la gravísima deriva que está sufriendo la Policía Nacional, en cuyo seno se aceptan sin más humillaciones, tratos vejatorios, homofobia, racismo, etc.
El esperpento llega a tal extremo que el gobierno anuncia “investigaciones” cuando los militares corean con Vito Quiles eso de a por los rojos o cuando les llegan los audios y las imágenes que acreditan las palizas gratuitas. “Investigaciones”, como si el Ejército no fuera un cuerpo altamente jerárquico y no bastara con levantar el teléfono y exigir a los superiores de esos soldados que tomen todas las medidas sancionadoras a su alcance. “Investigaciones” que, como vimos en el caso del antidisturbio que golpea por afición en la espalda a una profesora de Valencia, acaban con el agente “expedientado”.
Yo entiendo que estos son tiempos electorales, y que el PSOE haya optado por la campaña del amor, esos “Te quiero” del presidente a su esposa en los mítines. Allá cada cual con su conciencia, allá cada cual con hablar de amor mientras Marlaska y Robles miran para otro lado y los suyos siembran el odio y la violencia arbitraria. Allá cada cual, pero que luego no nos intenten convencer de que no entienden la animadversión de las últimas manifestaciones en tantas ciudades de Europa y también algunas de nuestro Estado contra sus agentes. Ocho años de gobierno, sí, con la Ley Mordaza en vigor y las porras más calientes que nunca.
La campaña del amor.
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