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Que pase el siguiente, señor presidente

Manifestación en defensa de la sanidad pública en Sevilla el pasado sábado.

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Estas cosas no se ven venir, señor presidente de todos los andaluces, pero terminan pasando, como cuando a nuestros hijos les da por la música electrónica, como cuando un cuñado nos estropea la cena de Nochevieja o como cuando una jueza de Cádiz abre diligencias por el fraccionamiento irregular de contratos del Servicio Andaluz de Salud y la directora de un área de Salud, en vez de proponerle para la Medalla de Andalucía por defender la sanidad pública, lleva ante los tribunales al prestigioso Antonio Vergara, al que seguramente confundió con un rapero durante un escrache.

Lo cierto es que, sobre todo en la cosa pública, se nos corta la mayonesa en el momento menos pensado. Estaba usted prometiéndoselas tan feliz con el albur de eternizarse tanto como el PSOE en el Palacio de San Telmo y un giro de guión puede dejarle sin mayoría absoluta o, simplemente, sin mayoría para seguir privatizando Andalucía, desde los estetoscopios a los microscopios, desde las guarderías a las VPO.

El sábado, las calles de Sevilla, de la mano de las mareas blancas y de los sindicatos del sector, parecían las de Granada, cuando el malogrado Spiriman la lio parda por los problemas sanitarios, aunque aquí y ahora hubo menos groserías que entonces. Entonces y hoy, sin embargo, no cabe duda de que la gente que reclama mejores radiografías terminan convirtiéndose en la mejor radiografía posible para cualquier gobierno.

Nos pueden privatizar la educación, dejar hechas unos zorros a las universidades, seguir echándole la culpa –seis años después de desbancarles-- a la herencia recibida de los maléficos rojos, o garantizar que existen serios indicios de que Pedro Sánchez o su familia matase a Manolete. Sin embargo, con la salud no se juega y el personal parece decidido a plantarse en la partida de mus que el gobierno autonómico viene jugando en ambulatorios y hospitales, con los contratos y con las inversiones. Y ya ahí, como ocurrió el día 5 de abril, cabe todo en el mismo lote protestante, desde el problema de la vivienda –con las VPO para ricos que ha inventado la capital de Andalucía--, al del kit de supervivencia comunitario para el caso de que Vladimir Putin decida anexionarse Huelva además de Ucrania.

Que no se refocilen, usted y sus asesores, en que lo del sábado fue nada más que un carnaval chiquito y que luego volverá la Cuaresma de la gente de orden: ahí se vio algo más, un cierto hartazgo interclasista, un somatén cívico que podría haber llegado para quedarse

Échele cuentas a esa canalla que nunca ni por Dios calla, señor presidente de las Regiones de Europa. Que los andaluces perdonan las corruptelas y las torpezas, pero no que pretendan tomarles el pelo con la murga de que vivimos una sanidad de diez: no lo parece, entre listas de desesperación, médicos y ATS camino del norte por falta de contratos o salarios de risa, mientras los que se quedan en un centro de salud, se nos antojan aquel personaje de Kevin Costner en “Bailando con lobos”, pues tienen que defenderse de los ataques de los buscadores a toda costa de recetas para montarse un karbuki, la que ahora llaman la droga de los pobres.

Como andaluz y muy andaluz que es, usted sabrá que nos chifla la ojana de la caseta de feria o del cuarto de los cabales, pero nos mosquean tela los bienqueda, los vendedores de humo, los que ponen cara de yo no fui cuando el viento empieza a soplarles en contra. Tan suave en sus formas, que Teresa Rodríguez le llamó suavón, a muchos nos agrada su estilo comedido, atildado y solícito, como los dependientes de El Corte Inglés, como ese amable vecino que nos abre, sonriente y educado, la puerta del ascensor: el problema estribaría en que, acto seguido, nos cayéramos por el hueco, para pegarnos un testarazo sobre el suelo de cristal de la antigua beneficiencia.

Que no se refocilen, usted y sus asesores, en que lo del sábado fue nada más que un carnaval chiquito y que luego volverá la Cuaresma de la gente de orden: ahí se vio algo más, un cierto hartazgo interclasista, un somatén cívico que podría haber llegado para quedarse. Pero que tampoco se venga arriba la izquierda, sin embargo, que todavía y a la luz de los tiempos que corren le quedará mucho quinario por delante para recobrar el granero electoral, siempre y cuando a Donald Trump no le de el barrunto de imponernos aranceles incluso en la Base de Rota. Que no crean los progres que volverá a reír su primavera, en un plisplás, que ya hubo manifas por todo, durante el año pasado y la gente se olvida y no pasó nada y las pancartas de hoy se tapan con las fotos amables de mañana, que eso lo saben en cualquier gabinete de prensa.  

Algo empieza a notarse –ahí lo dejo-- en los mercados y en los whatsapps de las AMPAs, en el café de las diez y en las gradas de las canchas, o en las consultas del seguro donde a falta de citas con el médico de cabecera ya han dejado de preguntar quién da la vez y se limitan a decir, mirando a su despacho presidencial: “Que pase el siguiente”

Que no se crean esos pacientes impacientes que el sábado tomaron La Bastilla por reclamar su derecho a las pastillas. Que usted ya ha encargado argumentarios para tumbar como candidata a la ministra Montero, por un quítame allá Cataluña o por lo del IRPF de los del salario mínimo a cuya subida ustedes se negaron. O con que bajo el mandato en la consejería de Salud de la actual secretaria general de los socialistas sureños ya comenzaron los coqueteos de la Junta con Hipócrates Sociedad Limitada, aunque no llegase Andalucía a ocupar, ni de lejos como ya sucede, el cuarto lugar en el ranking español de la medicina de pago o de copago.

Por mucho que rajen, usted ya aprendió la vieja máxima de “quien resiste, gana”, el epitafio con que Camilo José Cela citó a Persio, el poeta romano. Y usted presiente que seguirá resistiendo y seguirá ganando. Quizá porque las relaciones de la izquierda continúan siendo propias de una telenovela turca, por lo que al presidente de la Junta de Andalucía le favorecerá sin duda el presentimiento de que buena parte de quienes se manifestaron el sábado no acudan a las urnas en 2026. Y porque siempre le quedará Vox, como siempre les quedó París a Ingrid Bergman y a Humprey Bogart. El año que viene, lo más seguro será que los electores vuelvan a pedirle: “Tócala otra vez, Juanma”. Cierto es, como usted ha dicho, que no es lógico perder los comicios, después de contar en este mandato con mayoría absoluta. Pero el principio del fin no es perder votos, sino perder los papeles.

Y es que algo está pasando ahí afuera, señor Juan Manuel Moreno Bonilla. Las mareas, como ya les pasó a Zapatero o a Rajoy, pueden terminar convirtiéndose en un tsunami. Algo empieza a notarse –ahí lo dejo-- en los mercados y en los whatsapps de las AMPAs, en el café de las diez y en las gradas de las canchas, o en las consultas del seguro donde a falta de citas con el médico de cabecera ya han dejado de preguntar quién da la vez y se limitan a decir, mirando a su despacho presidencial: “Que pase el siguiente”.

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