Intrahistoria del 'pacto del Viernes Santo' que metió a Podemos en la coalición Por Andalucía: “Ni un Judas ni un Jesucristo”
La reunificación de los partidos de izquierdas dentro de la marca Por Andalucía, firmada el último día de plazo para registrar coaliciones ante la Junta Electoral, está inspirada en la “aritmética pura y dura”.
Nadie se atreve a asegurar si la unidad de formaciones a la gresca, como Izquierda Unida (IU), Sumar y Podemos, incentiva y concentra el voto de sus fieles en una misma papeleta. Pero todos los firmantes del acuerdo compartían que en el actual contexto sociopolítico, con las derechas en expansión y el electorado progresista desfondado, “no hay espacio para tres papeletas a la izquierda del PSOE andaluz”.
“La coalición eran lentejas”, resume un dirigente comunista. Y, aun así, sus promotores no han renunciado a exprimir un relato épico de la negociación maratoniana y el acuerdo in extremis que reenganchó a Podemos a una alianza de la que, en realidad, llevaba formando parte los últimos cuatro años.
El pasado Jueves Santo, 13 dirigentes de siete formaciones políticas (ocho hombres y cinco mujeres) se encerraron durante 12 horas en la sede regional de IU en el barrio de Sevilla Este, para fraguar, en la mañana del Viernes Santo, una “gran coalición” que ha sido mejor recibida por los electores progresistas que por la militancia de los partidos integrantes.
Antes de encerrarse durante horas en una habitación, metieron todos sus móviles en una caja para “evitar filtraciones e injerencias en directo”. “No fue por desconfianza, sino por prudencia”, dice uno de los presentes, que revela un “amago” de la dirección estatal de Podemos de abrir “una negociación paralela” a la que estaba teniendo lugar en Andalucía. “Eso que ya pasó con la coalición de 2022 no se ha repetido ahora”, advierten estas fuentes.
De modo que “aritmética pura y dura”, sí. Pero una vez rubricado el acuerdo de Por Andalucía, listo para las elecciones del 17 de mayo, alguno de los asistentes salió de allí rememorando La última cena, el mural bíblico de Leonardo Da Vinci, para referirse a los 13 dirigentes sentados a la misma mesa que estuvieron parlamentando desde por la mañana hasta por la noche en un ambiente de “respeto mutuo” y “conciencia política”. “Al menos allí dentro, hasta donde yo vi, no teníamos ni un Judas ni tampoco un Jesucristo”, bromea.
Todos los protagonistas de aquel día consultados por este periódico coinciden en que el ambiente fue “relajado en todo momento”; que “no hubo puñetazos en la mesa”; que nadie “se levantó y amagó con romper”; “no se pareció en nada a una partida de póker, porque las cartas estaban marcadas desde hacía un año”. Y que “se habló mucho de política y de lo que nos jugábamos, más que de listas electorales”.
“Yo estaba convencida de que Podemos se sentó a hablar con nosotros en la última semana de plazo por estrategia, para vender una ruptura e ir a las elecciones victimizados. Pero cuando escuché a sus negociadores, desde el minuto uno vi que aquello iba en serio, que no querían presentarse en solitario”, recuerda una de las dirigentes.
“Un diálogo entre Podemos y Por Andalucía”
Obviamente, el principal interpelado era Podemos, ausente de la negociación durante el último año y medio. Algunos dirigentes describen la reunión como “un diálogo entre Podemos y la coalición Por Andalucía”, es decir, que la alianza ya fraguada por el resto de partidos (IU, Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz) era una realidad compacta y negociaba con una sola voz.
Sin embargo, cuando llegó el momento de discutir cambios en las candidaturas de las ocho provincias, Podemos tuvo que hablar por separado con cada partido integrante: por ejemplo, cuando pelearon por el primer puesto por Cádiz para dárselo a su candidato original a la Presidencia de la Junta, el diputado y guardia civil Juan Antonio Delgado, se toparon con el rechazo frontal de la dirigente de Sumar, Esperanza Gómez, que había negociado y amarrado esa plaza en la negociación previa con IU.
Los morados terminarían aceptando puestos de difícil cobertura, como el número dos por Sevilla y por Málaga, y el número uno por Jaén, plazas que inicialmente correspondían a IU, y que en 2022 no lograron representación en el Parlamento. Pero antes de llegar a ese río, tuvieron que cruzar un puente más difícil.
A los 13 negociadores les preocupaba lo mismo: cómo gestionar las “contradicciones” que iban a aflorar en cuanto Podemos compartiese escenario con dirigentes de IU y de Sumar en los actos electorales de la campaña andaluza. “Si Podemos critica con dureza a los ministros de Sumar, y los acusa de belicistas y vota en contra de sus medidas en el Congreso, y exige su salida del Gobierno de Pedro Sánchez, y ahora comparte cartel electoral y mítines con ellos, es evidente que nuestros adversarios políticos en las andaluzas van a hurgar en esa contradicción. Hay que pactar los desacuerdos para que no nos explote en la cara en plena campaña”, relata una dirigente.
Según las fuentes consultadas, los negociadores de Podemos eran “plenamente conscientes” de que “esta era la mayor dificultad del acuerdo, más que el asunto de las listas”, aunque sea el que más ha trascendido.
También se dijo, por ejemplo, que “la unidad de las izquierdas ya no renta, ya no persigue la ilusión ni la épica” —“agrupémonos todos en la lucha final”, suena La Internacional, himno del movimiento obrero—, pero la necesitamos “por pura matemática”. “El objetivo desde el minuto uno de la reunión era desterrar la posibilidad de tres papeletas a la izquierda del PSOE”, afirma uno de los presentes en la reunión.
Aun así, alcanzar la unidad in extremis entre IU, Sumar y Podemos en la comunidad más poblada de España -8,6 millones de personas- fue inmediatamente traducido como un éxito político por el candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo. Maíllo no estuvo dentro de la sala donde se negoció la coalición, aunque fue recibiendo información puntual de sus dos personas de confianza, el líder andaluz de IU y diputado de Sumar en el Congreso, Toni Valero, y el secretario general del PCA, Ernesto Alba.
Al día siguiente, la primera valoración pública del acuerdo la hizo él, como candidato, y ahí Maíllo recuperó la épica de la unidad para propulsar su campaña y, a la vez, indicar el camino de baldosas amarillas al “frente amplio de izquierdas” que se prepara para las generales. Este domingo, en Sevilla, los ministros de Sumar Pablo Bustinduy, Mónica García y Ernst Urtasun arroparán a Maíllo en un acto con militantes, que será a la vez la continuación de su proyecto de alianzas y plataforma de despegue para el candidato andaluz.
El también coordinador federal de IU estaba en la esfera nacional de la política y ha hecho una arriesgada apuesta personal por encabezar la coalición Por Andalucía. Su nivel de popularidad es hoy mucho mayor que en 2015, cuando se presentó por primera vez como candidato a la Presidencia de la Junta, y es de los líderes más valorados en la izquierda. El nombre de Maíllo, de hecho, ayuda a identificar la marca de su coalición, que hoy todavía genera mucha confusión con sus rivales de Adelante Andalucía.
Maíllo ha bautizado el pacto de coalición como el “acuerdo del Viernes Santo”, una expresión que evoca al histórico proceso de negociación irlandés (1998) que culminó con la renuncia del IRA a la lucha armada después de tres décadas de conflicto en Irlanda del Norte, y estableció un gobierno compartido entre unionistas (protestantes) y nacionalistas (católicos). “El Viernes Santo andaluz ha sido algo más fácil, porque todos éramos unionistas”, bromea uno de los negociadores presentes.
Llegar año y medio tarde a la negociación
Aunque el análisis político ocupó todo el debate de la mañana, hasta el receso para comer, el elefante en el garaje desde el principio fue cómo encajar en esas listas a los candidatos de Podemos, que llevaba fuera de la negociación con el resto de sus socios casi año y medio.
La reedición del pacto de coalición empezó a gestarse en octubre de 2024, a partir de una propuesta que IU hizo llegar al resto de integrantes de Por Andalucía: Más País, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Equo, Podemos y Alianza Verde. La ausencia de los dos últimos en las reuniones de la “mesa de partidos”, durante un tiempo tan prolongado, ha sido “el gran handicap” de los morados para renegociar el penúltimo día de plazo, cuando el resto de formaciones ya había elegido al candidato a la Presidencia y se había repartido los principales puestos de salida en las listas.
Los negociadores andaluces de Podemos han criticado públicamente “la falta de generosidad de IU” por negarse “taxativamente” a cederles “uno o dos” cabezas de lista en alguna de las cinco provincias más seguras, donde ahora tienen escaños: Sevilla, Málaga, Cádiz, Córdoba y Granada. Pero, en privado, desde la dirección andaluza de Podemos admiten que negociaban “con una mano atada a la espalda”.
En los dos recesos que tuvo la reunión —el primero para comer, el segundo para deliberar— “hubo llamadas” a la ejecutiva estatal del partido, que pilota Ione Belarra, para advertir de la situación. “Aquí dentro hay un muro, pero fuera de la coalición está el abismo”, escuchó uno de los negociadores. “Hubo llamadas a Madrid, pero negociamos desde Andalucía”, matizan desde la dirección regional. En el parón, los 13 negociadores recuperaron sus móviles, salieron de la sede de IU y se dispersaron para comer, cada uno con su partido.
Hay dirigentes andaluces que, en privado, se lamentan de que la dirección estatal de Podemos no les autorizase a negociar hace año y medio, “porque en ese momento el runrún era que Sánchez iba a adelantar las generales, y en Madrid estaban en una estrategia diametralmente opuesta a la andaluza”.
Pero hay otros dirigentes de Podemos Andalucía, como el portavoz adjunto y parlamentario cordobés de Por Andalucía en esta legislatura, José Manuel Gómez Jurado, que han hecho público el pulso que libraron con los de Belarra. “Si tú quieres construir de verdad un proyecto unitario que amplíe y que crezca, lo construyes un año antes. Porque eso te permite posicionar a tus candidatos provinciales, que ya estén dando vueltas por Andalucía, y eso te permite afianzar la marca, crecer... Nosotros, en abril del año pasado, teníamos un preacuerdo entre las dos direcciones. Llevamos ese preacuerdo y a nivel estatal lo empezaron a dilatar”, contó el exdiputado en una entrevista para Cordópolis.
Fuentes del Consejo Ciudadano Andaluz de Podemos, máximo órgano de decisión, confirman que aquel “preacuerdo” existió, pero que “la política de alianzas en Andalucía se supeditó a la estrategia nacional”, porque en ese momento las grabaciones del caso Koldo y del exministro Ábalos parecían que iban a tumbar al Gobierno y obligar a Sánchez a adelantar las elecciones. “Se equivocaron”, advierten.
Esta versión coincide con el relato de Gómez Jurado: “Hace un año había hueco para jugar y para que Podemos hubiese ocupado más espacio dentro de la coalición, no de manera egoísta, sino como una forma de hacer política distinta a la de IU”, se lamenta el coportavoz de los morados en Andalucía, aludiendo a su discusión con alguien “importante de la dirección estatal”.
“Le dije: cerrar el acuerdo cinco días antes es un error y, si vais a hacer eso, decírnoslo a quienes estamos aquí para que no perdamos más el tiempo y nos vayamos a nuestra casa. Porque cerrar otro acuerdo cinco días antes va a suponer que, en lugar de tener un crecimiento de diez diputados que era lo que nos daban las encuestas en ese momento, pues nos quedemos como estamos, en el mejor de los casos”, cuenta Gómez Jurado, que concluye que su interlocutor no volvió a contestarle más mensajes.
El éxito o fracaso, visto desde Madrid
Más que el famoso mural de Da Vinci, el acuerdo de la coalición Por Andalucía se asemeja a una pintura impresionista: si lo miras de lejos, se divisa un paisaje primaveral, pero si te acercas mucho al lienzo, los colores se mezclan y sólo se ven manchurrones.
Desde algunos sectores de Madrid, la coalición de Por Andalucía se percibe como algo “prometedor”. Esta vez, a diferencia de las elecciones en Aragón y Castilla y León, las izquierdas se presentan unidas en una comunidad que representa casi el 20% del electorado del país y aporta 61 escaños al Congreso. El éxito o fracaso del invento será extrapolable a las generales de 2027, y los actores de la pluriizquierda en Madrid ya han empezado a tomar posiciones estratégicas, acercándose o alejándose a la pintura andaluza.
Desde Andalucía, la coalición se ve con más cautela y mayor escepticismo, porque sus protagonistas ya transitaron por esta senda hace cuatro años, en las elecciones de 2022, con un resultado muy por debajo de las expectativas que generó Yolanda Díaz y el esperado amadrinamiento de la marca Por Andalucía: sacaron cinco diputados, el mínimo para tener grupo parlamentario.
El acuerdo ha sido aplaudido por el electorado progresista más consciente de la situación política, con todos los sondeos vaticinando una nueva mayoría absoluta de Moreno o, en su defecto, un Gobierno del PP coaligado con Vox. Más recelos ha provocado entre la militancia más visceral de los partidos, sobre todo la de Podemos. El acuerdo fue bendecido por la dirección estatal a regañadientes y con quejas porque “no refleja el peso político” de su formación. Horas después de sellarse el pacto, Pablo Iglesias habló de “humillación” y “decepción” y de “mucha gente indignada”.
“Reacciones como las de Pablo Iglesias, ya en precampaña para las andaluzas, fue precisamente lo que más tiempo nos ocupó en la negociación. No creo que a Podemos en Andalucía les haya hecho mucha gracia”, advierte una dirigente.
Pero no sólo la militancia morada ha torcido el gesto tras el acuerdo de coalición, entre los cuadros medios de IU también hubo recelos: muchos consideraban que se estaba “regalando un salvavidas a Podemos”, que venía de recabar menos del 1% de los votos en las elecciones de Aragón y Castilla y León. Más preocupados andaban los alcaldes comunistas, que preguntaron a la dirección regional si ellos tenían que integrar también a sus rivales de Podemos en las listas para las municipales de 2027.
La dirección andaluza de Podemos, representada por la secretaria general Raquel Martínez, tenía claro desde hacía un año que el acuerdo de coalición era el camino: lo había manifestado en público, lo había trasladado en los órganos internos a la ejecutiva estatal de Podemos, se lo había dicho en persona a Belarra y a Montero, y había estampado su firma en un manifiesto en favor de la unidad de las izquierdas andaluzas, que Madrid ignoró.
Cuando finalmente se sentaron a negociar, con las vírgenes y los cristos de Semana Santa procesionando por Andalucía, faltaban unos días para la fecha límite y la coalición del resto de partidos estaba prácticamente cerrada. Esta vez se cerró todo once horas y media antes del plazo límite.
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