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Peñalosa: el mítico poblado de piedra al que se llega navegando

Vista aérea del yacimiento argárico de Peñalosa

Ana Sola

Jaén —

En el Parque Natural Sierra de Andújar (Jaén), en el entorno del pantano del Rumblar, construido en 1841, se encuentra la playa del Tamujoso. Un puerto de agua dulce en pleno paraíso interior, con suelo de pizarra y rodeado de pinos y eucaliptos. Es una zona recreativa de baño muy frecuentada, donde se pueden realizar actividades acuáticas como la vela o el piragüismo.

Pero sobre todo la zona esconde uno de los lugares míticos de la provincia de Jaén, al que solo se llega, hasta ahora, caminando por su zona sur y en barca por el norte. Se trata del poblado argárico de Peñalosa, ahogado en parte por la subida del agua.

La oficina de turismo de Baños de la Encina, localidad al que pertenece el lugar, ofrece durante todo el año, con solo solicitarlo con 24 horas de antelación, la posibilidad de hacer una ruta en piragua por la zona que incluye la visita al yacimiento arqueológico.

Peñalosa está situada en un espigón, una especie de atalaya en forma de lengua que busca abrirse camino en el agua, y que llama la atención desde la lejanía, incluso a vista de pájaro.

Cuando el visitante pone el pie en el suelo, desde la playa, se topa con parte de las murallas que en su época, hace 4.000 años, durante el segundo milenio antes de Cristo rodeaban la ciudad serpenteando alrededor de la misma y alguna que otra pequeña puerta.

El poblado, un laberinto de casas rectangulares con muros de pizarra y calles que tapizan el monte, está formado por tres terrazas artificiales. En la inferior, junto al agua, se encuentra una cisterna que recoge la lluvia.

Subiendo por un entramado de estrechas callejuelas, ahora vacías pero por las que hace cuatro siglos bullía la vida, se accede a la segunda terraza. Allí se han encontrado restos de actividad metalúrgica y una sepultura monumental, con numerosos restos animales y un rico ajuar.

En la última terraza hay una acrópolis a la que se llega por un sinuoso pasillo protegido por baluartes y atalayas. Es en ese lugar, especialmente fortificado, donde se han detectado los enterramientos más ricos y un mayor consumo de carne de caballo, además de restos de numerosas vasijas de almacenamiento de cereal.

Ese conjunto de muros de pizarra por el que ahora se puede pasear, tuvo gran importancia hace 4.000 años en el Alto Guadalquivir, por la explotación intensiva y masiva del mineral de cobre (malaquita y azurita). Pero los avances económicos también afectaban a los habitantes de la prehistoria y la desventaja del cobre arsenicado frente al bronce procedente del Bajo Guadalquivir los llevaron a la ruina y tuvieron que emigrar alrededor del 1.400 a.C., al valle del Guadalquivir.

Ahora se ha convertido en un lugar mágico a donde llegar surcando las aguas. Desde allí se puede otear en el horizonte, en su máxima altura, el Castillo de Burgalimar o de Bury al Hamma, una fortaleza de origen Omeya (s X d.C.) en pleno corazón de Baños de la Encina con 15 majestuosas torres. Considerado uno de los castillos mejores conservados de toda al-Ándalus tiene el privilegio, desde 1969, de hondear en su torre del homenaje la bandera azul del Consejo de Europa. Privilegio que le otorgo la Comunidad Europea con motivo de la celebración del milenio de la construcción del castillo y que sólo dos castillos europeos poseen este honor, el de Baños de la Encina y el de Florencia en Nápoles.

Pero esa es otra historia...

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