El PP andaluz agita el fantasma del pacto extremeño con Vox avalado por Génova para alimentar sus opciones de mayoría
Tras cuatro meses de bloqueo, PP y Vox han reeditado el pacto de gobierno en Extremadura al que estaban abocados desde el principio, aunque ahora con una coalición con una capa más gruesa de ultraderecha con todos los parabienes de la dirección nacional de los populares en Génova. Se da por hecho que el acuerdo extremeño será la guía de referencia a clonar en Aragón y Castilla y León, donde se vive una situación casi calcada. La duda que sobrevuela ahora es qué pasará en Andalucía, que justo en un mes (el 17 de mayo) abrirá sus urnas: ¿esto beneficia o perjudica al actual presidente, Juan Manuel Moreno?
El propio Moreno se ha puesto de perfil este mismo viernes cuando se le ha preguntado por el documento rubricado por su compañera María Guardiola para repetir como presidenta, alegando que no ha tenido “tiempo para leerlo”. Y en cuanto a lo pactado sobre inmigración, ha llegado a asegurar desde El Puerto de Santa María que “no sé cuáles son los acuerdos”. Sí ha subrayado su satisfacción por el desatasco político, pero ha agitado el miedo al bloqueo institucional que provocaría en Andalucía una situación como la extremeña, de ahí su objetivo de “evitar” un gobierno de coalición que meta a la ultraderecha en San Telmo.
La afirmación la hace el primer político del PP que, tras las elecciones andaluzas de 2018, asumió parte del argumentario de Vox para ser investido presidente con sus votos y los de Ciudadanos. Además, hasta ahora nunca ha cerrado de manera contundente la puerta a meter a los de Santiago Abascal en su Ejecutivo, una decisión que no parece dispuesto a tomar él sino que descarga la responsabilidad en la ciudadanía. “Los andaluces van a tener la oportunidad el próximo 17 de mayo de decidir si quieren una vía como la que ha tenido que abrir Extremadura, o Castilla y León, o Aragón, o una vía única, que es la vía andaluza, que es un gobierno con estabilidad y, por tanto, una mayoría suficiente”, ha apuntado este viernes.
Nada que decir sobre la regularización de inmigrantes
Esta postura contrasta con los mensajes que salen de la dirección de Alberto Núñez Feijóo, que se ha declarado “muy satisfecha” por el acuerdo en Extremadura. Curiosamente, esta semana se sabía que el presidente nacional del PP hará campaña en Andalucía pero casi por su cuenta, coincidiendo lo mínimo con Moreno. El dirigente andaluz, por su parte, sabe que no puede alabar el pacto extremeño en su tierra porque aquí el discurso oficial es lo que machaconamente se vende como la “vía andaluza”, en teoría más centrada en el diálogo que en la confrontación.
Esto ha llevado al presidente andaluz no sólo a no replicar en ocasiones la línea nacional de su partido, sino que incluso ha seleccionado sus confrontaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez para aparcarlas, por ejemplo, con Doñana o cuando el accidente de Adamuz o las graves inundaciones de enero y febrero. Lo mismo ocurre ahora con la inmigración, al hilo de la regularización extraordinaria: el Gobierno andaluz se ha desmarcado del argumentario oficial del PP y ni ha querido entrar a valorar la cuestión o aclarar si la recurrirá, con la justificación de “no contribuir a la división” que ha generado el tema.
En el PP andaluz llevan tiempo centrados en que el verdadero peligro viene más por la derecha que por la izquierda, como auguran una y otra vez unas encuestas que reflejan un Parlamento con una rotunda mayoría conservadora. El propio Moreno repite que lo que más teme es el exceso de confianza que lleve a una cierta desmovilización en sus filas, porque a día de hoy la principal incógnita del 17M es si retendrá o no su actual mayoría absoluta.
El PP, el voto útil ante Vox
La estrategia del PP andaluz en estos cuatro años con Vox ha sido más de palo que de zanahoria, con un tono más crudo que el que mantienen las direcciones nacionales. El presidente andaluz ha cultivado en paralelo un perfil amable, cercano a la gente (no hay acto en el que su equipo de comunicación no incluya alguna foto haciéndose un selfi con alguien), moderado e institucional, lejos de la actitud de otros compañeros de partido como Isabel Díaz Ayuso.
Así que estamos en un escenario como el de 2022, y el objetivo de los populares es contraponer la sonrisa de Moreno al colmillo de Vox. En las últimas autonómicas, la izquierda basó su campaña en que el PP se aliaría con Vox y la por entonces candidata de extrema derecha, Macarena Olona, llegó a presentarse varias veces como la futura vicepresidenta de Andalucía. El contraargumento de Moreno fue sencillo: si no queréis a Vox, votadme a mí.
Y caló esa percepción de que el verdadero voto útil para frenar a Vox era el PP, más incluso que la izquierda. Así lo avaló el propio CIS tras las elecciones (el PP le arañó hasta un 16% de apoyos al PSOE), lo que evidenció que los populares ganaron las elecciones, pero fue un electorado de centroizquierda el que le dio la mayoría absoluta.
“O estabilidad o lío”
El pacto extremeño ha servido al PSOE para subrayar que PP y Vox son ya “indistinguibles” y a Por Andalucía para lamentar que los populares “compran el marco político de Vox” y harían lo mismo en Andalucía si es necesario. La izquierda, no obstante, va con pies de plomo para intentar encontrar el punto de cocción exacto que le permita movilizar a su gente pero sin pasarse de frenada, para no asustar demasiado y que no haya otra vez trasvases rumbo al PP.
La formación de ultraderecha, por su parte, está más que dispuesta exportar la vía extremeña, expresando su convicción de que este acuerdo de “sentido común” se trasladará también a Andalucía. Aunque las cosas no han empezado como para tender puentes, ya que el propio Santiago Abascal arrancó la precampaña con un primer mitin en Málaga en el que cargó contra “Juanma Moruno” y le acusó de ser “una estafa permanente”. “Nosotros venimos a defender la Andalucía verdadera, que es la de Fernando III el Santo, que recobró esta tierra de los moros”, afirmó de manera lapidaria.
Todo ello nos lleva a un momento político en el que el PP andaluz menciona más a Vox que la propia izquierda, son ahora los populares los que sacan más a pasear el fantasma de la ultraderecha en Andalucía para así movilizar a los suyos y retener a ese votante de centro que suele mirar más a la izquierda. De paso, la nueva coalición en Extremadura sirve a Moreno para reforzar el que se ha convertido en su lema oficioso en esta precampaña: “O estabilidad o lío”. Y esa estabilidad, a su juicio, sólo la da revalidar su mayoría absoluta. Mientras la izquierda quiere hacer de las elecciones un plebiscito sobre la sanidad, el presidente tiene en mente otro marco mental: o yo o el caos.
No es cuestión de “ideología”
Llegados a este punto, volvemos a la pregunta inicial: el pacto extremeño, ¿beneficia o perjudica al presidente andaluz? Pues dependerá de cómo juegue cada uno sus cartas. El propio Moreno reconocía hace poco que “no sabe cómo parar” la tendencia al alza de Vox, algo desinflada las últimas semanas, y que entre sus asesores los hay que le piden girar más al centro y otros que al contrario, que se acerque a los de Abascal. Hasta la fecha, le ha dedicado más broncas que halagos. Pero lo dicho, nunca ha descartado de manera rotunda una coalición, porque eso dependería de lo que le exigiesen a cambio.
El mantra de “estabilidad o lío” se repetía esta semana desde el Gobierno andaluz, al hilo de las encuestas que le dan muchas opciones de repetir una mayoría que nunca define como absoluta, sino con el eufemismo de “suficiente”. El apoyo del electorado, se resaltaba, ya no es una cuestión de “ideología”, sino que “hay una mayoría que quiere gestión, moderación y estabilidad”. Y eso es lo que vende la marca Juanma Moreno, que fue el primero en pactar con Vox pero ahora se presenta como el parapeto para frenarlo.
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