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Moreno marca perfil propio en la gestión de las riadas y explota su rol institucional sin chocar con el Gobierno de Sánchez

Juanma Moreno, presidente de Andalucía, visita las zonas inundadas de Jerez de la Frontera (Cádiz)

Daniel Cela

Sevilla —

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En las últimas tres semanas, Andalucía ha encadenado dos crisis devastadoras que han paralizado la realidad social, política y económica de sus ciudadanos, situándola en el epicentro del foco mediático nacional.

El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), con 46 muertos y 126 heridos, y el impacto de un tren de borrascas que tiene media comunidad anegada, con ríos, pantanos y cauces desbordados, más de 7.000 vecinos desalojados de sus viviendas, carreteras y vías ferroviarias cortadas, pueblos aislados y casas en riesgo de derrumbarse.

Ambas crisis han tensionado hasta el límite los servicios públicos -sanitarios, emergencias, cuerpos y fuerzas de seguridad- y, por extensión, la capacidad de respuesta de las administraciones. Como suele ocurrir ante catástrofes de esta magnitud, la gente se ha girado hacia las instituciones y ha visto, entre el estupor y la sorpresa, que los gobiernos de distinto signo político aparcaban la bronca habitual en el debate público y trabajaban juntos, “con comunicación, coordinación y lealtad”.

Lo excepcional de esta imagen, en una España que se trata a garrotazos goyescos todos los días, ha hecho que emerja por encima del resto la figura política del presidente andaluz, el popular Juan Manuel Moreno, que estos días de tragedia ha sabido reforzar su perfil institucional -sereno, conciliador, cercano-, frente a ejemplos más hostiles que están dando otros dirigentes del PP, incluso su líder, Alberto Núñez Feijóo, que ya ha imputado al Gobierno de Pedro Sánchez “los muertos del AVE”.

Moreno estuvo desde el primer minuto -y prácticamente toda la noche del domingo 18 de enero- al pie de las líneas ferroviarias a su paso por Adamuz, donde descarrilaron los trenes Iryo y Alvia, dejando medio centenar de vidas sesgadas.

La Junta actuó de la mano del Gobierno, estuvo junto a Sánchez y junto al ministro de Transportes, Óscar Puente, dio prioridad a las víctimas cada vez que le preguntaron por las causas del accidente y, hasta el día de hoy, ha orillado el debate bronco sobre los posibles responsables, mientras sus compañeros de partido recibieron a Puente en el Senado al grito de dimisión. “Moreno no se ha manchado las manos de sangre, otros lo hacen por él”, asegura una dirigente del PSOE andaluz.

El ejemplo de la borrasca Leonardo es distinto, porque se trata de un fenómeno meteorológico “excepcional”, una especie de ciclón que se ha desplazado 7.000 kilómetros desde el Caribe para sacudir de lleno una comunidad poco acostumbrada a este tipo de lluvias y de fuertes vientos. “Esto nunca había pasado antes. Las cifras que nos pasa la AEMET son espeluznantes”, ha repetido el dirigente popular.

Mazón, en El Ventorro; Moreno en el Cecopi

Moreno presidió la primera reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrada (Cecopi), que el martes pasado anticipó todas las decisiones de prevención ante el riesgo inminente de inundaciones. El presidente andaluz, escudado por el consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz, pilotaron un equipo de trabajo donde se sentaban los técnicos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), de la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA), de las confederaciones hidrológicas estatales y autonómica, de la Dirección General de Infraestructuras del Agua de la Junta, de las delegaciones territoriales de Educación, diputaciones provinciales y ayuntamientos.

Decisiones como el cierre masivo de colegios y la posterior reapertura de clases en la mitad de Andalucía -que provocó un caos organizativo entre profesores y familias pendientes de llevar a sus hijos a la escuela al día siguiente- tuvieron que cribar un análisis multidisciplinar que medía la evolución de fenómenos meteorológicos especialmente cambiantes, con múltiples variables, en una comunidad con nueve millones de personas y la misma extensión que Portugal.

La AEMET es el primer organismo que cita el presidente de la Junta cada día, desde el pasado 27 de enero, cuando empezaron las lluvias torrenciales. Hay puntos de Andalucía que han recibido 700 litros de agua, zonas “donde ha llovido en un día más de lo que llueve en Londres en un año”.

Pero antes de que esto ocurriera, con las primeras alertas meteorológicas de la AEMET sobre lo que estaba por llegar, la Junta ordenó el martes pasado el cierre de todos los centros educativos (7.243) para el día siguiente, pidió a las universidades que hicieran lo mismo, restringió el movimiento en las carreteras, suspendió la actividad en los centros de participación activa y en los centros de día asistenciales para mayores y para discapacitados, y recomendó a los ayuntamientos de los 785 municipios de Andalucía que prohibiera la actividad deportiva al aire.

En ese momento, había ya 50 pantanos de Andalucía desembalsando agua al máximo de lo posible (hasta un 85%), pero las lluvias volvían a situarlos al 100%. “Esto nunca había pasado”, es la misma frase que repiten los técnicos todos los días. Tan “excepcional” es este fenómeno climatológico en Andalucía, como lo fue la dana de Valencia del 29 de octubre de 2024, en la que murieron 230 personas, muchas de ellas antes de que la Generalitat tomara la primera decisión y después de que la Generalitat advirtiera del fenómeno que se aproximaba.

La gestión de aquella dana por parte de la Comunitat Valenciana y la ausencia en el puesto de mando del expresident Carlos Mazón se ha convertido en el espejo inverso en el que se miran ahora las administraciones ante catástrofes de esta magnitud. “Todo lo que no hizo o hizo mal Mazón le ha servido de aprendizaje a Moreno, tanto en la capacidad de respuesta de sus competencias, como en la coordinación necesaria con el Gobierno central”, admite un miembro de la Junta.

Ante la borrasca Leonardo, el presidente andaluz elevó de nivel 1 a nivel 2 la situación operativa de emergencias por riesgo de inundaciones, para así poder coordinar sus esfuerzos con otras administraciones (Gobierno central, diputaciones, ayuntamientos) y movilizar con tiempo a la Unión Militar de Emergencias (UME), que suele tardar entre tres y cuatro horas en movilizarse. Moreno tomó el control, y el Ejecutivo de Sánchez se puso a su disposición.

A las ocho de la tarde del martes, la Junta envió un mensaje ES-Alert a los móviles de la población en riesgo de lluvia muy elevada en zona con nivel de alerta rojo, como la sierra de Grazalema, el Campo de Gibraltar, la sierra de Ronda, en Málaga, y los puentes de Jaén. Apenas 24 horas después, muchas de esas zonas estaban ya anegadas.

El pueblo de Grazalema fue desalojado por completo, mientras el agua brotaba de las paredes, de los suelos y salía por los agujeros de los enchufes. La lluvia empezó a remitir en algunas zonas de Andalucía a partir del jueves, pero la Junta no ha bajado la alerta, porque “el peligro está en que la tierra ya no puede absorber más agua”, los ríos bajan violentos por la fuerza del agua caída, el deshielo de Sierra Nevada ha desbordado ríos y convertido municipios de la provincia de Granada en “islas”.

El torrente de lluvia y viento está moviendo a Juanma Moreno por todo el territorio andaluz, visitando las zonas más afectadas, metido literalmente en los charcos, hablando con los vecinos, haciendo varias comparecencias al día ante los medios de comunicación, enfundado en sus botas de agua y en su traje institucional.

A nadie se le escapa que, en paralelo, ha empezado una precampaña electoral en la que el candidato Moreno puede sacar partido de ese traje institucional, en una comunidad autónoma acostumbrada a votar al presidente de turno. El PSOE andaluz, que gobernó ininterrumpidamente 37 años, lo sabe muy bien.

Su candidata, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha tratado de buscar hueco institucional estos días en Andalucía, reuniéndose con el delegado del Gobierno de España en esta región para “analizar los efectos de la borrasca” e informar a los medios del trabajo que está haciendo el Ejecutivo central.

Este viernes, la vicepresidenta ha comparecido desde Huelva, donde ha actualizado la cifra de desalojados y ha defendido también su presencia en el funeral por las víctimas del accidente ferroviario. “Yo respeto a las víctimas y, por tanto, no tengo que hacer ninguna sobreactuación”, ha dicho la también secretaria general del PSOE andaluz y próxima rival de Moreno en las elecciones autonómicas, previstas para junio. Moreno ha asegurado que no acude “a los lugares y pone en marcha dispositivos y situaciones para visibilizarse”, sino porque entiende que, “en este momento de dolor que tienen las víctimas, tenemos que facilitar su camino y su tránsito”.

Todo el mérito que le conceden las plataformas políticas y mediáticas desde Madrid al presidente Moreno, siempre en contraposición a otros perfiles más hoscos, como los de Feijóo, Mazón o Isabel Díaz Ayuso, le allanan la campaña a las andaluzas -previstas para junio- y achican el espacio a sus rivales políticos. La mayoría absoluta del PP en Andalucía se nutre, en parte, de votantes de centroizquierda que se identifican con las maneras políticas de Juanma Moreno, con la persona sobre las siglas de su partido. Y ahora, con el presidente que se mancha las manos de barro.

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