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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Dudaísmo electoral

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el candidato popular en Aragón, Jorge Azcón, en el Aeropuerto de Teruel.

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La duda lleva al conocimiento. La indecisión, en cambio, es la incapacidad de elegir. Dudamos porque sabemos y cuesta decidir porque nos fatiga aprender. Las dudas ofenden menos que la ignorancia y las interrogaciones ayudan más que las aseveraciones. En un mundo que sólo ofrece respuestas, queda claro que necesitamos muchas más preguntas. Los fanatismos viven de certezas y las religiones de fe. No cabe duda. Los fascismos no toleran las dudas porque se nutren de irracionalidad. Al fin y al cabo, dudar es más fiable que estar seguro. El titubeo es el temblor previo que sentimos ante la vacilación de decidir. Confundimos elegir con decidir. Optamos por azar y escogemos por descarte, no por Descartes. La inseguridad de la incertidumbre nos arrastra a la ansiedad de la precipitación. La duda no tiene prisa, pero la culpa encorre nuestra responsabilidad. Si las vacilaciones toman el mando, las dubitaciones se convierten en perplejidades llenas de inanición. El escepticismo nos empuja a dudar para comprobar, no para negar. Así, el espíritu crítico se hace cuerpo del conocimiento. Dudar para ver, sin la necesidad de creer. La ciencia duda con hipótesis y el pensamiento con tesis. De ahí surge la síntesis que nos permite avanzar.

La motivación es la energía que nos impulsa a dudar para resolver una situación. La apatía, en cambio, lleva a una aceptación sumisa que bloquea la conducta ante la incapacidad de cuestionar la realidad. La duda es el método de análisis que nos ofrece la perspectiva de la decisión. Pero si nos sentimos cómodamente atrapados rumiando dudas, sin asimilar lo que masticamos con el cerebro, la indigestión nos da acidez de comportamiento. La reiteración de este bloqueo mental que encadena dudas tan persistentes como paralizantes, conduce a la duda patológica. Se trata de una obsesión que invade el pensamiento del sujeto y lo llena de dubitaciones permanentes y disruptivas. Es una variante del Trastorno Obsesivo Compulsivo, el famoso TOC, que en estos casos se centra en las dudas constantes sobre aspectos cotidianos, a menudo intranscendentes, que impiden a la persona que lo sufre salir del bucle que le atenaza para tomar una decisión. Dudan de si han cerrado bien la puerta, la llave del gas o si han hecho bien su trabajo. Pero también de irse o no a vivir con alguien. Su lema de vida es el “y si”. Siempre piensan en otras alternativas, que no llegan a tomar, de forma que no escogen ninguna. Si no les queda más remedio que decidir, y optan por una respuesta, sufren la persistencia de una inseguridad que les reconcome el pasado, les atormenta el presente y les nubla el futuro. Son personas que preguntan constantemente para pedir consejos que no aplican, pero que les permite seguir en el círculo vicioso de su indefinición.

Las elecciones del próximo domingo tienen más dudas que indecisión. Lo que es bueno. No es fácil votar y menos si quien te obliga es el responsable de gobernar con los apoyos que ha recibido. Porque se gestiona para todas y todos, aunque sólo una parte te haya dado la confianza. Ese es el arte de un liderazgo que sepa y quiera gestionar lo público. Las decisiones más evidentes señalan una hemorragia de los conservadores que están siendo vampirizados por la ultraderecha. Cría cuervos y te sacarán los votos. Si el objetivo de Azcón era consolidar una mayoría absoluta con PAR y/o Teruel Existe no tiene muchos motivos el actual presidente para estar satisfecho de esta repetición electoral. La definición es importante. No se trata de un adelanto, sino de un nuevo intento por no haber sido capaz de gestionar, con Vox fuera y dentro de su gabinete, la mayoría de derecha extrema y extrema derecha con la que comenzó la legislatura. De ahí, que las repeticiones hurguen en la herida del cansancio. Buscar la mayoría sin que la mayoría de los votantes participen es un riesgo social, aunque tenga réditos electorales.

La izquierda acude dividida a esta cita, pero está expectante. En el flanco diestro no hay dudas. Apenas un quince por ciento de la derechona de bajo espectro, no sabe si escoger entre la esencia del fascismo o un fascismo con esencias. Lo único que queda claro es que, entre las personas progresistas, la mayoría de quienes no tienen decidido su voto dudan entre Pilar Alegría u otras formaciones. Es un buen termómetro porque hay más duda que desactivación. Si votan los que dudan, pierden los que afirman. El liderazgo cooperativo que puede impulsar Pilar es atractivo para construir una alternativa que sólo ella puede dirigir. Pero aún más importante es que esa mayoría silenciosa y dubitativa no sólo acuda a las urnas, sino que lo haga plantando cara a las derechas y defendiendo un Aragón con derechos.

El dadaísmo fue un movimiento cultural y artístico que surgió para cuestionar la conservadora razón imperante, en una época en la que el desencanto de la Primera Guerra Mundial se extendía por Europa. Fue un impulso de rebeldía contra la burguesía, y los convencionalismos que representaba, en el convulso y violento Viejo Continente. La provocación del absurdo se lograba con munición cargada de ironía. El próximo domingo tenemos una oportunidad de rebelarnos para avanzar en la libertad de dudar, de equivocarnos y de progresar. El “dudaísmo” ayuda a decidir.

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