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Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Hablemos de la Constitución

Constitución Española de 1978.

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Defender la Constitución no es abrazarse a los artículos 135 o 155. Defender la Constitución no es envolverse en una bandera de colores y gritar con fuertes golpes en el pecho, ensalzando bajas pasiones y señalando a supuestos traidores.

Porque no creo en una Constitución que sea un ladrillo que lanzarnos a la cabeza entre territorios o ideologías.

De esta manera la Constitución, no es para enseñarla, es para aplicarla. Es para conocerla, leerla y enmendarla. Es para mejorar su articulado y para exigir que se aplique todo lo que en ella se redactó.

Así, sí que creo que en una Carta Magna que permita que todos los pueblos de forma asociada y sin ningún tipo de exclusión compartamos un proyecto común, que construya un Estado más fuerte y solidario.

Donde la prestación de unos servicios sociales públicos sea uno de los ejes fundamentales para que nadie se quede atrás y permitan la cohesión social y la integración y convivencia armónica de todos los territorios.

Una Carta que nos haga ser patriotas, pero no patriota de cuenta en Suiza y mascarilla con bandera en ristre. Porque ser patriota es defender lo general por delante de lo particular. Así es anteponer las necesidades e intereses de todos los ciudadanos por delante de las voluntades de una élite.

La Constitución desde ser una norma que sea la base de una legislación que proteja a los trabajadores frente a las brutales reformas laborales del pasado, que garantice el derecho a la vivienda, no de cabida a los desahucios, alquileres abusivos o que los especuladores colonicen la vivienda de nuestras ciudades.

Por eso es indignante escuchar cómo la derecha se arroga la defensa de la Constitución como garante del progreso. Cuando ellos mismos al gobernar, fueron los responsables de la reforma laboral que favoreció los ERE, el aumento de la pobreza infantil, los desahucios, subieron las tasas universitarias y recortaron la financiación de la Ley de Dependencia. La derecha solo quiere usar la Constitución para sus fines ideológicos y demuestran que ellos solo aplican los artículos 135 y 155. El resto los obvian o los invisibilizan.

En esta tesitura no puedo amparar usar esta norma de una forma que excluya, segrega y se emplea de forma maniquea y arbitrariamente para señalar a los buenos y malos españoles con el fin de crear mitos, miedos y odios entre ciudadanos, para así confundirnos y mantener el interés particular, por encima del general.

Por el contrario, defender la Constitución, sí es aplicar el artículo 14 y garantizar la igualdad entre todos los españoles, y por ello se hace imprescindible trabajar en reducir la brecha salarial, garantizar la igualdad de oportunidades y promover políticas que erradiquen la violencia de género.

Es aplicar políticas fiscales para garantizar un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad.

Aun así, creo firmemente que nuestro país debe seguir avanzando en la senda democrática para profundizar dicha democracia como sistema político. En este sentido, defiendo que España debe progresar hacia un futuro donde se establezca una nueva república que aglutine las bases de un renovado modelo de país.

Un proyecto que profundice en nuestra democracia en materia de igualdad. Para ello es imprescindible que la democracia llegue a todas las partes e instituciones, también a la Jefatura del Estado. Toda la ciudadanía tiene derecho a elegir a su Jefe del Estado y a ser elegida como tal. Una cuestión que no es menor y que cada vez menos gente comprende no poder elegir, especialmente aquellos que somos más jóvenes.

En consecuencia, debemos caminar hacia un horizonte republicano donde se reconozca la plurinacionalidad del Estado. Para ello es imprescindible avanzar hacia una estructura federal, que de verdad reconozca la diversidad del Estado y de los territorios que lo integran. Necesitamos construir un proyecto común frente a la crisis territorial que atravesamos en la que la monarquía ha jugado un papel centralista y poco dialogante. 

Por eso defender una reforma de la Carta Marga es, a la vez, construir un país más moderno y avanzado, también en lo económico y que desarrolle, con respeto para todos los ciudadanos esos servicios públicos para todos ya que sin hospitales dignos, sin pensiones, sin derechos laborales o sin unos servicios públicos fuertes que nos igualen a todos, la patria no es nada.

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17 de octubre de 2020 - 11:22 h

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