El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon.
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Hemos escuchado muchas veces que las mujeres deben tener más presencia en espacios de poder. Pero ¿realmente nos hemos parado a reflexionar por qué es tan importante? No se trata sólo de justicia o igualdad, que también, sino de algo más profundo: es una cuestión de progreso, de innovación, de crear sociedades más justas y equilibradas. Las mujeres no sólo deben estar en el liderazgo, sino que su presencia es urgente y transformadora.
Miremos a nuestro alrededor. En la política, en la ciencia, en la tecnología, en los deportes… durante siglos, estos espacios han sido dominados por hombres. No porque las mujeres no fueran capaces, sino porque se les negó el acceso a todos estos espacios. Y aún hoy, aunque se han logrado avances, las barreras siguen persistiendo. El famoso techo de cristal no es una metáfora vacía; es una realidad palpable que impide que muchas mujeres lleguen tan alto como deberían.
Hablar de liderazgo femenino es hablar de diversidad en la toma de decisiones. ¿Qué pasa cuando sólo un grupo homogéneo dirige el mundo? Que las soluciones son incompletas, las perspectivas limitadas y los problemas mal entendidos. Organizaciones con más mujeres en puestos de liderazgo han demostrado tener mejores resultados, una mayor capacidad de adaptación y una cultura interna y externa más inclusivas. Y en la política, no es casualidad que muchas de las líderes más destacadas hayan sido mujeres con un enfoque más humano, más centrado en el bienestar colectivo y en políticas de largo plazo.
Pero esto no va sólo de cifras y estudios. Esto va de historias reales. De mujeres que han tenido que demostrar el doble para ser tomadas en serio. De niñas que aún hoy crecen sin referentes claros en algunos sectores. ¿Cuántas niñas y jóvenes sueñan con ser científicas, ingenieras, astronautas o presidentas, pero no encuentran modelos a seguir? La representación importa. Ver a una mujer en un puesto de liderazgo abre puertas en la mente de quienes vienen detrás. Y eso lo cambia todo.
El feminismo ha sido clave en esta lucha, derribando muros y abriendo caminos. Pero no basta con abrir puertas; hay que asegurarse de que las mujeres puedan entrar y quedarse sin que se les cuestione su lugar. Esto implica cambios profundos en la sociedad: educación con perspectiva de género, políticas que promuevan la igualdad real en todos los espacios o medidas concretas para afrontar el gran reto de nuestro tiempo, la conciliación corresponsable. No basta con decir que apoyamos el liderazgo femenino, hay que construirlo activamente.
Y hablemos también de los espacios tradicionalmente masculinos. La política, la ciencia, el deporte, la tecnología. No se trata sólo de que haya mujeres en estos ámbitos, sino de que se sientan aceptadas, valoradas y respetadas. Demasiadas veces se enfrentan a la resistencia de quienes creen que su presencia es forzada o innecesaria. Pero la verdad es que su contribución es esencial. No estamos quitando lugares; estamos ampliando el espacio para que todas las personas quepamos en él.
Los medios de comunicación también juegan un papel clave. ¿Cómo se habla de las mujeres en el poder? ¿Se las mide con la misma vara que a los hombres? ¿Por qué aún hoy seguimos viendo titulares sobre mujeres en política que destacan lo personal en lugar de hablar de sus decisiones o propuestas? La narrativa debe cambiar. Necesitamos medios que muestren el liderazgo femenino sin caer en estereotipos ni reducirlo a una excepción.
Estamos en un punto de inflexión. La crisis climática, los cambios tecnológicos, las transformaciones económicas o los liderazgos patriarcales exigen líderes con nuevas visiones, con capacidad de empatizar, de innovar, de construir con una mirada más amplia. Y en esto, las mujeres son clave. No podemos darnos el lujo de desperdiciar su talento y su forma de mirar el mundo.
El liderazgo femenino no es una moda, no es un capricho, no es una concesión. Es una necesidad. Y no basta con decir que creemos en la igualdad: hay que demostrarlo con acciones. Porque un mundo donde las mujeres lideren en igualdad de condiciones no sólo será más justo, sino también más brillante, más próspero y más humano. El tiempo es ahora.
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