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Sara Bosque: cuando las plantas transformadas en tinte son la llave de un emprendimiento

Sara Bosque imparte talleres de tintes naturales en La Puebla de Híjar.

María Bosque Senero

6 de julio de 2025 22:03 h

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Sara Bosque tiene un apellido que ha resultado ser premonitorio. Pasea por el entorno natural de La Puebla de Híjar, en Teruel, y de otros lugares que visita en busca de todo tipo de plantas: un nogal, el almez, un melocotonero, una parra, las pieles de granada o las hojas de la catalpa con sus preciosos racimos de flores blancas en forma de corazón. Todos caben en la cesta de Sara. Después de los paseos en distintas épocas del año, seca los tesoros recolectados y los convierte en tintes que más tarde empleará no solo en sus elaboraciones propias, sino también en los talleres textiles que imparte.

Con hojas y pétalos, esta aragonesa amante de la mercería fabrica tintes botánicos de numerosas tonalidades obtenidos mediante elaboraciones basadas en recetas antiguas que se han mantenido vivas, muchas a través de la palabra, en diferentes partes del mundo. Tonos con los después da una segunda vida a las prendas crea otras nuevas desde cero o tiñe tela de algodón, lino o seda, también tejidas a partir de fibras naturales.

A sus cuarenta años, Sara ha llegado hasta su actual emprendimiento, La Chica Cabeza de Bosque, después de haber hecho otras dos intentonas. La primera, junto a su pareja, se basaba en el trabajo de joyería y otros elementos con el alabastro como base principal. “Funcionaba, pero requería de mucho trabajo y entonces acababa de nacer nuestro pequeño, así que tuve que dejarlo”, explica Sara Bosque. La segunda idea, también puesta en marcha en colaboración con su pareja y enfocada a dar vida a la zona en la que ahora residen, fue una empresa de turismo activo en la Puebla de Híjar. “Teníamos un amplio catálogo de actividades, el ayuntamiento se volcó en el proyecto, pero a la gente le cuesta participar en su propio territorio”, comenta.

Tras estas dos experiencias fallidas, Sara no se dio por vencida. Tenía claro que quería ganarse la vida a través de una actividad que le permitiera sentirse reconocida sin perder su objetivo de dinamizar el territorio. Mientras trabajaba en distintos proyectos socioculturales de la mano del consistorio de La Puebla de Híjar a lo largo de tres años, Sara obtuvo formación en tintes textiles botánicos mediante cursos a distancia: “En este ámbito de la artesanía hay mucho secretismo, la mayor parte de la formación la recibí de expertas de Latinoamérica”, confiesa.

Fue en el año 2022 cuando Sara Bosque decidió a dar un paso más allá y organizar el primer taller de tinte en textil, una experiencia “enriquecedora” que le sirvió como impulso para seguir innovando y enfocando su proyecto de investigación botánica y estampado textil de las especies tintóreas de esta zona rural y técnicas tintoreas que se han mantenido vivas en todo el mundo.

Los talleres están pensados para todo tipo de público, “desde los 6 años hasta que el cuerpo aguante, y a través de ellos puedo compartir el saber con otras personas, y ellas pueden disfrutar de un tiempo de desconexión haciendo una actividad manual, tan necesaria hoy en día”, añade Sara Bosque.

Aunque echa de menos que participen más hombres: “Parece que la palabra textil se asocia a femenino, pero los que prueban flipan y quieren repetir”, asegura la artesana, que ha acondicionado también un espacio en La Puebla de Híjar donde acoge a grupos reducidos para sus talleres botánicos: “La ventaja es que pueden venir en tren desde Zaragoza, es algo que me parecía importante, que las personas que quisieran hacer una actividad con materiales y elementos naturales pudieran venir en tren hasta el pueblo”.

Además de los talleres que lleva a cabo a través de instituciones públicas y privadas, o los que imparte a particulares en su espacio de artesanía, La Chica Cabeza de Bosque recorre ferias en distintos puntos de Aragón: “La gente agradece mucho poder participar en un tipo de artesanía casi desconocida”, explica Sara Bosque, que destaca sobre todo la versatilidad del tinte botánico en el textil, apto para un público muy diverso que, además, puede ponerlo en práctica después en casa gracias a las nociones básicas que la artesana aporta en estas sesiones.

En los talleres individuales, uno de los trabajos más especiales que ha “tenido la suerte” de experimentar fue guiar a una chica en el proceso de plasmar parte de la corona del funeral de su padre en una tela para conservarla silueta de sus flores con su propio tinte en un pequeño cuadro. Una experiencia que otras personas han vivido con elementos también con un alto poder emocional como un ramo de novia.

Sara Bosque, que inició este camino con su hermana, profesional de la psicología, cree firmemente en el poder de la artesanía como herramienta para trabajar las emociones, por lo que está trabajando en este momento en un taller enfocado en la meditación guiada para aquellas empresas que están interesadas en apostar por el teambuilding con el arte como vehículo de conexión. La ilustración en papel con tintes naturales elaborados por ella misma es otra de las áreas que esta emprendedora está explorando.

Toda experiencia y formación previa es oro para una emprendedora

Sara Bosque trabajó en el Pirineo, donde conoció a su actual pareja. Ambos decidieron mudarse a Zaragoza capital, donde trabajó ocho años en una conocida mercería ubicada en el centro de la ciudad. Su experiencia con las telas y los diferentes elementos relacionados con las labores de costura fue creando un acervo de conocimientos que, entonces ella no lo sabía, pero le iban a ser muy útiles como emprendedora años más tarde.

Cuando el bebé que había tenido junto a su pareja cumplió un año, ambo tomaron la decisión de trasladarse definitivamente a La Puebla de Híjar y fijar allí su residencia: “Mi pareja tenía trabajo en el municipio y yo empecé a colaborar con el Ayuntamiento en diferentes proyectos como animadora sociocultural”, explica Sara Bosque. A través de estas actividades, la joven tomó contacto con vecinos y vecinas de todas las edades. una experiencia que, una vez más le aportaría conocimientos que le han servido a la hora de encaminar su actual emprendimiento.

Con 37 años, esta mujer con alma de emprendedora recogió toda la información que había recabado durante tres años a través de distintas formaciones a distancia y la sumó a las experiencias que su vida laboral anterior le había proporcionado.

Con todo ello y asesoramiento por parte del colectivo Mujeres Artistas Rurales, “que además del impagable apoyo emocional me proporcionaron formación básica como autónoma”, y de la oferta formativa de La Era Rural, gracias a la que ha podido seguir haciendo cursos enfocados a resolver las áreas más problemáticas para una emprendedora “a su ritmo”, Sara Bosque lleva tres años dando forma a su negocio de artesanía, potenciando la versatilidad del arte, la naturaleza y el territorio en beneficio de las personas a través de la expresión artística.

Al igual que otras y otros artistas, cuyos ingresos son poco lineales, forma parte de una cooperativa, se llama Grupo M3 y le garantiza una cuota de autónomos más baja que le ayuda a sobrellevar la incertidumbre de los pagos estipulados mes a mes independiente de los ingresos generados: “De los 20 correos electrónicos que en vías, con suerte te responden y te contratan tres”, lamenta Sara Bosque.

Un viaje a la ciudad para seguir con fuerza en el pueblo

La vida en un municipio de poco más de 900 habitantes se puede hacer dura para aquellas personas que han pasado parte de su vida en una ciudad, o para aquellas para las que el desarrollo a través del cine, el teatro, la literatura o las artes en general es importante. Es el caso de Sara Bosque, que confiesa que satisface su hambre de cultura con pequeñas escapadas a núcleos de población más grandes. Una afición que comparte con otras personas de La Puebla de Híjar con las que ha hecho “piña”.

El secreto de la vida en La Puebla es “mantenerse siempre activa”. La llegada de otros vecinos con inquietudes similares a las de Sara y su pareja hacen que a las ventajas que la vida en un pueblo te da en el día a día -cercanía, cero distancias, tranquilidad- se sume un plus en contra de carencias como la falta de servicios o la precarización de algunos como las conexiones, la sanidad, o la educación. “Cuando la gente, no importa la edad que tenga, se unen para poner en marcha algo, en el pueblo se nota en positivo”, recuerda Sara Bosque, la emprendedora que recoge hojas y flores para elaborar la tinta con la que ha decidido teñir su futuro desde el pueblo.

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