El día siguiente en la playa de Santander donde colapsó la pasarela: vecinos del mar, marcados por la 'Mala bajada'
La pasarela de madera que colapsó este pasado martes en la costa norte de Santander, provocando la muerte de cinco jóvenes y una sexta persona desaparecida, quedaba a unos 20 metros de altura, entre acantilados. Este miércoles la estructura no era visible porque la zona había sido acordonada desde 100 metros antes. Los vecinos y visitantes habituales cuentan que llaman La Ojarada al lugar preciso donde está la pasarela, porque es una zona de cavidades costeras. Del lado que limita con el mar le llaman Punta Vergajo. A toda la superficie rocosa, le dicen Mala bajada.
En la jornada posterior al accidente mortal, de prolongada bruma y calor, los pocos vecinos de la zona observaban desde cierta distancia: más de 200 metros les separaban de la zona precintada. Ahí, dentro de la zona en la que trabajan los equipos de rescate de las diferentes administraciones implicadas, alrededor del puesto de mando, un operativo de más de un centenar de efectivos por tierra, mar y aire se han dedicado a rastrear exhaustivamente la zona, con la ayuda de drones y de un helicóptero buscando el último cuerpo desaparecido. De los siete estudiantes accidentados, la última persona por aparecer es una chica de 20 años procedente de Guadalajara.
Algunos vecinos hablaban, pero desde la discreción de quienes han vivido pérdidas familiares en el agua en el pasado. Porque los vecinos de El Bocal, que pertenece al barrio de Monte-Corbanera, también son vecinos del mar.
Mala bajada, antiguamente, era una zona de carabineros, explica a elDiario.es uno de los vecinos de la zona que tiene una finca cercana. Limita con los pocos pastos de ganado que quedan.
A un costado queda la playa de El Bocal, una pequeña cala de unos 200 metros de largo y 10 de ancho, donde históricamente ha ido gente a pescar pulpos y, en la última década, desde que se inició un proyecto de senda costera por el litoral norte de Santander, transitan más vecinos de la ciudad y turistas. Es ahí donde se celebra habitualmente 'La Vaca Gigante', uno de los eventos de surf más importantes del norte de España.
Para llegar hasta El Bocal desde el núcleo urbano de Santander, hay que dejar a un lado la autovía y recorrer las estrechas carreteras, rodeadas de fincas residenciales y “tres o cuatro prados de vacas y caballos” que llevan desde el inicio del barrio de Monte-Corbanera hasta el final de una carretera que acaba frente a las rocas calizas de El Bocal.
Antes de la polémica senda norte del litoral que atravesaba la pasarela ubicada en La Ojarada, hay una finca privada de ganado, por la que los vecinos y un pescador frecuente contaban que solían cruzar antes de la instalación de la pasarela, en dirección al acantilado de la cantera de Cueto. “El problema es el puente que se ha caído, pero es que sí o sí, tienes que pasar por él, porque no hay otro camino”, decía uno de los vecinos. Al lado de la finca, aún quedan los restos de una cabaña que fue un antiguo bar, donde los vecinos recordaban con nostalgia cuando solían tomarse algo.
A 200 metros de los políticos
Al calor del mediodía, los vecinos hablaban entre ellos, físicamente lejos de las declaraciones políticas. Conmovidos por la situación de los familiares de las víctimas, lamentaban el estado de la pasarela, que un vecino había puesto sobre aviso al 112 de su mal estado de conservación el día anterior a su trágico hundimiento, y de un proyecto de senda que, en todos los casos consultados, les parecía “un error” desde su origen.
Unos minutos antes, la política sucedía en Mala bajada. Acompañado de la alcaldesa de Santander, Gema Igual (PP), el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán (PSOE) –ante la ausencia por un viaje a México del delegado de Gobierno, Pedro Casares (PSOE)–, dijo: “Hoy no es el momento para entrar en el análisis de las hipótesis, ni en la elucubración, ni de las causas, ni de las posibles responsabilidades”. Se refería al mantenimiento y gestión de la pasarela. “Es responsabilidad de las tres administraciones”, insistió.
Gema Igual se quedó unos minutos más con la prensa y ya sin Morán advirtió: “No vamos a sacar responsabilidades porque no es el momento”. A su juicio, ese momento llegará cuando concluyan las labores de rescate. “Pero la hemeroteca existe y los santanderinos saben perfectamente que es una obra, y no lo vamos a negar ahora, que ejecutó Costas, que es una obra que tuvo una protesta por los santanderinos, que es una obra que no finalizada se suplió con otro proyecto y que todos esos datos es lo que hay que aportar a la justicia”. No era el momento todavía, pero empezó a serlo.
0