Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
Dinero en el bolsillo de los de siempre
El gran mantra fiscal de la derecha neoliberal y la paleo-ultraderecha en materia de fiscalidad es que cuanto menos, mejor; una dinámica que, por cierto, va en dirección contraria a la armonización fiscal que insistentemente reclama Europa, es decir, que España suba sus impuestos aún más. Pero el principal mantra de la derecha, como digo, es que es mejor que el dinero esté en el bolsillo de los ciudadanos. Es una frase rotunda que pretende cercenar debates. Uno de ellos es obvio: ¿Cómo se financiarán los servicios públicos?
Paradójicamente, cuando existen servicios públicos como la educación y la sanidad, cada vez más el ciudadano ha de reservar parte de sus ingresos a algo que tenía por amortizado gracias a sus impuestos como son la propia educación y la propia sanidad, que paulatinamente van pasando al campo privado.
El dinero en el bolsillo cada vez dura menos y el agujero se agranda. Una consulta médica, una universidad privada, una pequeña operación o tratamiento, un alquiler. El deterioro de la calidad y sobre todo de la presteza de la prestación pública está detrás de este atajo a la privada que no es más que cambiar de cola para acabar esperando un poco menos por turno. La solución inteligente sería mejorar lo que no funciona bien, no destruirlo, del mismo modo que cuando uno sufre un rasguño se pone una tirita, pero no se amputa el miembro afectado.
Así que el dinero en el bolsillo de los ciudadanos sale de pequeñas rebajas fiscales en tramos autonómicos del IRPF y bonificaciones en tasas, que no impuestos, y precios públicos como en las variables que se aplican al recibo de la basura. A cambio, se drenan los mismos bolsillos con gastos cada vez más sustanciosos en sanidad, educación, vivienda, cesta de la compra, créditos al consumo con intereses de usura, etcétera. El resultado es que cada vez hay menos dinero para muchas familias, no más, y que lo público va quedando arrumbado como una herrumbrosa lanza, por falta de recursos suficientes.
Y ya vuelve a resonar el viejo tam-tam de las pensiones con un mantra novedoso: “Los pensionistas nos roban”, nuevo éxito del marketing infame de los atrasistas, que sucede al no menos exitoso de “los emigrantes le roban a la abuela”. Pues bien, al parecer, la abuela también es una mangante. Qué tiempos.
Los mismos que presumen y hacen banderín de enganche de la insolidaridad y el egoísmo fiscal son los mismos que se muestran inactivos cuando el precio del metro cuadrado se encarece dos dígitos en un año o, como quedó dicho arriba, cuando cada vez es más recurrente un gasto habitual en sanidad y educación privada. Aquí, el bolsillo que importa no es el del común de los ciudadanos sino el de las élites rentistas y extractoras de recursos públicos y privados del ciudadano.
“Dinero en el bolsillo de los de siempre”, debieran decir más bien. Piensen en ello cuando oigan el mantra de las sirenas que apelan a su egoísmo pero a las que usted importa realmente poco.
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