Los galeones de Teseo
El día en que el Partido Regionalista de Cantabria celebró el acto de proclamación de Paula Fernández como aspirante electoral del PRC, Javier López Estrada, que había sido su rival en este proceso, apeló con una metáfora al concepto de identidad del partido. La esencia y el ser. Recurrió a la paradoja del barco de Teseo. Los atenienses conservaron la nave de 30 remos en la que regresó de Creta el héroe después de derrotar al minotauro. Cada vez que una tabla del barco se estropeaba, la cambiaban por otra nueva. Pasado un tiempo en el barco no quedaba ninguna tabla original, pero la nave seguía ahí. “¿Es el mismo barco?”, se preguntaron los filósofos.
López Estrada defendió aquel día que el barco del Partido Regionalista de Cantabria es el mismo, porque el rumbo y los ideales lo mantienen a flote: “Cuando nosotros no estemos, otros tendrán que mantener el rumbo”. Solo han pasado unos meses desde aquellas declaraciones y dicen que, desde cubierta, ya se perciben algunos recelos en los camarotes de primera ante la próxima escala: la renovación de la Secretaría General que todavía ocupa el incombustible Miguel Ángel Revilla.
En cualquier caso, nuestros barcos de Teseo locales también podrían ser los galeones de Vital Alsar, que después de atravesar el Atlántico en la mítica expedición Orellana están a punto de naufragar en tierra firme. La alcaldesa de Santander parece empecinada en que no hay solución, que no pueden repararse las maderas podridas y los mástiles rotos de los barcos construidos en la selva amazónica imitando a los del siglo XVI, aunque alguna empresa experta lo contradice.
La cuestión es que si a ellos, como al barco de Teseo, se le reemplazan las maderas rotas seguirán siendo los mismos galeones de aquella epopeya naútica. Si cuando reemplazan las partes sigue siendo el mismo barco. La misma duda interrogativa es aplicable a otros escenarios físicos como el Mercado del Este, del cual solo quedó el nombre y el cascarón: el armazón de la fachada, que también tuvo que reconstruirse.
¿Seguirá siendo el mismo galeón si hiciese falta sacrificar y sustituir la mayoría de sus partes originales? La respuesta es probablemente afirmativa para quienes ven en ellos un símbolo de audacia, una metáfora épica. Pese a los esfuerzos que hace la alcaldesa de Santander, una contumaz negacionista de su rehabilitación.
Aristóteles decidió que el barco de Teseo no cambia, que sigue existiendo porque tiene la misma forma. Igual que un río tiene la misma forma aunque el agua cambie constantemente con el tiempo. Lo único que desafía cualquier debate es la esencia irracionalmente inmutable del Ayuntamiento de Santander donde nada cambia aunque todo cambie a su alrededor.
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