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Derrotar al edadismo: ¿Quién dice que a todas las personas mayores les gustan más los boleros que los Rolling Stone?

Un grupo de personas se hacen una fotografía.

Olga Agüero

Santander —

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A las personas mayores no les interesan “cosas de personas mayores”. Les interesa la vida. Pero se las escucha poco. Es imposible que a todas les guste lo mismo. “Quizá son más de rock, quizá disfrutan con los Rolling Stones -que tienen la misma edad que ellos- pero les programan boleros”, expone la geroantropóloga Mónica Ramos.

El Grupo Social UNATE, integrado por la Universidad Permanente y la Fundación PEM, ha preguntado para hacer de altavoz de sus demandas y ha presentado un estudio que desmiente el imaginario sobre quienes tienen más de 65 años.

La realidad no se corresponde con un hombre de pelo gris y encorvado que camina con dificultad apoyado en un bastón, que alimenta palomas en el parque, que ha perdido oído y por eso hay que elevar la voz para que nos escuche, que no es capaz de mandar un WhatsApp a su nieto o que está aturdido y espeso mentalmente y necesita que nos dirijamos a él con tono infantil y condescendiente.

No es una persona dependiente, enferma y sola. Aunque vivir solo tampoco significa sufrir soledad no deseada. Es otro frente cuestionable. “Se habla mucho de estrategias contra la soledad, pero no sabemos cuáles son las causas: esos otros sentimientos que no estamos atendiendo como pueden ser la tristeza o la pérdida de objetivos en la vida”, matiza Mónica Ramos.

La investigadora pone como ejemplo que hace unos días unos voluntarios le hablaron de sus visitas a un señor que se sentía solo, que está en silla de ruedas y vive en un tercer piso sin ascensor. “No está solo, es que no puede salir de casa”, explica gráficamente.

Retrato robot de la persona mayor

El retrato robot de una persona mayor en Cantabria rebate rotundamente la mirada edadista que empaña a la sociedad. Es una mujer urbana, que vive en localidades costeras, autónoma, que maneja a diario el teléfono móvil y es muy activa en el cuidado de otros familiares.

Solo el 9% de las personas mayores viven en entornos rurales y las cifras también rompen otros tópicos, como la idea de que la mayoría de este colectivo son dependientes. En Cantabria residen 145.442 personas de 65 años o más según el Instituto Nacional de Estadística (INE), pero solo un 11,3% tienen algún tipo de dependencia.

El resto, un porcentaje cercano al 88%, son autónomos, tienen el control de su vida. Pero la conversación pública siempre gira en torno a residencias, dependencia y centros de día.

Paco Gómez Nadal, gerente del Grupo UNATE, y la geroantropóloga Mónica Ramos Toro.

En este sentido, los impulsores del estudio del Grupo UNATE desvelan que en Cantabria no existe ni una sola evaluación sobre cómo funcionan las residencias y centros de mayores. “No se ha evaluado su calidad y no se sabe sin son adecuadas para estas personas”, explica Ramos. Añade que, en general, hay mucha información sobre salud y dependencia “pero los datos son escasos”. No hay valoración. Se registran números: cuántas personas han ido a una determinada actividad, pero no sí les ha gustado, si les ha inspirado o si volverían a repetir esa experiencia.

Otro de los efectos del edadismo es una mirada muy dura hacia los mayores, como una carga en términos económicos, en el sentido de que suponen un “gasto” en pensiones y dependencia. “Cuando nadie se plantea que los jóvenes que no trabajan, siguiendo esa misma generalización, puedan ser improductivos y una carga para su familia”, plantea la geroantropóloga e investigadora.

Conviene digerir un dato relevante para disolver estos prejuicios: Las pensiones de jubilación sostienen el 33% de los hogares de Cantabria. Uno de cada tres. A pesar de que 34.000 mujeres cántabras jubiladas cobran una media de 987 euros al mes, menos del salario mínimo. “Sigue habiendo una brecha entre personas jubiladas y trabajadoras”, denuncia Paco Gómez Nadal, gerente del Grupo UNATE.

Falta de información

El estudio que han presentado Paco Gómez Nadal y Mónica Ramos concluye que la mayoría de la poca información disponible sobre las personas mayores se centra en una “mirada biomédica y muy sesgada”. La falta de información precaria o con sesgos condiciona las políticas que se hacen hacia estas personas“, subraya el gerente de UNATE. ”Sabemos cuántas personas hay pero no cómo están“, concluye su compañera.

Otro de los mitos que destruye el estudio tiene relación con las nuevas tecnologías. El 96,9% de los mayores utilizan un teléfono inteligente. En los pueblos, el porcentaje se eleva al 99%. En el ambiente rural también se produce otro efecto. El 57% de los vecinos de pueblos con más de 65 años realizan compras por internet. “No es que sean tontas y no sepan utilizar la tecnología, la usan cuando la necesitan”, subrayan desde UNATE.

El análisis desvela otras circunstancias. En Cantabria hay 33.000 mayores que tuvieron que dejar los estudios en algún momento de su vida. No sabe qué efecto ha tenido eso en sus biografías profesionales y sentimentales.

Cambiar la mirada

Con todo, el estudio trata de ofrecer una mirada limpia y veraz hacia los mayores frente al edadismo que contamina la sociedad y, a su vez, tiene reflejo en las políticas sociales. Son un capital social en conocimientos y capacidades, pero frente al discurso público terminan sintiéndose frágiles solo porque tienen determinada edad.

La Universidad Permanente y la Fundación PEM piden a las instituciones un esfuerzo para mejorar la calidad y la variedad de la información disponible, porque mientras no exista “seguiremos planificando políticas públicas e inversiones que no responderán a las necesidades y deseos reales de las personas mayores”, subraya Gómez Nadal.

Por su parte, la geroantrópologa feminista y coordinadora técnica del Grupo Social, Mónica Ramos Toro, reclama “estudios cualitativos más diferenciados que atiendan a bloques de edad y no a partir de 65 años como si las personas mayores fueran un colectivo único”.

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