Despidos y ERES en la industria de Cantabria mientras se alcanzan los datos más bajos de paro en dos décadas
Cada vez que una fábrica despide a un empleado en Cantabria, normalmente hay un taller o una empresa de pequeño o mediano tamaño dispuesta a contratarle. No es en todos los casos, pero es un circunstancia que se repite a menudo. “Se están perdiendo empleos en las grandes industrias, pero en el resto sucede al revés: hay demanda de trabajadores y están pidiendo que se formen más”, explica César Conde, secretario general de la Federación de Industria de Comisiones Obreras en Cantabria.
Cantabria perdió el año pasado un millar de empleos en el sector industrial, según la Encuesta de Población Activa (EPA). El año 2026 también ha comenzado con malas noticias tras el anuncio de Solvay, que plantea despedir a 77 trabajadores de la planta química de Barreda (Torrelavega) y reducir la producción de carbonato. La fábrica es una de las grandes empresas que quedan en Cantabria -Solvay llegó a tener más de 4.000 empleados en los años 60 del pasado siglo- con una plantilla que se ha ido reduciendo progresivamente en las últimas décadas hasta los 320 trabajadores actuales.
Nestlé, con unos 1.100 empleados en la Penilla de Cayón, es la fábrica con mayor número de trabajadores. SEG Automotive, en Treto, tiene unos 700, mientras que la planta de Nissan en Los Corrales de Buelna tiene algo más de 300. Global Steel Wire en Santander y las tres industrias de Campoo -Sidenor, Forein Casting y Gamesa- forman el núcleo de grandes factorías de un sector que va perdiendo fuerza. “Son decisiones estratégicas de las empresas, que deciden producir en otros lugares con menos costes”, indica Conde.
Solvay pretende ahora despedir a la cuarta parte de su plantilla. No es la única empresa que ha anunciado un ERE. Esa denominación de Expediente de Regulación de Empleo que se aplica como un eufemismo contemporáneo para no aludir directamente a los despidos. Bridgestone también ha aplicado recortes en los últimos tiempos en su planta de Puente San Miguel. Más recientemente, a principios de febrero, Teka anunció despidos en todos sus centros: 34 de estos trabajadores en Cantabria, de una plantilla de 195 empleados que la empresa de electrodomésticos tiene en Santander.
Se están perdiendo empleos en las grandes industrias, pero en el resto sucede al revés: hay demanda de trabajadores y están pidiendo que se formen más
“Muchos de estos trabajadores despedidos se están recolocando, pero no tienen las mismas condiciones laborales que en las grandes empresas”, explica el responsable sindical. Las pymes se quejan de que no encuentran mano de obra porque además muchos están migrando al sector servicios, subraya. Faltan sobre todo soldadores y caldereros. También electricistas y otras especialidades profesionales. Una escasa oferta que se agrava por la falta de relevo de una generación de trabajadores que se va a empezar a jubilar ahora, advierten desde el sindicato.
Una sangría a la que no se pone freno
El Gobierno de Cantabria no consigue revertir esta tendencia y las grandes empresas siguen perdiendo empleo, aunque los despidos ya no generan tanto ruido social y público como hace apenas unos años y aunque no se haya sustanciado ningún proyecto empresarial que genere puestos de trabajo a gran escala.
El consejero de Industria, Eduardo Arasti (PP), ha dicho que los tres grandes ERE planteados en Cantabria “han ocurrido por problemas para competir, sobre todo con países extracomunitarios, y esos problemas son comunes en los tres: derechos de emisión de CO2 a la atmósfera y elevados costes energéticos”.
Por ello, quiere que la Comisión Europea y el Ministerio de Industria busquen soluciones “a la competencia manifiestamente injusta que supone que los países extracomunitarios no paguen por emitir dióxido de carbono a la atmósfera”. Es decir, que el Gobierno de España compense los gastos de las industrias electrointensivas, con gran influencia en el sector industrial de Cantabria.
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