“Hoy en día ser trabajador no es igual a no ser pobre”

Javier García Cabañas, nuevo presidente de Cáritas Castilla-La Mancha

Cáritas Regional Castilla- La Mancha atiende en esta comunidad autónoma a casi 38.000 personas con carácter anual, beneficiando a 75.000 personas a través de casi 6.000 voluntarias y unas 400 personas contratadas. Son cifras que siguen creciendo en la región y que ahora van a recibir un nuevo impulso de la mano de un nuevo relevo en la dirección.

El hasta ahora secretario general de Cáritas Diocesana de Toledo, Javier García Cabañas, ha relevado a Fernando Muñoz como presidente para los próximos cuatro años. Su reto ahora, según comenta en una entrevista con eldiarioclm.es, es seguir expandiendo su red de voluntariado y los centros de inserción en el empleo, atendiendo a nuevas situaciones de pobreza y a la diversificación de las necesidades sociales.

¿Qué diagnóstico hace de la organización ahora mismo y cuáles son sus principales retos?

La entidad goza de buena salud. Y no me refiero solo a los aspectos económicos, que es donde quizás necesitamos más apoyo, sino al verdadero potencial que tenemos, que es el voluntariado. Tenemos unos 6.000 voluntarios y eso es nuestro mayor baluarte. La red de recursos va creciendo y estamos respondiendo a las realidades de hoy con un montón de iniciativas nuevas que han surgido en los últimos años. No perdemos la frescura de saber identificar cuáles son los problemas reales de las personas que sufren. Es por eso por lo que han surgido las iniciativas relacionadas con el empleo. Por ejemplo: de las ocho empresas de inserción que hay en Castilla-La Mancha, seis pertenecen a Cáritas. Toda la red de trabajo para personas sin hogar, prácticamente al cien por cien, lo gestiona Cáritas, especialmente en Ciudad Real y Toledo.

También se han ampliado los recursos de acogida a inmigrantes, entendemos que por situaciones como las crisis de refugiados...

Sí, hemos crecido también en acogida de personas sin hogar y también, sin ser subvencionados por el Ministerio, a refugiados, con números que rozan las 1.000 personas en algunos de los proyectos. Es también muy importante el acogimiento a mujeres que sufren violencia o que sufren el tema del aborto y también nos preocupa la salud mental y las adicciones. En general, estoy muy contento de que Cáritas no pierda esa frescura para dar respuesta a los problemas de hoy.

Y en este sentido, el de la inmigración, ¿Cáritas ha tenido que renovar o diversificar acciones?

Sí, de hecho lo tenemos como proyectos de urgencia. Consideramos que es una emergencia humanitaria. La movilidad humana hacia España está siendo muy grande, especialmente de los países latinoamericanos que, por la facilidad del idioma buscan refugio o asilo político en nuestro país. Nosotros estamos abriendo nuestras puertas y poniendo a disposición de los refugiados todos nuestros proyectos e incluso creando algunas acciones nuevas de acogida para las familias mientras no están dentro del circuito, es decir, hasta que les conceden el refugio. Por ejemplo, hay familias que hemos alojado en hostales en Navidad porque no había otra solución, porque en ese momento no existe otro recurso para ellos. Y cuando hay menores, no valen medias tintas, hay que actuar sí o sí.

Al no estar Cáritas en la red oficial de centros de acogida, ¿cómo detecta esos problemas o cómo llega hasta los afectados?

Tenemos muchos puntos de encuentro y unas familias hablan con otras, entre ellos mismos se van informando. Y por otra parte, las propias asociaciones que sí que están financiadas para ello nos piden colaboración, como Cruz Roja o ACCEM. Con todas tenemos una relación prácticamente diaria. Nos pedimos ayuda mutuamente y es muy bonito el trabajo en red, da muchos frutos. El objetivo de todos es el mismo: dar respuesta a estas familias.

Muchos de los problemas atendidos vienen de una crisis económica que dejó el país lastrado. ¿Eso se está superando?

Es que es una crisis que pasamos y que vamos a volver a pasar. Estamos detectando de nuevo situaciones muy urgentes que hay que atender, familias de nuevo sin hogar. Estamos viendo una situación parecida a la que vimos en 2007-2008. Lo digo con cierto miedo y como opinión personal, pero todo esto barrunta algo malo. Están saltando todas las alarmas que saltaron en esos años cuando se preveía la crisis, y hay señales de alerta. Estamos preocupados porque se están dando indicios de entrar en nueva crisis.

¿Algunas de esas alarmas son, por ejemplo, que crezca el número de trabajadores y trabajadoras pobres?

Sí, hay muchísimos. Hace unos años era prácticamente incompatible dar una ayuda con estar trabajando y esa mentalidad ha cambiado, por ejemplo, en las parroquias de las zonas rurales. A día de hoy tener un trabajo no significa salir de la situación de pobreza. Si tienes familia numerosa, un contrato precario y un sueldo muy bajo, apenas te llega para pagar el alquiler y vas a necesitar ayuda, acompañamiento y lo más básico. Hemos cambiado mucho y somos conscientes de que ser trabajador no es igual a no ser pobre o no estar situación de exclusión. El voluntariado mantiene una formación permanente para dar respuesta a esta nueva realidad.  

Igualmente, los datos de riesgo de pobreza siguen siendo muy altos en la región según todos los informes, con muy poca variación de unos años a otros. ¿Cómo se valora desde Cáritas que una tercera parte de la población se encuentre dentro de esa tasa?

Son cifras que asustan mucho. Nosotros trabajamos para reducirlas y también pedimos a la Administración pública que no se canse de hacer esfuerzos. Sabemos que los hace, pero es importante que sigan financiando proyectos de entidades privadas de todo tipo que trabajamos en el tercer sector para reducir este porcentaje. Sabemos que es un trabajo a largo plazo pero yo les pediría a las administraciones que sigan apoyando a las entidades que de forma inmediata pueden reducir esa tasa y, si me apuras, más rápido que la propia administración porque estamos en la primera línea de fuego. Se deben dar pasos y destinar más inversión. Es poco todavía lo que se destina a los servicios sociales y habría que darle un empujón porque el número es dramático.

¿Qué opinión tiene de que se regule una renta mínima?

A nosotros nos parece bien, pero luego habría que ponerle algunos matices, es decir, que no se concediera sin más, sino con todo un itinerario de acompañamiento a las personas que las perciban, con el objetivo de la empleabilidad. Porque sería un poco injusto que una persona, sin un esfuerzo por su parte, percibiera una renta mínima igual o superior que una mujer viuda o trabajadora que cobra una pensión pequeña, o un trabajador de los que mencionaba antes. ¿Cómo le explicas a un profesional que está dándolo todo que al lado tiene a alguien que está cobrando una renta mínima y no hace nada? Hay que garantizar rentas, pero siempre acompañadas de un itinerario para que su empleabilidad, su cambio, si es posible, se produzca cuanto antes. Que no se conforme. Si no, la renta mínima no surtiría un efecto en las personas, no cambiaría nada.

Pero hay personas que no pueden trabajar ni tienen ayudas...

Hablaríamos entonces de personas dependientes, y en ese caso la historia cambia. Tendrían que tener ayudas a la dependencia. Si no es ese caso, no veo motivos por el que no se puedan iniciar proyectos de acompañamiento para que una persona sea totalmente autónoma sin tener que percibir una renta mínima. 

Está a punto de aprobarse la Ley del Tercer Sector de Castilla-La Mancha, ¿qué valoración se hace desde su organización?

Es una ley muy necesaria, muy esperada por todos y vamos a ver ahora si cumple ese canon de transparencia que nos ha propuesto el Gobierno regional. De momento estamos a la espera. La música suena bien, pero tenemos que ver si saben tocarla, y cómo se va ejecutando en lo concreto.  

En principio, esta normativa no incluye un nuevo concierto social con entidades aunque la Junta sí ha prometido un nuevo decreto al respecto. ¿Es algo necesario?

En nuestro caso, lo necesitaríamos para nuestros centros. Nunca hemos pedido concierto para todos los proyectos a los que entramos en concurso, sino para los centros de continua atención, como la red de personas sin hogar o las residencias para mayores. Ahí sí es necesario para que todo sea más ágil y efectivo. Nos cuesta mucho financiar estos proyectos y que luego la Junta nos ingrese el dinero. Esto se lo hemos trasladado a la Junta en varias ocasiones. Pero para los demás proyectos no es tan importante. En otros acciones, si nos conformásemos con el concierto, quizás nos relajaríamos. Lo bonito de presentarnos a estas convocatorias es que nos obliga a mejorar la calidad, a no conformarnos y estar en constante mejora.

Tampoco tiene esta entidad social una financiación directa del Gobierno central. ¿Es un tema que querría abordar o en Cáritas prefieren ustedes trabajar así?

Fue una decisión confederada a nivel estatal, decidimos quedarnos fuera. No es una situación que nos incomode. Es verdad que pedimos a la ciudadanía apoyo para dar respuesta a muchas situaciones. Constantemente hacemos campañas de captación de recursos sin pasar por los límites y la burocracia, lo que nos permite una respuesta muy rápida. Estamos bien así y prueba de ello es nuestro trabajo diario.

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