Mejor aprovechamiento y prevención, claves del nuevo Plan de Gestión de Residuos de Castilla-La Mancha con horizonte 2030

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En 2022 finaliza el horizonte marcado por el vigente Plan Integrado de Gestión de Residuos de Castilla-La Mancha, que se aprobó en diciembre de 2016, en la anterior legislatura de Emiliano García-Page, y que supuso algunos cambios sustanciales en las sucesivas planificaciones de la comunidad autónoma desde que elaboró su primera regulación sobre esta cuestión en mayo de 1999, y que no se renovó hasta diez años después. En lo que resta de 2021, la Consejería de Desarrollo Sostenible quiere darle forma a una nueva regulación que aplique los principios de la economía circular, ya definidos por ley y por una Estrategia en la región.

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Por este motivo, aunque todavía resta un año y medio para su entrada en vigor, el Ejecutivo ya ha sometido a consulta pública previa el proyecto de elaboración del siguiente Plan, con una nueva denominación que incorpora también la “prevención” en su nomenclatura y que abarcaría el periodo 2023-2030.

Ya el segundo proyecto de Gestión de Residuos de 2009 incorporaba principios sobre sostenibilidad y el trinomio recursos-productos-residuos, predecesor de la economía circular, que apuesta directamente por el “residuo cero”. Además, previamente se ha había dado luz verde a planes específicos como el de Residuos Peligrosos, el de Residuos de Construcción y Demolición, y el Lodos de Depuradoras.

La regulación que ahora prepara el Ejecutivo no solo persigue continuar con la adaptación a las exigencias de la Unión Europea en cuanto a los sistemas de residuos, sino que también busca dar solución a otras cuestiones como los efectos negativos de la generación de residuos sobre la salud de las personas y el medio ambiente, la pérdida de recursos por el bajo aprovechamiento de los residuos, la implicación del crecimiento económico en la mayor producción de residuos y la adecuación de los instrumentos de planificación a la realidad económica y social.

Objetivos "cada vez más exigentes"

Por otro lado, el Gobierno de Castilla-La Mancha argumenta que los cambios normativos en materia medioambiental a nivel europeo y nacional, que establecen objetivos “cada vez más exigentes” en materia de residuos, así como el “nuevo paradigma” de la economía circular y de la estructura productiva hacen necesaria la redacción de un nuevo Plan de Prevención y Gestión de Residuos.

Así, entre los objetivos de la nueva norma se encuentra servir de marco estratégico para el tratamiento de los residuos en la comunidad autónoma, avanzar en un mayor aprovechamiento de los recursos y proporcionar información sobre la producción de residuos y las principales instalaciones de eliminación y valorización existentes, para la identificación de las necesidades de futuras infraestructuras.

También se establecen otras prioridades: ofrecer herramientas para planificar y mejorar la recogida selectiva y la correcta gestión de todos los flujos de residuos residuos; establecer de modelos y medidas en materia de residuos adaptados a la realidad de la región, que consigan alcanzar los objetivos de prevención y gestión de residuos marcados en la normativa; aumentar la prevención, la reutilización y el reciclado de los residuos; y establecer un sistema de indicadores del propio plan, adecuado a los objetivos marcados y fácilmente calculables, “con el fin de controlar y evaluar los avances en la aplicación de las medidas”.

El Gobierno considera que cualquier alternativa no regulatoria es descartable pues la normativa nacional obliga a las administraciones regionales a disponer de este tipo de planes. Además, recuerda que la prevención y la gestión de los residuos “son una necesidad prioritaria”. 

La Estrategia de Economía Circular de Castilla-La Mancha y su posterior Plan de Acción buscan un cambio sistémico en el modelo de producción y consumo, con la implantación de nuevos procesos que permitan transformar los residuos en nuevos “insumos” y productos que pasen a formar parte de la nueva cadena de valor o en la recuperación de materias primas para ser reintroducidas en los procesos productivos.

De hecho, entre las orientaciones estratégicas para los objetivos con horizonte 2030 se incorpora reducir la generación de residuos un 15% respecto de lo producido en 2010, disminuir la producción de residuos de alimentos en toda cadena alimentaria (un 50% a nivel de hogar y un 20% en las cadenas de suministro) y aumentar la reutilización hasta llegar al 10% de los residuos municipales. 

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