Picasso se encuentra con El Greco en Toledo

'Mujer con sombrero sentada en un sillón', de Picasso, dialoga entre otras pinturas con 'Las lágrimas de San Pedro' de El Greco en una sala del museo dedicado al pintor cretense en Toledo

Si en 1904, año en el que Picasso decidió instalarse en Francia de forma definitiva, hubiese existido el Museo del Greco “habría sido, junto al Prado, su museo de referencia”. Así lo cree el director general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura y Deporte, Isaac Sastre de Diego. Picasso admiraba a Doménico Theotokopoulos, ‘El Greco’ (1541-1614). En una hoja llena de esbozos y dibujos, un jovencísimo Picasso, que aún no pasaba de los veinte años, escribió, en 1898, una lacónica frase que denotaba sus gustos: “Greco, Velázquez, inspiradme”.

'Crucifixión' ya está en Toledo: la primera obra del pintor que llega al Museo del Greco desde 1910

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Ahora por primera vez ambos genios ‘dialogarán’ en Toledo. Un paseo por la sala museística donde se encuentra uno de los famosos ‘Apostolados’ del pintor cretense, depara desde hoy una sorpresa al visitante. La ‘Mujer con sombrero sentada en un sillón’ -óleo sobre lienzo que Picasso pintó entre 1941 y 1942- parece entablar conversación con un ‘San Pedro’ del siglo XVI. Al fondo a la derecha. Las figuras casi en la misma posición. Ciertos colores en completa sintonía. 

Una planta más abajo ‘Venus y el amor’ (1967) se enfrenta a 'San Bernardino de Siena', característico de la producción final de El Greco, en la Sala de la Biblioteca del museo. 

El Museo Nacional del Greco, cuya sede se encuentra en Toledo, recibe por primera en su historia la obra de Picasso. “Es un hecho histórico cultural para la ciudad y para el museo”, decía su directora, Rosa Becerril. Se adelanta así a la conmemoración del 50 aniversario de la muerte del genial artista malagueño, el próximo 8 de abril 2023.

“Para Picasso, mirar a los genios que en su momento no fueron comprendidos del todo y a las artes consideradas entonces devaluadas o menores, supuso el punto de inicio de la revolución del arte contemporáneo”, asegura Isaac Sastre. Cuando en 1907 el pintor malagueño inició el Cubismo, decía, “no solo rompió con la academia, con la tradición e incluso con las vanguardias, sino que mostró que no hay una única forma de ver el mundo”.

‘Picasso visita al Greco’ es el nombre de esta muestra temporal. Quiere recordar que “Picasso se fijó en alguien que tampoco siguió las normas”. El ‘griego’ no pudo estar como pintor real en El Escorial, así que asentó en Toledo. “Su arte fue único y diferente y tardó 400 años en ser entendido”. Cuando lo logró, “otro genio se inspiró en él para crear una nueva manera de entender el mundo”. 

Greco versus Picasso

Si ‘El Greco’ tenía una “personal” manera de retratar y de entender la naturaleza, más allá del ideal clásico que buscaba trascender lo puramente natural con su conocido gusto por alargar las figuras, resulta que Picasso “hizo lo mismo”, asegura Sastre. El pintor cretense fue su referencia. Como también el arte africano o el ibérico a la hora de representar la figura humana. 

‘Mujer con sombrero sentada en un sillón’ y ‘Venus y el amor’ son dos de las obras que más reflejan la relación entre ambos artistas. Y han sido colocados estratégicamente. En el caso del segundo se le ha dado, incluso, “un espacio único” dentro del museo. “Es hasta cierto punto diálogo entre el amor profano y el religioso. El ideal Renacentista de Tiziano”. Y es quizá uno de los más “personalistas” del maestro, después de superar sus etapas azul y rosa, subraya Rosa Becerril “con pinceladas más sueltas, con un dibujo más atrevido”.

Isaac Sastre explica que, como en otros artistas, la Primera Guerra Mundial influyó en el trabajo de Pablo Picasso hasta el punto de “revisar sus temas, a veces de forma más próxima al Cubismo, en otras más hacia el Naturalismo”, sin olvidar que la guerra provocó también cambios en los presupuestos artísticos. “Se volvió incluso al arte monumental que ponía en valor el espíritu humano”. Por eso Picasso volvería a sus orígenes “revisados una y otra vez”. Y eso también lo hizo El Greco, señalaba el director general, en temas como ‘La crucifixión’ o la ‘Magdalena penitente’, hasta conseguir una pintura diferente a la de los demás. 

La influencia de El Greco, por cierto, se vería también reflejada en otros artistas como Manet, Cézanne, Delaunay o Chagall.

¿Qué podremos ver en el museo toledano?

‘Mujer con sombrero sentada en un sillón’ remite al clásico retrato de tres cuartos del arte español, pero transforma y deforma los elementos formales del cuerpo y del rostro dividido prácticamente en dos partes bien diferenciadas. La musa es la fotógrafa y artista francesa Dora Maar (1907-1997), con quien Picasso mantuvo una historia de amor durante casi 10 años (1935-1945) coincidentes con un turbulento periodo a nivel político y social.

El retrato se ha ubicado en la Sala del Apostolado del Museo del Greco y con esos cuadros Picasso comparte la tradicional disposición de tres cuartos o medio cuerpo, el fondo neutro en tonos grises, la monumentalidad formal y expresividad psicológica, y el fuerte contraste cromático. 

‘Venus y el amor’ es muy posterior y representa un tema mitológico clásico, Venus, la diosa del amor, y Cupido, su compañero infantil. El estilo se caracteriza por pinceladas rápidas, grandes e impulsivas. Esta es la etapa final de Picasso, los últimos años del artista que, desde 1961, vivió recluido en Mougins (sur de Francia) con el que será su último amor, su esposa Jacqueline Roque (1927-1986).

Picasso visita a El Greco y lo hace gracias a un intercambio institucional “pionero” con el Kunstmuseum Basel (Suiza). “Se ha materializado tres años después de una ardua negociación del equipo del Ministerio”, decía Rosa Becerril. A cambio de recibir la obra del artista malagueño, el museo toledano ha prestado ‘San Juan’, ‘San Bartolomé’ y ‘San Simón’, tres obras del célebre ‘Apostolado’ del pintor cretense. Las pinturas se exhibirán en la muestra ‘Picasso-El Greco’, que tendrá lugar del 11 de junio al 25 de septiembre de 2022 en el Museo de Basilea.

En Toledo, las dos obras picassianas podrán verse hasta el próximo el 25 de septiembre. La última vez que estuvieron en España fue en 2015, en el Museo del Prado.

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