Marina Echebarría, catedrática trans: “Por defender tu identidad, unos señores quieren que pagues un precio vital”
Los resultados de las elecciones de Castilla y León no fueron positivos para la izquierda confederal, donde ni Podemos, ni IU ni Sumar consiguieron un solo escaño en el parlamento autonómico. Marina Echebarría (1963, Donostia), activista, catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid y la primera catedrática trans de España, se presentó como número 2 por Sumar (en En Común, la coalición liderada por IU), y no oculta su decepción por el desenlace del 15-M. Echebarría atiende a elDiario.es en su despacho en la Universidad, pocos días después de la agresión de múltiples atacantes a una mujer trans en la Bañeza.
Esta semana una mujer trans ha sido víctima de una paliza por parte de un grupo de personas. ¿A qué atribuye ese incremento de la violencia?
Es una campaña orquestada. Es decir, esto es una guerra cultural, lo tienen muy claro. Determinados factores aglutinan gente que luego termina adoptando posiciones sociales y políticas. Y, por ejemplo, la población migrante es una bandera que se utiliza para que mucha gente se aglutine en un voto de ultraderecha o en una actitud de rechazo hacia las minorías. Pasa lo mismo con las personas trans. Mucha gente no nos entiende. No entiende nuestras vidas y, en consecuencia, este es un banderín de enganche para gente que tiene sus recelos o que cree que la vida está cambiando y que no entiende los cambios que se producen.
En definitiva, hay una instrumentalización para volver a intentar imponer unos modelos de vida del pasado, un modelo de familia del pasado, un modelo de relaciones que ya ha sido superado por la sociedad en esa política de retorno al orden natural, entre comillas. Y, claro, nos han puesto en la primera línea de frente.
Esta agresividad ha aumentado a medida que el colectivo trans, en este caso, ha ido ganando derechos. Hay una relación directa en ese sentido.
Obviamente. En la medida en que estábamos en la esquina de la sociedad, escondidas en tugurios, paseando de noche por las rotondas, no molestábamos tanto a mucha gente. Le resultábamos funcional a la hipocresía social. Y en la medida en que hemos querido hacer vida normal u ocupar espacios en la esfera pública, se produce esta reacción. Porque somos la visibilización de lo que ellos detestan.
Ahí, ¿cuál es la responsabilidad política que se debería tener para frenar este tipo de situaciones?
Tendría que haber un compromiso, un auténtico pacto de Estado contra los discursos de odio. Y también tendría que haber un compromiso político de las fuerzas democráticas en que las cuestiones de derechos humanos no deberían politizarse en una lucha partidista. Pero, por desgracia, parece que esto es mucho pedir en la situación actual. Primero, porque tenemos algún partido que no entra dentro de esa categoría de defensa de las políticas democráticas. O sea, su modelo social no tiene nada que ver con una vida sobre principios democráticos. Y, en segundo lugar, porque hay también algún partido que entiende que, al final, esto es una tendencia que puede asumir parcialmente —o que va a tener que entenderse— con esa parte de derecha antidemocrática y izquierda ultra muy antidemocrática y, en consecuencia, puede pactar con ellos. Y esto nos coloca en una situación muy mala a las minorías.
Cada vez que una persona trans aparece en un escenario público sufre algún tipo de ataque a su imagen, a su honor o linchamientos digitales
Durante la campaña usted ha denunciado haber sido víctima de acoso digital...
Yo no lo he denunciado, pero evidentemente el acoso digital se ha producido. Y no es la primera vez que ocurre. Este tipo de campañas, por desgracia, ya se han convertido en algo habitual y periódico. Cada vez que una persona trans aparece en un escenario público, normalmente sufre algún tipo de ataque a su imagen, a su honor, políticas de menosprecio o linchamientos digitales. Y claro, esto no es una casualidad. Esto es una política verdaderamente estructurada en redes.
Si tú coges ahora, por ejemplo, la última noticia que estaba leyendo hace cinco minutos sobre que están en busca y captura dos mujeres que han agredido a una chica trans en unos baños en Madrid, miras los comentarios de la noticia y la mayoría son a favor de las agresoras. Pero muchos de esos perfiles son bots o son elementos que están constantemente promoviendo ideas de ese estilo. Las cosas no son por casualidad. Hay una política mediática de estigmatización de las minorías y hay grupos que están muy directamente señalados, como la población migrante, los menores no acompañados, el colectivo LGBTI y, muy significativamente, las personas trans.
¿Y cómo ha gestionado, o cómo gestiona este tipo de situaciones?
Una tiene que asumir que evidentemente esto le va a pasar, que por desgracia es el precio que pagas por atreverte a defender una serie de principios. Viviría más tranquila haciendo una vida discreta, pero no defendería las ideas en las que creo. Así que pues lo asumes y ya está. Pero es muy triste porque estás diciendo que por defender tu identidad, tus derechos o una posición política hay una serie de señores que quieren hacerte pagar un precio vital y una violencia. Porque hay muchas formas de violencia. La violencia simbólica, la violencia en el tratamiento de la persona verbal, la violencia en redes, también es una forma de violencia. Y por desgracia estamos viendo que luego esto se concreta en violencias físicas.
Tenemos un incremento espectacular del nivel de agresiones homofóbicas o LGBT fóbicas en Castilla y León. Es que nos hemos convertido, en proporción a la población, de repente, en la comunidad que más casos tiene. Y hemos tenido algunos casos que podrían haber terminado muy mal. Hace meses un chico de Palencia no murió por los pelos porque llegó a tiempo a la unidad de cuidados intensivos de Valladolid. Pero estuvo a punto. Hemos tenido esta semana una agresión muy grave en la Bañeza. Ahora estaban operando de la mandíbula a la chica que había sido agredida. Casi pierde un ojo. Es decir, las violencias simbólicas y las violencias en redes normalmente preceden a algo peor, que es la ruptura de la convivencia.
El Partido Popular siempre deja la Ley LGBT en el cajón. Desde que está Vox en escena, mucho más
Castilla y León es la única comunidad autónoma que no tiene ley LGBT, salvo Asturias que lo está tramitando y que parece que va a salir adelante. No sé si cree que una ley podría cambiar las cosas.
Las leyes no son una panacea. No lo resuelven todo, obviamente, porque luego hay que cumplirlas. Pero son un instrumento, una herramienta de la que la gente puede valerse para reivindicar sus derechos. Aclaran situaciones de potencial conflicto que ya tienen un itinerario y una solución dada y, en consecuencia, facilitan la vida de la gente. Claro que nos hace falta esa ley por varias cosas.
Primero, porque efectivamente esta comunidad está convirtiéndose en una comunidad muy dura para los colectivos LGBTI. Segundo, porque tiene que cumplir la normativa estatal y hay que desarrollarla, implementarla. Este es un mandato que deriva de leyes estatales que tienen que cumplirse en este territorio también. Pero llevamos tres legislaturas negociando una ley LGBTI. El Partido Popular siempre la deja en el cajón. Desde que está Vox en escena, mucho más. No tiene ninguna intención de tramitar esto. Y corremos el riesgo, incluso, porque ya lo ha anunciado Feijóo tres veces, de que se apunten a una oleada de propuestas restrictivas de derechos. O sea, de intentar vaciar de contenido o contradecir las leyes estatales de Igualdad, como se ha intentado en Madrid, donde tuvieron que dar marcha atrás, o en Valencia, donde se ha presentado un proyecto que va a ir directamente al Tribunal Constitucional.
¿Y por qué cree que en Castilla y León todavía no se ha aprobado? Porque llevamos ya tres legislaturas. No solo con Mañueco, sino que deriva de gobiernos anteriores.
Nosotros negociamos durante dos años y medio, con el gobierno de Juan Vicente Herrera (PP) y llegamos a un consenso con todos los actores profesionales, sociales y con la administración en el plano técnico, pero el sector más conservador del Partido Popular bloqueó aquel proyecto. Y desde entonces la situación no ha mejorado, ha empeorado. El gobierno de Mañueco ha sido mucho menos receptivo y desde que Vox está en escena, pues esta es una situación que no quieren ni tocar.
La izquierda confederal se ha quedado fuera del parlamento autonómico en de las elecciones del 15 de marzo. ¿Qué balance hace del resultado?
Ha sido objetivamente malo. No hemos logrado las expectativas que teníamos y no hemos mantenido el nivel de voto que tuvimos en 2022 o en 2023. Hay que asumir la realidad. Es decir, el electorado de Castilla y León es eminentemente conservador, esto ya lo sabíamos. Pero el efecto de vaciamiento a la comunidad lo está acentuando porque ha habido un incremento de la participación y, sin embargo, el volumen global de votos es menor. Esta comunidad ya ha perdido 150.000 jóvenes y sigue perdiendo gente joven bien formada que probablemente tendrían otro perfil sociológico. La gente mayor tiene un perfil mayormente conservador en el ámbito rural y en algunas zonas urbanas. Y la ultraderecha está subiendo. No es que sea una mayoría determinante, pero están ahí. Nosotros hemos estado muy invisibilizados en la campaña porque no tuvimos minutaje en televisión y tuvimos algún problema para poder hacer... comunicación de nuestras propuestas. El conjunto da el resultado que tenemos.
¿Por qué cree que Sumar no consigue asentarse en los territorios? Aquí en Castilla y León, por ejemplo, tiene muy poca base.
Estamos subiendo nuestra base discretamente, estamos aumentando nuestra militancia. El problema de Sumar fue que durante un tiempo éramos una marca paraguas y no nos constituíamos como partido. Cuando los partidos que integraban Sumar decidieron que tenía que ser una mesa de partidos se nos obligó a constituirnos como partido y se nos obligó a hacer una constitución territorial. Hemos estado en ese proceso durante un tiempo. Ahora ya tenemos una estructura que no será igual tan establecida como la que pueda tener Izquierda Unida, pero sí que hemos demostrado en esta campaña que tenemos voluntarios, que tenemos cosas que hemos integrado, que hemos aportado a la campaña, que han sido verdaderamente útiles. Hemos cumplido nuestros compromisos económicos y entendemos que tenemos muchas cosas que aportar.
Finalmente va a ser probablemente la ultraderecha la que marque las líneas de acción del gobierno
Probablemente volvamos a tener un gobierno de PP y Vox. ¿Qué cree que puede suponer una nueva legislatura con ambos partidos en el gobierno?
Ya tuvimos un adelanto de lo que puede ser un gobierno con la ultraderecha con el gobierno de 2022. Y vimos que era un gobierno muy poco operativo, en el que las consejerías de Vox hicieron realmente muy poco, pero bloquearon también a otras consejerías que no dirigía Vox. No dirigían directamente porque al final para el sostenimiento del pacto de gobierno era condición no agraviar o no molestar a la parte minoritaria del gobierno. Y ahora podemos temer una situación aún peor porque, probablemente, y ya lo ha anunciado así Abascal, cualquier disposición que se quiera aprobar necesitará el consentimiento previo o la aquiescencia de Vox. Y esto nos va a decir que finalmente va a ser probablemente la ultraderecha la que marque las líneas de acción del gobierno.
Estamos ante un cambio de ciclo en lo que es la economía y la vida social de Castilla y León
¿También en cuestiones LGBT?
Y no solamente, ese es el problema. Lla gente no se da cuenta de que esto afecta a todas las acciones del gobierno. ¿Qué política cultural ha habido en esta última legislatura? Arreglo de patrimonio histórico, fundamentalmente iglesias, subvención de toros y poco más. La cultura viva, la cultura más ciudadana, ha estado muerta. ¿Qué política industrial ha habido? Ninguna. Cuando ha habido grandes conflictos con las galleteras o con otras industrias tradicionales, a la Consejería de Industria no se la esperaba. Y no llegó. Tuvieron que desembarcar directamente los ministerios del Estado central para poder actuar. ¿Qué política va a haber en Sanidad? Pues probablemente, como estamos ante una comunidad que se está vaciando, y con una población envejecida... mantenimiento y tratamiento paliativo. Pero no prevemos un incremento de los servicios sanitarios.
En transporte... la comunicación con otras comunidades autónomas gozará de buena salud. Pero dentro de la comunidad probablemente seguirá abandonado. Las políticas de promoción del empleo rural. Se acaban en el 2028 las subvenciones europeas. Y la comunidad de Castilla y León nunca ha suplido o aumentado esas políticas europeas. ¿Va a instaurar ahora un plan propio? ¿O va a seguir con esa idea que es tan propia de la derecha y ultraderecha de que la mejor política industrial, la mejor política estructural, es la que no se hace? Que sea el mercado el que provea donde las cosas prosperan y donde no.
Estamos ante un cambio de ciclo en lo que es la economía y la vida social de Castilla y León. Que previsiblemente, vamos a dejar de ser una comunidad centrada en lo agrario para convertirnos en una comunidad de carácter industrial en la producción de energía para las comunidades que nos rodean. Seguiremos viendo como nuestros jóvenes probablemente emigren a las grandes urbes que nos rodean. Y que probablemente continuará el deterioro de los servicios públicos fuera de los cascos urbanos. Es decir, a corto plazo, muchos pequeños municipios creo que se les está condenando a desaparecer.
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