Barcelona pide (y espera) proyecto

Barcelona vive mortecina y silenciada tratando de sobrevivir a los efectos de la profunda crisis europea de modelo económico y social. Y al mismo tiempo, la ciudad es el escenario central del proceso de autodeterminación catalán, acogiendo y multiplicando la energía colectiva de la sociedad catalana que ha decidido no resignarse, al contrario, construir el nuevo país que ahora sabe posible.

Este es el reto, volver a ser ciudad libre, viva, creativa asumiendo un nuevo rol que, de hecho, viene de muy lejos: el de sede principal de una nación orgullosa y una cultura vieja que quieren ser actores implicados y corresponsables de la Europa que también pide nuevo impulso y construcción democrática.

Barcelona no se deja mandar. Las grandes ciudades pueden ser gestionadas, mejor o peor, o bien gobernadas con un rumbo definido y un proyecto entendido y compartido, pero en ningún caso "mandadas" contra la voluntad de sus ciudadanos conscientes. En los últimos años, Barcelona ha sido administrada, mantenida por la inercia acumulada de períodos anteriores, pero no ha sabido generar ningún impulso creativo ni, mucho menos, obtener la complicidad social que la grave crisis pedía con urgencia.

Nos sentimos, pues, cargados de razón para estar presentes con propuesta y proyecto propio cuando los y las barcelonesas están a punto de decidir sobre quién y cómo debe gobernar la ciudad en los próximos cuatro años, para responder a las expectativas que todo proceso electoral genera, pero aún más por estar a la altura de las exigencias que la ciudad tiene planteadas, sea o no consciente de ello como resultado del efecto "anestésico" que el gobierno convergente ha tratado de administrar y mantener.

En los últimos meses se ha querido hacer creer a la opinión pública que la única decisión a tomar era la de elegir entre la continuidad "segura" del alcalde Trias y el riesgo asociado a la alternativa de la izquierda "radical" representada por el equipo de Ada Colau y Barcelona en Comú. Es momento de romper explícitamente esta falsa dicotomía. Digámoslo alto y claro, Barcelona con el acuerdo de coalición entre ERC, MES y Barcelona Ciutat Oberta cuenta con una opción ganadora y equipada para abrir un nuevo periodo de máxima ambición y de plena complicidad ciudadana.

Contamos, ciertamente, con las personas, las ideas y las propuestas que avalan esta convicción positiva. Y quizás más importante, partimos de la actitud de implicación y conexión con la ciudadanía que definió el carácter propio que la ciudad supo construir en los últimos 20 años del siglo XX y que ahora parece haber olvidado o abandonado. En todo caso, sin embargo, no se trata de recuperar o reproducir procesos o etapas superadas sino, precisamente, de crear el nuevo molde económico, social y democrático que el momento reclama y la ciudad es del todo capaz de alcanzar. El debate electoral permitirá ilustrar y concretar estas reflexiones. Barcelona, estamos convencidos, cuenta con los activos y la capacidad efectiva para generar un nuevo proyecto de gran ciudad europea, con valor propio, contenido profundamente renovador y generador de transformación social y democrática. Un proyecto para añadir y enriquecer el debate sobre grandes espacios urbanos y metropolitanos que hoy vuelve a formar parte del gran debate sobre la construcción de Europa como marco común y compartido por más de 500 millones de ciudadanos.

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24 de abril de 2015 - 07:00 h

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