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CATALUNYA

El discurso del rey lima las diferencias entre el PDeCAT y ERC sobre la declaración de independencia

El PDeCAT todavía apadrinaba el martes una vía blanda que dejaba la ruptura para más tarde a la espera de una posible negociación con Rajoy

Las palabras del rey se entendieron en la Generalitat como una elección forzosa entre independencia o tribunales

Los independentistas buscan ahora la fórmula que les permita obtener el máximo consenso interno junto a una apelación directa a los actores internacionales

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El rey, junto a Carles Puigdemont, Íñigo Méndez de Vigo, Soraya Sáenz de Santamaría y otros representantes presentes en el aniversario.

El rey junto a responsables de los Gobiernos español y catalán durante el aniversario de Barcelona 92 EUROPA PRESS

El próximo lunes 9 de octubre, coincidiendo con el día nacional valenciano, el referéndum del 1 de octubre tendrá su primera consecuencia parlamentaria. Hasta aquí las certezas, porque qué pasará en la jornada todavía no está perfilado. De hecho, entre los partidos del Govern, PDeCAT y ERC, y también la CUP que le da apoyo desde fuera, aún no hay un acuerdo del contenido exacto.

Aunque los partidos independentistas aún lo negocian, este miércoles las diferencias eran mucho menores que las que mantenían el martes. La razón no es la gran movilización que se vivió en las plazas catalanas, ya esperada, sino el mucho más inesperado mensaje del rey Felipe VI. Las palabras del monarca cerraron en banda las aspiraciones de los sectores del PDeCAT que aún esperaban una negociación bilateral con el Gobierno español.

Muestra de ello son las duras palabras que Puigdemont ha dedicado a Felipe VI, a quien ha acusado de "ignorar deliberadamente" a las víctimas de la actuación policial del 1-O y a los catalanes que no piensan como el monarca o como el PP . "Así no", ha apostillado Puigdemont, que ha asegurado que el rey "ha aceptado asumir un rol inadecuado que solo busca allanar las decisiones de Rajoy".

El pasado martes la antigua Convergència celebró una reunión de coordinación con sus principales figuras en la que una declaración unilateral de independencia (DUI) formal fue descartada casi del todo. La postura más aplaudida entre los dirigentes de la derecha independentista admitía de la necesidad de dar una respuesta institucional a los votantes del 1-O, pero rechazaba hacerlo en forma de declaración formal de independencia y, desde luego, hacerlo de forma inmediata.

La idea que ganaba peso en los despachos de la casa exconvergente era algún tipo de declaración solemne del Parlament que dejara la ruptura para más adelante y que, de paso, diera margen a un último intento de diálogo con Moncloa, la llamada "DUI en diferido". Con todo, el sentir en el PDeCAT es firme en apoyar la última palabra que tome el president Puigdemont y sus consellers, más partidarios en líneas generales de no perder la ventana de oportunidad abierta el 1-O para la independencia.

La posibilidad de moverse lo menos posible a la espera de una negociación con Rajoy y mientras se engrasaba la mediación internacional, promovida por el PDeCAT, saltó por los aires el mismo martes cuando Felipe VI acabó de pronunciar las palabras dirigidas a los españoles. El rey dejó claro su apoyo a una respuesta dura del Estado contra la Generalitat, abriendo la puerta a la aplicación del 155 y negando como interlocutores a los actuales líderes catalanes.

Ante la interpretación de que los independentistas no podrán establecer más diálogo que el que les permita el tribunal que los juzgue, las posiciones de los republicanos y los exconvergentes sobre la declaración de independencia acabaron acercándose de golpe.

En el Govern este miércoles ya casi todo el mundo acepta que la apuesta debe ser tan alta como se pueda, porque no hay alternativa a continuar hacia adelante.

Esto no significa obligatoriamente que el próximo lunes se vaya a declarar la independencia. Pese a la decisión tomada este miércoles por el Parlamento Europeo de no ser mediador en el conflicto catalán, el interés de la Generalitat es incidir tanto como se pueda en la vía internacional. Para ello, consideran algunos, hace falta algún tipo de declaración de independencia que sirva como llamada inteligible a los Estados. Sin embargo, que este gesto se perciba demasiado duro tiene la contrapartida de que podría suponer la pérdida de las amplias capas sociales que, sin ser independentistas, en las últimas semanas se han puesto del lado de la Generalitat contra el Estado y su respuesta policial.

Por esto, el reto que contempla la Generalitat es doble. Por una parte, no decepcionar a los votantes del 1-O y cumplir la ley de transitoriedad. Por otro, hacerlo de una forma suficientemente clara para que el conflicto escale hacia la comunidad internacional. Y, finalmente, lograr todo lo anterior sin perder la conexión con los comuns en terreno catalán y Podemos en el Congreso. Esta cuadratura del círculo aún no tiene fórmula, pero el eco que vuelve a resonar es el que siempre lo ha hecho cuando se ha buscado el mínimo común más amplio en el Parlament: derecho a decidir y proceso constituyente.

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