Thora Birch, de sobrevivir al fenómeno 'American Beauty' a brillar en el debut como cineasta de Kristen Stewart
Con apenas seis años Thora Birch debutó en el cine. Con 10 ya era una de las actrices infantiles más exitosas. Ella fue quien dio vida a la hija de Harrison Ford en Juego de Patriotas y protagonizó El retorno de las brujas, un clásico infantil que hace poco revivió con una secuela tardía en la que ella no apareció. Sobrevivió a la maldición de la niña actriz, y ya como adolescente siguió encadenando proyectos como Amigas para siempre.
Sin embargo, si hay una película con la que todo el mundo identifica a Birch esa es, sin duda, American Beauty. Con 17 años protagonizó una de esas obras que quedan en el imaginario popular. La crítica al sueño americano y a la burguesía de EEUU dirigida por Sam Mendes es un título para el recuerdo, y Birch destacaba como la hija antisistema que odiaba a sus padres, a los que daban vida Kevin Spacey y Annette Bening.
Aunque los focos de una industria machista y pendiente de vender se los llevo Mena Suvari, su amiga en la ficción, fue Birch la que demostraba un talento y algo que no era habitual en Hollywood. Por eso llamó la atención de directores independientes como Terry Zwigoff en su adaptación de la novela gráfica de culto Ghost World en 2001. Desde entonces, Birch ha resistido los envites del sector, y ha ido alternando su trabajo en producciones más convencionales con películas que entroncan con ese cine autoral por el que mostró pronto su interés.
Es con esas obras con las que está vinculada La cronología del agua, el debut en la dirección de Kristen Stewart que acaba de llegar a las salas de cine y donde Thora Birch brilla como la hermana de la protagonista, Imogen Poots. Una historia sobre el trauma, los abusos y la forma de sobrevivir a ellos que la protagonista de Crepúsculo ha elegido como primera película, donde demuestra unas formas nada académicas. Fragmenta su narración y convierte la película en una serie de recuerdos, estilizados y visualmente arrebatadores.
De alguna forma, Birch y Stewart son dos intérpretes que parecían condenadas a entenderse y conocerse. Dos actrices infantiles que quisieron dejar atrás los clichés sobre ellas y los papeles más obvios y que han acabado trabajando como directora y actriz. Se conocieron en un evento “nueve meses antes de empezar a rodar”. Se habían visto alguna vez antes, pero no se acordaban. Unos meses después, Thora Birch recibió una llamada. Era Kristen Stewart. “¿Puedes ayudarme a hacer mi película?”, le lanzó. Y Birch no se lo pensó. Le dijo que sí. No se arrepiente. “No había visto algo tan diferente en mucho tiempo”, cuenta a elDiario.es.
Kristen Stewart y yo empezamos bastante jóvenes en la industria y, de alguna manera, logramos pasar de ser una actriz joven a algo más, y eso nos dio un lenguaje común
No tiene duda de que el hecho de haber sido las dos actrices infantiles es algo que las hace tener un lenguaje común: “Kristen y yo empezamos bastante jóvenes en la industria y, de alguna manera, logramos pasar de ser una actriz joven a algo más, y eso nos dio un lenguaje común para empezar. Cuando nos comunicábamos en el set, era de una forma no verbal. Simplemente, nos mirábamos, y si había algo que necesitaba un ajuste o un recordatorio, a menudo Kristen era la que mejor me ayudaba a mantenerme al tanto”.
Aunque siempre le preguntan, no tiene miedo a volver al pasado e intentar entender por qué American Beauty se convirtió en tal éxito. Para ella, eso apela a “un malestar suburbano”. “Retrata de una manera muy cotidiana, en el sentido de que el público podía acceder a lo mundano, lo que llamábamos entonces el malestar suburbano. En aquel entonces lo hizo de una forma muy poética, el guion era muy bueno y las actuaciones geniales. Me dio a oportunidad de trabajar con gente increíble. Y un par de años después hice Ghost World. Y eso sí que realmente consolidó mi transición de actor infantil a papeles de adulto. Y pensé que tras esa película las cosas simplemente fluirían, que habría más historias sobre las Enid del mundo. Historias que ofrecieran una mirada profunda a lo mundano, algo que pensé que era bastante importante, y todavía lo creo, solo que ahora nada parece mundano”, zanja.
Esos papeles adultos que han conducido a La cronología del agua, donde le sorprendió lo claro que Stewart lo tenía todo: “Supo desde el primer día lo que hacía y cómo quería hacerlo. Ha dedicado ocho años a esto. Yo no tengo esa capacidad de atención y eso fue algo que admiré mucho. No sé si la envidio, pero sí la admiro, igual que su capacidad para impregnar cada fotograma con su propio espíritu. Ha sido algo realmente inspirador, y no me di cuenta de lo inspirador que ha sido hasta que vi la película”.
Un guion que era “visceral y emotivo”, y también, “ligeramente incoherente”. Lo era por sus continuos saltos, su fragmentación y su riesgo, pero Thora Birch sabía que Kristen Stewart llevaba tanto tiempo con el proyecto que pensó que esta vez “el guion era quizás secundario”. Y eso hacía el proyecto “todavía más intrigante”. De hecho, confiesa que cuando acabó el rodaje y le preguntaban qué tal ella decía que “ni idea”: “Luego vi la película y me quedé completamente impresionada, porque hizo algo único. Trajo el punk rock de vuelta a la experiencia cinematográfica. Abordó algunos de los temas más difíciles, temas que son casi tabú como los abusos, de una manera que no es exagerada, sino natural”.
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